Archivo de la categoría: La romanización de Asturias

Romanización de los astures

Al finalizar las guerras astur – cántabras y tras unas pocas revueltas como últimos coletazos de la guerra los romanos comienzan a planificar la romanización del territorio. Primero se establece un ejército de ocupación y después se van realizando diferentes reorganizaciones político – administrativas. Aparece los conventos jurídicos divididos a su vez en municipios. En el caso de Asturias el Conventus Asturum. Se establecen cargos públicos al modo romano, se crean las civitas y posteriormente las villae. Aparecen nuevas clases sociales y la forma de vida astur se va entremezclando con la forma de vida romana, sobre todo el los centros urbanos. Se contruyen grandes recintos termales, una importante red de caminos y se incrementa el comercio. La religión se entremezcla dando lugar a la adoración de nuevos dioses para desaparecer después en favor del cristianismo. Roma estuvo en Asturias hasta su caída en el s.V d.C.

Las legiones romanas en Asturias tras las guerras astur – cántabras.

La romanización y la nueva administración territorial.

Las nuevas clases sociales durante la romanización de los astures.

Civitas romanas en Asturias.

La minería durante la romanización de Asturias.

Vías de comunicación durante la época romana

 La religión astur romana

Religión romana en tierra astur

La religión astur romana y los nuevos dioses

El Imperio Romano era en un estado politeísta. Su religión se basaba en un panteón de dioses, semidioses y personajes mitológicos a los que se veneraba para obtener sus favores y para dirigir el destino. Casi había un dios para cada suceso o elemento natural. Ellos creían que el futuro estaba escrito y que solo la voluntad de un dios podría cambiarlo.

El culto religioso era parte importante de la administración romana y muchas de las decisiones de estado estaban vinculadas a la religión y a la consulta de oráculos o señales divinas. La religión en época romana tenía principalmente dos objetivos, por un lado intentar que la naturaleza les fuera favorable a través de rituales, ceremonias y ofrendas dedicadas a los dioses que representaban los diferentes elementos, y por otro lado, encontrar una legitimidad divina en las actividades y funciones de la autoridad romana bajo la excusa de que era la voluntad de los dioses.

Además de los dioses romanos, era común adoptar dioses de los pueblos conquistados porque creían que les habían sido favorables. De esta forma el panteón romano se ampliaba y variaba en función de la zona en la que se desarrollara el sistema religioso. Con esta medida favorecían la integración de la cultura romana en los nuevos territorios conquistados y se fortalecía la cohesión con el pueblo con el que habían estado enfrentados.

Lugares de culto en la Asturias romana.

La adoración a unos dioses u otros iba a depender de la ciudad, convento o municipio. Cada lugar tenía sus propias preferencias en cuestión de religión. Los dioses elegidos solían ser adorados tanto en templos públicos como en estancias privadas. Cada domus (casa familiar) poseía un recinto dedicado al dios o a los dioses protectores de la familia, era un lugar privado donde se rezaba y se realizaban las ceremonias, ofrendas o sacrificios correspondientes.

En Asturias, de momento, no se han localizado templos romanos. Sin embargo si aparecen recintos termales donde es posible que se realizaran rituales relacionados con el agua, es el caso de Coaña, las termas de Gijón, la dedicatoria encontrada en Tremañes, o el ara encontrada en San Chuis.

La ausencia de edificios religiosos alimenta la idea de que se seguían usando determinados, bosques o cuevas como lugares ceremoniales. Algunos de estos lugares podrían haber sido el monte Deva, el monte Areo, o el monte Aramo, todos ellos con nombre de dioses Astures.

Los sacerdotes romanos.

La clase sacerdotal en el antiguo Imperio Romano era la encargada de controlar todo lo relacionado con la religión del Imperio y con el culto a los dioses. Dentro de la clase sacerdotal había tanto hombres (sacerdotes) como mujeres (sacerdotisas) y de dividían en 5 grandes collegium:

Los Pontífices

Eran los miembros del consejo supremo de la religión romana, presidían los cultos públicos y controlaban los privados (bodas, rituales, sacrificios, festividades etc).

Los Augures

Eran oficialmente sacerdotes encargados de la adivinación. Comenzó siendo un cargo al que solo podían acceder los patricios pero a partir del s.III a.C quedó abierto a los plebeyos. Había dos tipos de augures, los que predecían el futuro a partir de la interpretación de señales divinas enviadas por los dioses, y los que predecían el futuro tras realizar un determinado ritual. Los augures solo podían ser consultados por los magistrados.

Los Quindecimviri sacris faciundis

Eran quince sacerdotes encargados de custodiar los libros sibilinos y de consultarlos e interpretarlos cuando el senado se lo solicitara. Estos libros eran escrituras proféticas y mitológicas.

Los Septemviri

Se encargaban de corregir los errores en los sacrificios y de organizar los banquetes que se realizaban para aplacar la ira de los dioses. Era un cargo abierto a la plebe. Este colegio sacerdotal poseía solo 7 plazas.

Sodalium augustalium 

Fue un collegium creado a partir de Augusto Cesar después de que se declarara su carácter divino como hijo de Júpiter, estaba compuesto por sacerdotes encargados del culto al emperador. El flamen era el sacerdote encargado de dirigir y presidir las reuniones, festejos, asambleas y actos de culto hacia el emperador. La flaminica, que podía ser o no la mujer del flamen, era la sacerdotisa encargada del culto a la mujer del emperador.

Para ser flamen había que pertenecer a la clase noble de roma y ser elegido en la asamblea de nobles. El echo de conseguir el cargo de flamen abría las puertas para poder entrar a formar parte del ordo ecuestre.

No se conocen nombres de flamines entre los astures trasmontanos pero si entre los astures augustanos, algunos ejemplos son:

El primer sacerdote del conventus nombrado flamen de Asturica Augusta fue Lucio Pompeyo Faventino. Desempeñó los cargos militares en el orden ecuestre (praefectus cohortis VI Asturum, tribunus militum legionis VI Victricis y praefectus equitum alae Sulpiciae), y sacerdotales (flamen provinciae Hispaniae Citerioris y sacerdos urbis Romae et Augusti). Además, este personaje fue premiado por Vespasiano con las condecoraciones militares de corona aurea (corona de oro que se concedía cuando se había matado a un enemigo en combate singular conservando el territorio), hasta pura (lanza en miniatura) y vexillum (estandarte) concedidos tras mostrar su valor.

«A Lucio Pompeyo Faventino, hijo de Lucio, de la tribu Quirina, prefecto de la co-
horte VI de los astures, tribuno militar de la legión VI Victrix, prefecto de caballería del
ala II Flavia de los hispanos, condecorado con una corona de oro, una lanza pura y una
insignia por parte del divino emperador Vespasiano, flamen de la provincia Hispania
Citerior, sacerdote de la ciudad de Roma y de Augusto, su mujer Valeria Arábiga, hija
de Cayo, lo erigió como recuerdo».

Lucio Junio Marón Emilio Paterno, originario de Lancia.

«A Lucio Junio Marón Emilio Paterno, hijo de Blaeso, de la tribu Quirina, (ciuda-
dano) lanciense, que ha desempeñado todos los cargos en su municipio, duovir por dos
veces, sacerdote de Roma y Augusto del conventus de los astures, elegido legitimanente
para las cinco decurias de los jueces en Roma, flamen augustal de la provincia Hispania
Citerior, la provincia Hispania Citerior (lo dedica)».

Lucio Fabio Silón proveniente de Brigaecium.

«La provincia Hispania Citerior (lo dedica) a Lucio Fabio Silón, hijo de Lucio, de
la tribu Quirina, (ciudadano) brigiecino (sic), duovir, sacerdote de Roma y Augusto del
conventus de los astures, elegido para las cinco decurias de los jueces en Roma, flamen
de la provincia Hispania Citerior».

Gayo Valerio Arabino, originario de Bergidum Flavium.

«A Cayo Valerio Arabino, hijo de Flavino, (ciudadano) bergidoflaviense, que ha
desempeñado todos los cargos en su ciudad (municipio), sacerdote de Roma y Augus-
to de la provincia Hispania Citerior, a causa de su fielmente desempeñada tarea como
encargado del censo todos los flaminales consideraron justo erigirle una estatua entre
ellos».

A nivel municipal disponían de cofradías encargadas de difundir el culto imperial, eran los augustales y seviri augustales, integradas por libertos adinerados.

Además de estos 5 grandes grupos sacerdotales existían otras agrupaciones de menor rango.

Los 12 fratres ambarvales, encargados de los sacrificios para que las cosechas fueran productivas. Estos sacerdotes llevaban una corona de espigas y una cinta blanca de lana alrededor de la cabeza.

Los curiones, eran 30 sacerdotes encargados de las ceremonias religiosas de las 30 curias.

Los Feciales eran magistrados sagrados que se enviaban para declarar la guerra o la paz. Cuando se llevaban a cabo las negociaciones este magistrado era el encargado de jurar en nombre del pueblo romano y era llamado pater patratus. Solían adornar sus templos con verbena y llevarla consigo a modo de ramo cuando iban a declarar la paz.

Los Sodales se encargaban de los ritos de los Sabinos, uno de los pueblos más antiguos de la Península Itálica.

El Supremo Sacerdote, encargado de nombrar a los reyes.

Los flamines y flaminicas, eran sacerdotes y sacerdotisas dedicados a un culto particular, es decir, a un templo o dios concreto. Dentro de este grupo estaban, por ejemplo, los sacerdotes dedicados al culto al emperador.

El pater familias era el cabeza de familia de cada casa particular y como tal ejercía funciones de sacerdote cuando realizaba rituales o cultos en el ámbito privado del domus (casa familiar).

Dioses romanos en Asturias

En el caso concreto de tierra Astur, la principal forma de difundir la religión romana fue a través del asentamiento de legiones y tropas auxiliares por todo el territorio y, con la posibilidad de obtener el derecho a la ciudadanía. Ser ciudadano romano implicaba el derecho a mantener las propias creencias y tradiciones.

La religión romana terminaría siendo una mezcla de elementos religiosos Itálicos, de los adquiridos por la herencia helénica (Griegos) y de otros importados de los territorios conquistados, principalmente del Mare Nostrum (Mediterráneo) y de tierras orientales. Por todo ello durante la romanización de Asturias, además de los dioses astures que se mantuvieron hay que añadir a los dioses propiamente romanos y a otros procedentes de oriente (Persia y Egipto principalmente).

El culto a Júpiter.

Júpiter, Juno y Minerva formaban la triada capitolina. Eran los dioses más importantes dentro del panteón romano. Júpiter era el dios del rayo y era a la vez esposo y hermano de Juno, diosa de la tierra y la fertilidad. Minerva diosa de la sabiduría era hija de Júpiter y patrona de Roma, capital del Imperio Romano.

El flamen de Júpiter siempre era un patricio con asiento en el senado. Era un cargo importante, los aspirantes eran propuestos por el gran pontífice pero su elección recaía en el pueblo de Roma. Solían vestir de purpura y togados,

Estas tres deidades, ya fuera en conjunto o por separado, solían disponer de un templo público donde recibían la adoración de las clases sociales más altas. Sin embargo, hasta la fecha no se ha podido localizar en Asturias ningún edificio que se corresponda con este tipo de templos. A pesar de ello se han podido recuperar algunos epígrafes que muestran un cierto culto hacia Júpiter.

Se tiende a presuponer que el culto a Júpiter se desarrollaría principalmente en el ámbito rural. Como principal dios del panteón romano era adorado como protector de la familia, de las cosechas, de los pactos de hospitalidad, del ejército y de las actividades económicas, principalmente aquellas vinculadas con la minería del oro.

Asturica Augusta, como capital del Conventus Asturum, cuenta un unos cuantos ejemplos de dedicatorias a estos dioses, realizadas principalmente por altos funcionarios pertenecientes al poder administrativo o al ejército. Algunos de ellos fueron:

P. Aelius Hilarianus, como Procurator Augusti entre los años 184-192 d.C. quien dedicó una ofrenda a Júpiter, Juno y Minerva.

Quintus Mamilius Capitolinus, senador que ocupó varios cargos dentro de la administración imperial y que fue Legatus iuridicus per Asturiam et Callaeciam y Dux legionis VII Geminae Piae Felicis, Quintus hizo la ofrenda a Júpiter Optimo Máximo, al Sol inuictus, a Liber Pater y al Genius Praetorii durante la segunda mitad del s.III d.C.

Otro ejemplo es la dedicatoria y altares realizados por el procurador C. Iulius Siluanus Melanio para Jupiter, Juno, Minerva y todos los dioses.

También se conoce la dedicatoria a Júpiter de Fabius Aconius Catullinus, que consta como uir consularis y Praeses prouinciae Callaeciae,durante el s.IV d.C.

En la Asturias trasmontana también se han podido recuperar algunas inscripciones relacionadas con el culto a Júpiter:

Es el caso de la dedicatoria a Júpiter encontrada en Castiello (Gijón). Esta dedicatoria pudo haberse situado en un posible templo dedicado a Júpiter durante el s.III en esta zona.

OVI OPTIMO MAXIMO
Iovi Optimo/ Maximo
(Consagrado) a Júpiter Óptimo Máximo.

En la localidad de Serrapio (concejo de Aller), se halló una inscripción incrustada en la pared de una de las dependencias de la sacristía. Esta dedicatoria a Júpiter está relacionada con la historia de la Vía Carisa y de las legiones de ocupación que se mantuvieron en esta zona tras las guerras astur  cántabras. Esta inscripción está fechada a finales del s. I d.C o principios del s.II d.C y combinan la dedicatoria romana al dios supremo del panteón con elementos decorativos propios de la cultura astur como los discos solares.

Otro ejemplo lo encontramos en la estela que Lucio Corona Severo dedica a Júpiter. Lucio Corona fue un astur trasmontano que sirvió en la legión VII Gémina, en la centuria de Vettio y que se estableció en el territorio de Vegas del Caudal (Lena) junto a su mujer Octavia Prócula tras completar su honesta missio.

Existen documentadas otras dos inscripciones, ambas fechadas en el s.III d.C, que actualmente están desaparecidas, una de ellas fue supuestamente encontrada en Rellón de Meras (cerca de Luarca, capital del concejo de Valdés), se trataba de una dedicatoria a Júpiter sin que apareciera el nombre del dedicante.

IOVI OP
MO MAXI
MO SACR
M
Consagrado a Júpiter Óptimo Máximo.

La segunda inscripción documentada pero desaparecida fue supuestamente encontrada en Boal, estaba dedicada a Júpiter por Publio Antonio en reconocimiento como exvoto.

IOVI
EX VOT
P ANT
A Júpiter de acuerdo con su promesa, Publio Antonio.

El Culto a la Diosa Fortuna

Otra Diosa romana muy adorada en Asturias fue Fortuna, diosa de la felicidad, la prosperidad y el destino bueno o malo. En honor a Fortuna Balnearis se encontró una dedicatoria en la Iglesia de San Juan de Tremañes (La Mortera, Tremañes, Gijón) realizada por Tito Pompeyo Peregriniano. Este personaje fue un colono romano que tras servir en la legión VII Gémina recibió como recompensa tierras en esta zona de Asturias. La lápida donde aparece la inscripción también disponía de varios orificios destinados a depositar las ofrendas. Esta inscripción es posible que formara parte de unos baños o recinto termal a finales del s.I d.C, algo lógico teniendo en cuenta que los rituales más comunes en honor a esta diosa consistían en baños purificadores. En el calendario romano esta diosa tenía su festividad el día 1 de Abril.

El culto a la diosa Tutela

Esta diosa aparece en un epígrafe encontrado en Arganza. Tutela era una diosa romana protectora del la ciudad, de las personas y de los navegantes, en este ultimo caso solía tener un lugar representativo en los navíos. Es una diosa latina que parece que tuvo cierta relevancia en el proceso de urbanización y romanización del territorio astur de los Pésicos.

Los Lares

Los Lares eran divinidades romanas protectoras y con cierto carácter rural. En el caso concreto de Asturias aparecen dedicatorias a los Lares Viales, protectores de los caminos y a los Lares Manes, protectoras del campo y la familias. Este tipo de inscripciones eran generalizadas en la cultura romana. Los Lares, junto con el culto a Júpiter fueron las divinidades romanas más aceptadas en el norte peninsular.

Los Lares Viales

Fueron divinidades protectoras que desempeñaron un papel importante en un tiempo en el que viajar por los caminos era peligroso, por ello era común que se levantaran pequeñas aras con inscripciones que servían de elementos protectores y de orientación a los viajeros. Las dedicatorias a los Lares Viales son el antecedente de las posteriores encrucijadas.

Algunos ejemplos de este tipo de estelas votivas encontradas en Asturias son:

La inscripción localizada en Santianes de Tuña (Tineo) dedicada por Quincto Publio que actualmente está desaparecida, pero que se supone que se localizaba en un puente romano que cruzaba el río Narcea a la altura de dicha localidad.

Sempronius Cassius también hizo otra dedicatoria a los Lares Viales en Tineo, este ara poseía tres oyos (foculi) destinadas a recoger las ofrendas a los dioses de los caminos para conseguir su protección.

Otra Ara localizada en Allande, en la localidad de Comba, fue dedicada por Próculo.

El Lugo de LLanera (Lucus Asturum) se encontró otra de estas Aras a los Lares Viales. Esta localidad representaba el nexo de unión entre los caminos que comunicaban Asturica Augusta (Astorga) con Gigia (Gijón) y con Lucus Augisti (Lugo).

Ara a los Larea Viales - Dioses romanos - religión

Ara a los Lares Viales

Los Lares Manes

Aparecen como divinidades domésticas y rurales protectoras del campo y la familia. Algunas de las inscripciones conservadas pueden verse en el Museo Arqueológico de Asturias.

En San Juan de Beleño (Ponga) se localiza una Ara a los dioses Manes, datada entre los s.I – III d.C, con la siguiente inscripción: Monumento a los dioses Manes. Elio se lo dedico a su hermano Septimio Silo, vadiniense, muerto a los 35 años. Que la tierra te sea leve. En el cuerpo del caballo A Lucio Septimio Silo que te vaya bien.

Dioses astur romanos - Aras votivas - Religión

Ara votiva dedicada a Septimio Silo

En Gamoneu (Cangas de Onis) aparece otra estela similar fechada entre los s. III – V d.C con la siguiente inscripción: Monumento a los dioses Manes. Lo puso Dovidero, a su querida hija Flavia, de 20 años, en el año 482 de la era consular. En el cuerpo del Caballo, Ojalá venzas Flavia.

Dioses astur romanos, Lares Manes - Religión

Estela a los Lares Manes para Flavia

El Culto al Emperador

El culto Imperial tiene sus orígenes con Augusto Cesar. Este emperador se declaró hijo de Júpiter, por lo tanto él y su familia comenzaron a considerarse personajes divinos. Esta creencia se mantuvo con los sucesivos emperadores romanos y fue bastante aceptada entre la población porque veían a su máximo dirigente como hijo de un Dios. En honor al culto imperial Augusteo se levantaron en el noroeste peninsular las Aras Sextianas dedicadas a Augusto Cesar.

Las Aras sextianas eran grandes altares dedicados al emperador. Los historiadores antiguos nombran algunas de ellas en Asturias pero no han podido encontrarse. Estos escritores romanos eran Mela, Plinio el Viejo o Ptolomeo.

Pomponio Mela, Chorographia 3.1.13. En la zona costera de los astures se encuentra la fortaleza (oppidum) de Noega, y tres aras que se denominan Sestianas se asientan en una península estan consagradas al nombre de Augusto y dan fama a tierras con anterioridad desconocidas.

Plinio El Viejo, Historia natural 4.20.111. Más adelante se hallan la región de los astures, el poblado fortificado de Noega en una península, los pésicos, y a continuación el conventus lucense a partir del río Navia, con los albiones, cibarcos, egos, varros, llamados mamarinos, adovos, arrones y arrotrebas.
Después del promontorio Céltico las corrientes del Florio y del Nelo; seguidamente
los célticos, llamados neros, y los supertamarcos, en cuya península se han dedicado
a Augusto las tres aras Sestianas; después de ellos los coporos, el oppidum Noega, los
célticos denominados praestamarcos y los cilenos.

Ptolomeo, Tablas geográfico-históricas 2.6.3. Y el costado septentrional sobre el que se halla el Océano llamado Cantábrico se describe así: más allá del promontorio Nerio se encuentra otro promontorio, en el que se asientan las Aras de Sestio.

La única inscripción localizada en honor al culto imperial en Asturias trasmontana es la que se encuentra expuesta en el Museo Arqueológico de la Campa Torres de Gijón. Se encontraba en Aboño, al pie del castro, sobre una plataforma de la que se desprendió, fue realizada entre los años 9 – 10 d.C. Como comentamos en otros post posee una parte borrada que se correspondía al nombre del dedicante, castigado por el emperador Tiberio en el año 20 d.C.

Religión - Dioses romano, culto al emperador

Inscripción a Augusto Cesar. Castro de Noega

Al emperador César Augusto, hijo del divino César, 13 veces cónsul, emperador con veinte salutaciones imperiales, pontífice máximo, padre de la patria, treinta y dos veces investido con la potestad tribunicia, Calpurnio Pison, hijo de Cn, legado propetor, consagro este monumento.

Dioses extranjeros

Con respecto a la adoración de dioses extranjeros se aprecian varias etapas. Durante el mandato de Augusto los dioses orientales (Persas y Egipcios principalmente) se ven reforzados. Sin embargo, durante el mandato de Tiberio entran en declive. Tiberio no era muy amigo de los dioses extranjeros y decidió que se destruyera el templo de Isis en Roma y se tirara su escultura al río Tiber. Con su sucesor Calígula el culto a Isis se restaura. Pese a las idas y venidas de estos dioses y emperadores hubo algunas creencias que si tuvieron cierta relevancia entre los astures.

Culto a Mitra

Mitra, dios solar, del destino y de la luz, era venerado entre los legionarios que habían combatido contra el Imperio Persa. Su culto llegó a Asturias a través de las legiones romanas de ocupación tras las guerras astur cántabras. En honor a este dios se localizó una inscripción en La Isla (Colunga) fechada en el s.III. Las dedicatorias más usadas para adorar a Mitra solían ser Deo Soli Invicto, Soli Mithrae, Mithrae Invicto o Soli invicto Mithrae, todas ellas hacen referencia a un dios solar nunca derrotado.

Culto a dioses Egipcios

Otros dioses orientales fueron Isis, Serapis y Osiris, dioses egipcios a los que se hace referencia en algunas inscripciones localizadas en Astorga. La llegada de estos dioses está relacionada directamente con el mundo de los esclavos. El comercio de personas procedentes de Egipto trajo también algunas de sus creencias.

Sincretismo de los Dioses astures con la religión romana

Los dioses Astures que se mantienen con cierta oficialidad son:

Belenos dios del fuego, el cual lo comparaban con Apolo dios de la luz y el sol.

Lug dios supremo que los romanos lo equiparaban con Mercurio (mensajero de los dioses). En Grases (concejo de Villaviosa), durante las reformas de la Iglesia de 1925, también se descubrió una lápida dedicada a Lug, dios astur supremo que podría mantener cierto sincretismo con Júpiter. Datada entre el s.I – II d.C.

Algunos historiadores romanos aluden a un dios sin nombre similar al dios Marte. Sobre él cuentan que se le dedicaban sacrificios y rituales.

Las ninfas, como Navia, mantuvieron cierto sincretismo con las creencias romanas y fueron personajes que se mantuvieron en el tiempo. Algunas llegaron hasta nuestro días bajo la figura de las Xanas (ninfa de la mitología astur).

En resumen puede decirse que hay una gran ausencia de restos arqueológicos relacionados con la religión romana destacando la falta de templos. Sin embargo, puede ser que simplemente aún no se hayan encontrado. Por otro lado dicha carencia refuerza la idea que la población indígena siguió manteniendo su cultura y sus creencias religiosas, al menos hasta la llegada del cristianismo en el s.III d.C, aspecto del que hablaremos en otro post. Las únicas pruebas encontradas en tierra astur trasmontana son pequeñas inscripciones con dedicantes pertenecientes a la nobleza romana que denotan un culto más particular que colectivo.

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Las vías de comunicación con Roma

Vías de comunicación terrestres, fluviales y marítimas usadas por el Imperio Romano en tierra astur.

Uno de los aspectos más significativos que trajo consigo la romanización del territorio fue la creación de una importante red de caminos terrestres y vías de comunicación marítimas. La creación de la red viaria romana en Asturias comenzó con las guerras astur cántabras en el año 29 a.C con un fin militar. La movilización de tropas y de vehículos rodados era un aspecto de suma importancia pero los caminos astures, rústicos y estrechos, no permitían el paso de un ejército del volumen de las legiones romanas. Para facilitar el tránsito de tropas, los romanos realizaron grandes modificaciones en los viejos caminos pero también crearon nuevas carreteras. Cuando la guerra termina, la red viaria sigue siendo muy importante para el control administrativo y comercial del territorio por lo que las modificaciones y construcciones viarias siguieron adelante para satisfacer las necesidades del Imperio. En el caso concreto de Asturias las vías de comunicación usadas eran terrestres, fluviales y marítimas.

Las vias de comunicación terrestres y fluviales usadas por Roma comienzan a crearse en el 14 a.C tras la conquista y fundación de Asturica Augusta (Astorga). Esta urbe fue catalogada como capital de los Astures y de ella partían los caminos terrestres que debían atravesar los puertos de montaña para llegar hasta la costa de la Asturias trasmontana. La construcción de los caminos terrestres estaba al cargo de los ingenieros romanos y de los propios legionarios, para realizar estas obras de ingeniería poseían cartografías de gran precisión y otros instrumentos como la groma que servía para comprobar las alineaciones y direcciones de los trazados, el corobate que era un instrumento similar a un nivel, el gnomon o la dioptra para medir ángulos.

Entre las vías de comunicación la red de carreteras buscaba siempre facilitar el tráfico peatonal y rodado y solían realizarse con trazados suaves, rectos y con la menor pendiente posible. El ancho ideal de estos caminos oscilaba entre los 4 – 6 metros para que los carros pudieran cruzarse sin tener que detenerse, cuando por las condiciones del terreno esto no era posible los caminos contaban con apartaderos en los extremos para que uno de los carros pudiera parar en la orilla y facilitar el paso al otro vehículo. Cuando había que cruzar un río edificaban puentes de piedra o de madera, en el caso de los puentes de piedra algunos de ellos aún se conservan. Para drenar los caminos y evitar la acumulación de agua realizaban cunetas, excepto cuando la carretera cruzaba un gran valle, en este caso se elevaba toda la plataforma del camino para evitar encharcamientos. La gran mayoría de estas carreteras estaban pavimentadas, cuando el trazado era urbano el camino se pavimentaba con adoquines, en el caso de los trazados interurbanos se realizaba con piedras que posteriormente se cubrían con un granulado que facilitaba el tránsito de los animales de carga y tiro.

Alrededor de estas redes de caminos aparecieron las mansiones, lugares destinados a descansar y reponer víveres y otros enseres necesarios para un viaje. Con el paso del tiempo estas mansiones desarrollaron nuevos núcleos de población alrededor de ellas.

Entre las vías de comunicación terrestres más conocidas destaca la Vía Carisa y la vía de la Mesa.

La Carisa fue nombrada así en honor a Publio Cariso, general romano que consigue entrar en tierras astur trasmontanas por este camino y establecer un campamento en alta montaña que servía para controlar el paso por el territorio de la tribu astur de los Lugones.

Vías de comunicación terrestres - La Carisa

Vía La Carisa. Haz click en la imágen para ir a google maps

La vía de la Mesa con sus ramificaciones, quizás una de las más antiguas y la mas importante, comunicaba la meseta con el sector de los Pésicos y con el de los lugones. Grao y Cornellana se establecen como centros importantes en la red de comunicaciones ya que es aquí donde la ruta se juntaba con la vía que unía Lucus Asturum (Lugo de Llanera) con Lucus Augusti (Lugo).

La Mesa - Vías de comunicación terrestres

Vía de La Mesa. Haz click en la imagen para ir a google maps

Otras menos conocidas o investigadas son las vías que accedían por el Puerto de Tarna, el Puerto San Isidro, el Puerto de Vergara, Puerto de Leitariegos o el Puerto del Trayecto.

Vías de comunicación terrestres - San Isidro y Tarna

Vías por los puertos San Isidro y Tarna. Haz click para ir a google maps.

Vías de comunicación terrestres - Vegarada

Vía por el puerto de Vergara. Haz click para ir a google maps

Vías de comunicación terrestres - Leitariegos y El Trayecto

Vía por los puertos de Leitariegos y el Trayecto. Haz click para ir a google maps

Existen otros caminos mucho menos estudiados como la Ruta del Sella, conocida como la Senda del Arcediano, una ruta que no permitía el paso de vehículos rodados, era un acceso de alta montaña bastante escarpado y con fuertes desniveles, partía de Asturica Augusta y atravesaba Picos de Europa hasta Cangas de Onís, a partir de este punto el camino conectaba con la red de carreteras que comunicaban el oriente de Asturias con Nava, Pola de Siero, Oviedo y Gijón.

Vías de comunicación terrestres - Ruta del Sella

Ruta del Sella. Haz click para ir a google maps

A partir del s.I se produce la toma definitiva de las posiciones romanas y se completa el trazado que unía el norte de la Península Ibérica con el Sur, es la conocida Vía de la Plata, un importante camino que atravesaba toda Hispania desde Gigia (Gijón) hasta Itálica (Sevilla) y que, con sus modificaciones, ha llegado hasta nuestros días como una de las carreteras más importantes de todo el territorio Peninsular.

Vías de comunicación romanas - Vía de la Plata

Vía de la Plata. Haz click para ir a google maps

Toda esta red de caminos terrestres se complementaba con las vías fluviales, los ríos más caudalosos servían para aligerar el transporte de mercancías, en el caso de Asturias las cuencas del Eo, Navia, Narcea y Nalón jugaron un papel importante en relación con el traslado de minerales hasta la costa. Entre la exportación de productos astures Plinio destacó la gran calidad que tenía el Lino Zoélico, al parecer muy demandado para confección de redes. Por otro lado los restos arqueológicos han demostrado que uno de los productos más importados era la cerámica terra sigillata, que provenía de los pueblos del mediterráneo.

Por último están las vías de comunicación marítimas que comunicaban Asturias con otros lugares del Mediterráneo y del Atlántico. La costa Cantábrica se convertiría en época romana en  el punto de unión entre los pueblos del atlántico norte con los del Mediterráneo, sirviendo de lugar donde estacionar, repostar, comerciar etc. Los investigadores parece que no se ponen de acuerdo en cuanto a la importancia que tendría la ruta marítima atlántica, sin embargo los restos arqueológicos encontrados han permitido establecer una posible vía que partía de Roma, rodeaba toda la Península Ibérica, pasaba por el canal de la Mancha y llegaba hasta la desembocadura del río Rin en el norte de Europa. Esta ruta se complementó cuando se abrieron las rutas fluviales del río Sena y del Rin, con ello se creó una red de comunicación que podía abastecer a todo el territorio europeo conquistado por Roma.

Vías de comunicación marítimas

Ruta marítima romana. Haz click para ir a google maps.

Entre los restos encontrados en el norte Peninsular los que más destacan son la Torre de Hércules en A Coruña, edificado en el s.II. Esta torre servía de Faro para el puerto marítimo además de torre de vigilancia.

En el caso concreto de Asturias tenemos el Faro de Oppidum Noega y una inscripción dedicada a Augusto que dice:

IMP.CAESARI.AVGVSTO.DIVI.F
COS.XIII.IMP.XX.PONT.MAX
PATR.PATRIAE.TRIB.POT.XXXIII
………………………………………
………………SACRVM

“Al emperador Cesar Augusto, hijo del Divino (Cesar) tres veces cónsul, emperador con veinte salutaciones imperiales, pontífice máximo, padre de la patria, treinta veces investido con la potestad tribunicia (Cn. Calpurnio Pisón, hijo de Cneo, legado propretor) consagró este monumento”.

Vías de comunicación marítimas - Inscripción

Reproducción Museo Arqueológico de la Campa Torres

En dicha inscripción el nombre del dedicante fue borrado de forma intencionada, esto se debió a un castigo impuesto por el emperador Tiberio, que lo condenó a la damnatio memoriae en el 20 d.C. Algunos investigadores intentan relacionar dicha inscripción con las Aras sestianas que se levantaron en honor a Augusto al finalizar las guerras astur cántabras pero los historiadores romanos antiguos, a excepción de Mela, las sitúan en las costas gallegas. La supuesta Ara sestiana de Oppidum Noega apenas se han tenido en consideración y parece ser que la construcción que allí se levantó encaja mejor con la edificación de un Faro.

La importancia de la costa cantábrica en las rutas de navegación se pone de manifiesto cuando en el s.II se crea la Classis Cantábrica, una flota marítima cuyo objetivo principal era la defensa de los puertos costeros frente a los piratas sajones y el transporte de mercancías hacia los campamentos militares ubicados en Britania. Entre los puertos más reconocidos de la costa cantábrica se sitúan los siguientes:

En el puerto de Flavium Brigantium (A Coruña), se han localizado el antiguo embarcadero romano; lo que parece ser una estación aduanera; el conocido Faro de Hércules diseñado por el lusitano Gaius Sevius Lupus y que, según el historiador Ossorio, permanecía encendido toda la noche para guiar a los barcos en su camino a Britannia; dos aras sestianas dedicadas al dios del mar Neptuno y a la diosa Fortuna, patrona de los viajes marítimos; y los pedestales dedicados a los emperadores Marco Aurelio y Lucio Vero. Entre las referencias escritas destaca la realizada por un cruzado llamado Osborne que vivió en el año 1147 y que detalla como este puerto disponía de un puente de veinticuatro arcos que se adentraba en el mar y que se suele relacionar con lo que debía ser el muelle. Este puerto es el más conocido de todos, en su día fue creado para facilitar el comercio y transporte del aceite Bético, cargado en puerto de Gadir (Cádiz) hasta Britannia, norte de las Galias y Germania, y también para dar salida al oro extraído en las minas de Galicia.

El puerto costero más reconocido en la Asturias Transmontana era el de Gigia (Gijón), las diferentes investigaciones arqueológicas aún no han podido documentar restos del puerto romano propiamente dicho pero si ha constatado el Faro de Noega (Campa Torres), una factoría de salazones pesquera que se mantuvo activa al menos entre los siglos III – V d.C, las termas romanas de Campo Valdés y restos de la muralla y torreones que rodeaban la ciudadela y restos de la puerta de acceso a la urbe. Está bastante aceptado que debió ser el puerto marítimo más importante de Asturias, se localizaba en el Cabo Santa Catalina (actual Cimadevilla) y disponía de un buen fondeadero para los navíos. Otros puertos de menor importancia de la costa asturiana podrían haber sido Rodiles o La Isla.

En territorio Cántabro estaba el puerto de Santander (Portus Victoriae lultobrigensium) con restos de un posible muelle en la Península de la Magdalena, un fondeadero destinado al embarque del mineral de hierro de Peña Cabarga ; otro enclave importante dentro del territorio Cántabro podría haber sido el localizado en Castro Urdiales, era el Portus Samanumen de Flaviobriga en la ensenada de Brazomar donde podría haber otro fondeadero también dedicado a la carga de minerales, aquí pudo encontrarse una estatuilla de bronce dedicada al Dios del mar Neptuno. De menor tamaño que los anteriores eran el Portus Vereasueca o Vereiasueca, también citado por Plinio y localizado en San Vicente de la Barquera en la desembocadura de la ría, El Portus Blendium situado en Suances, en la orilla izquierda del río Saja-Besaya , y el posible puerto de Santoña.

Finalmente en territorio vasco, en la desembocadura del Bidasoa está Irun (antigua Oiasso) se han podido encontrar restos de un embarcadero romano , un posible almacén, un buen número de piezas encontradas en el propio fondeadero de la cala de Asturiaga y un segundo muelle romano en el solar de Santifer . El puerto de Oiasso parece que experimentó una gran actividad comercial relacionada con la explotación de las minas de hierro de Arditurri .

A partir de la conquista romana las relaciones con el exterior siguen ampliando las fronteras  y poco a poco se irán creando y mejorando las vías de comunicación. Cuando cae el Imperio Romano llegarán los Suevos en primer lugar y los Visigodos tras ellos, después con el reino de Asturias las comunicaciones con el resto de reinos europeos son una necesidad ineludible para poder responder ante las nuevas demandas de la política exterior que se estaba generando.

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La minería con Roma

La minería durante la romanización de Asturias

La minería fue una de las principales actividades realizadas por el Imperio Romano en el noroeste ibérico. La presencia de oro y de otros minerales supuso un aliciente para que Roma decidiera establecerse en tierras astures, leonesas y galaicas.

En tierra astur la minería tuvo sus orígenes en el neolítico y hasta la llegada de Roma se caracterizó por tratarse de pequeñas explotaciones destinadas a abastecer a orfebres y herreros. Con la llegada de Roma estas formas de explotación se consideraron poco productivas debido a un reducido número de mineros  y porque sus herramientas y técnicas eran algo arcaicas. El Imperio impuso una minería mucho más abrasiva con el entorno y mucho más productiva, sin embargo esta productividad no enriqueció a los indígenas, al contrario, la mayor parte del mineral extraído era inmediatamente enviado a Roma. Las minas y el terreno adscrito a ellas tenían titularidad pública, en ningún momento se privatizaron y todo lo que se extraía pertenecía al Estado romano. Muchos de los indígenas fueron convertidos en esclavos y condenados a ejercer trabajos forzosos, otros seguían siendo trabajadores libres pero con la diferencia de que ahora eran asalariados, los trabajadores de la mina no podían disponer del mineral, a cambio de su trabajo recibían una remuneración económica que era fijada por los procuratores.

Según Plinio, procurador de las provincias de la Tarraconense, en tiempos de Vespasiano (69 – 79 d.C) se producían 22,000 libras de oro al año. Tan solo en el occidente se removieron más de 50 millones de metros cúbicos de tierra, Asturias en su conjunto proporcionó al imperio entre 50.000 y 100.000 kg de oro. La etapa de mayor explotación minera por parte de Roma tiene lugar entre el último tercio del s.I d.C y finales del s.IV d.C.

El historiador Floro narra:

“… favorecía la decisión de crear Asturica Augusta, la naturaleza de la región circundante, rico en oro, malaquita, minio y abundante en otros productos. En consecuencia ordenó Augusto que se explotase el suelo. Así los astures, se esforzaron en excavar la tierra para el provecho de otros, empezaron así a conocer sus recursos y riquezas…”

Si bien, el oro era el metal más codiciado, no era el único punto de interés para los romanos, aparecen también explotaciones de cobre, hierro, estaño, plata, plomo o cinabrio (mercurio). Muchas de estas minas fueron completamente agotadas de tal manera que hoy, en algunas de ellas, se sigue dudando sobre que material se obtendría. Otras si se encuentran definidas, en las minas del Texeu (Riosa), Yernes, Tameza o Tolivia se extraía cobre; en Tineo, Allande, Cangas de Narcea, Boal o Degaña se conseguía hierro; en Ibias, Oscos, Illiano y la ribera izquierda del río Navia tienen presencia de plata; Mieres, Aller y la zona central en general poseen presencia de cinabrio; en las minas de Salas se extraía oro, plata, cobre, hierro, plomo y estaño. La zona más explotada por su riqueza en oro fue el occidente astur, en las cuencas Eo – Navia  – Narcea.

minería romana en tierra astur

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Tipos de minería realizados por el Imperio Romano.

Entre las formas de extracción practicadas durante la romanización en el noroeste peninsular destacan el bateo, las trincheras a cielo abierto y la ruina montium. Los trabajos mineros eran estacionales, durante el invierno las minas de montaña se paralizaban debido a la dureza del clima, con la llegada de los meses más cálidos, a partir de la primavera la actividad se reanudaba.

La técnica del bateo era una forma de minería que ya se usaba en tiempos prerromanos, con la llegada de Roma se sigue realizando, Plinio nombra a esta forma de extracción aurum fluminum ramentis, (oro depositado en el remanso del río) y los romanos la usaban como manera de prospección sistemática. La calidad de la zona podía comprobarse en función del oro encontrado en una batea concreta. Los encargados de las bateas eran llamados aureanos y aureanas, estas personas eran las que realizaban los diferentes muestreos en las orillas de los ríos, para ello recogían tierra del lecho del río en una especie de palangana y con pequeños movimientos circulares conseguían separar el oro del resto de sedimentos, la cantidad de pepitas o lascas depositadas en la batea permitía hacerse una idea del oro que podía obtenerse en ese terreno.  Entre los lugares que experimentaron el bateo destacan las cuencas del río Eo, del río Navia y del río Navelgas, en esta última localidad se encuentra actualmente el museo de la minería del oro.

Otra forma de extracción eran las trincheras a cielo abierto o aurum talutium donde el oro solía encontrarse en superficie, en estado libre o unido a sulfuros, las labores de extracción se realizaban picando la roca y creando pasillos a cielo abierto para después lavar la tierra excavada. Esta forma de extracción solía usarse para hacer unas prospecciones mayores tras la batea, era un segundo paso para confirmar la presencia de oro, indicaba lo que podría encontrarse bajo tierra de cara a realizar una gran explotación. Este tipo de minería se ha encontrado en Ablaneda, Santiago de Cerredo, Lavadoira o Iboyo entre otros.

El aurum aurrigae se ha identificado con la explotación mediante aluviones a cielo abierto y el aurum canalicium con el oro obtenido mediante galerías y pozos subterráneos. Ambas formas están relacionadas con la ruina montium, esta era la forma de extracción más productiva y la que requería un número mayor de trabajadores. Para extraer el mineral a través de la ruina montium era necesario una preparación previa del terreno.

Primero se hacían prospecciones con bateas y trincheras para localizar las zonas ricas en oro.

En segundo lugar se desforestaba la zona y se creaban grandes canales (antiguas) que conducían el agua desde el río, fuente o manantial más cercano hasta la parte alta de la zona a explotar y hasta las zonas de lavado, este agua era acumulada en embalses.

El tercer paso era preparar las galerías subterráneas que podían ser galerias cuniculi si eran pequeñas galerías que servían para localizar las vetas más rentables, y  las galerías apuntaladas, mucho más largas que las anteriores destinadas a conducir el mineral al exterior. En el interior de la mina también se creaban pozos, estos estaban destinados a la ventilación, a la extracción vertical del mineral cuando se encontraba en estado puro y a crear pasillos para poder desplazarse de una galería a otra.

El último tramo de la mina correspondía a los canales y zonas de lavado y la zona de desecho. Los canales de lavado eran conductos realizados con madera en cuyo suelo se colocaban mallas vegetales destinadas a atrapar el mineral, el oro al pesar más quedaba en el fondo atrapado y el resto de sedimentos era arrastrado por el agua hasta las zonas de desecho, lugar donde se vertía el resto de piedras, tierra etc.

Una vez preparado todo este sistema la técnica consistía en abrir las compuertas de los embalses de agua situados en la parte alta de la montaña, el agua inundaba las diferentes galerías subterráneas y por presión hacía saltar el mineral resquebrajando la roca (abatido y arrase), el agua arrastraba todos los sedimentos hasta los canales de criba y lavado, el mineral, al ser más pesado, quedaba depositado en el fondo del canal y el resto de sedimentos eran arrastrados hacia las zonas de desecho. La presión ejercida por el agua hacía que la montaña se desmoronara literalmente, las galerías se iban hundiendo y la montaña caía por su propio peso.

Video: Publicado en el canal de Youtube de Turisbierzo. Ruina Montium de las Médulas

Son bastantes las zonas que experimentaron este tipo de minería y aún hoy pueden apreciarse su efecto, algunos de los lugares más relevantes fueron la cuenca del Narcea, Navia, Eo, Las Médulas del Bierzo, las grandes explotaciones de la Sierra de l’ouro (entre Naraval y Navelgas) donde destaca el canal y deposito de agua de la Presa del Moro.

En cualquiera de los métodos de extracción el agua jugaba un papel esencial, sin ella el oro no podía extraerse, trasportarse o lavarse. Los Romanos trazaron un buen número de canales o acueductos destinados en exclusiva a abastecer las labores mineras y a los castros asociados a las minas. Esta red de canales era de titularidad pública, es el caso del Puerto del Palo (Allande), La Escrita, Bustiago… Los canales se conocían como “antiguas” y recorrían bastantes kilómetros, un ejemplo es el canal que comunica el Puerto de Palos con Lavadoira, con más de 20km. También destacan la red de canales de Teleno (León) que alcanza los 2000 metros de altitud y aprovechaba el deshielo de primavera para el almacenamiento del agua.

El sistema hidráulico era la res fiscales e incluía a las fuentes de las que se obtenía el agua (ríos, manantiales etc), los canales y al territorio por el que pasaba la canalización. Para que la red hidráulica funcionara sin contratiempos los romanos debían de tener, por fuerza, un buen control del territorio a fin de evitar que se robara el agua o se sabotearan los canales. Uno de los mayores problemas que presentaban estas canalizaciones era su mantenimiento, ya que solían deteriorarse a consecuencia de los cantos rodados o de las acumulaciones limosas, para su limpieza y rehabilitación se contaba con mano de obra procedente de las civitas por las que pasaban las canalizaciones, como el agua era considerado un bien público, las diferentes comunidades castreñas tuvieron que colaborar de forma forzosa en el mantenimiento de las redes hidráulicas.

La zona minera por excelencia del NO Peninsular reside en Las Médulas (El Bierzo), los trabajos de extracción según las últimas investigaciones se realizaron durante los s.I – II d.C. Las obras de construcción previas a la explotación de Las Médulas supuso la planificación a gran escala de prospecciones, del trazado de una enorme red de canales, algunos con decenas de kilómetros, y de los materiales y mano de obra necesarios para su explotación. La necesidad de madera fue primordial, ello ocasionó grandes deforestaciones en el entorno y aún hoy pueden apreciarse, para abastecerse de herramientas contaban con otras zonas mineras y metalúrgicas cercanas. Durante este tiempo los arqueólogos consideran que en las Médulas se removieron 500 millones de metros cúbicos de tierra de donde se obtuvieron una media de 3 gramos por tonelada de tierra.

Mano de obra y herramientas usadas en la minería romana.

La mano de obra la componía varios grupos sociales, y a excepción de los mandatarios pertenecientes a las clases altas, las condiciones del resto eran bastante precarias. En el caso concreto de las Médulas Plinio dejó escrito que había 60.000 obreros de los que dice: “es menos temerario buscar perlas y púrpura en el fondo del mar que sacar oro de estas tierras”.

En el nivel más bajo y por lo tanto los destinados a las peores tareas eran los esclavos condenados a trabajos forzados (damnati ad metalla, damnati in opus metalli). Estos se encargaban de las tareas más duras y eran los más perjudicados, al estar bajo tierra se iluminaban con antorchas y lámparas de aceite, la escasez de luz, el exceso de humedad, el polvo en suspensión y la falta de oxigeno solía producir múltiples problemas de salud como ceguera, problemas respiratorios, llagas, úlceras y otras lesiones. Por si fuera poco una vez que se alcazaba una determinada profundidad era muy difícil salir de la montaña, muchos perecían en el interior y sus cuerpos eran abandonados lo que a su vez creaba un ambiente de putrefacción y aumentaban las infecciones y los problemas de salud. Si se lograba sobrevivir y alcanzar la vejez eran destinados a las zonas de lavado.

En un nivel medio estaban los hombres libres asalariados, en esta clase podían encontrarse a  mercenarios (mercenarii), a los indígenas que buscaban una especie de promoción social dentro del Imperio y a los ciudadanos romanos de las clases más bajas. En algunas zonas mineras se han podido recuperar estelas funerarias de personajes que probablemente pertenecieran a esta clase, es el caso de la estela de Ablaneda donde se puede leer “A Favo Cabarco, hijo de Auledo, del castro de Beriso, de 15 años, aquí está enterrado”, y la estela de Villaverde “A Bodocena, hija de Aravo, que falleció a la edad de 12 años, del castellum augubrigensi”.

El nivel más alto lo formaban los soldados y administradores romanos dedicados al control y la gestión de la mina, constituían la mano de obra especializada, ejercían como vigilantes, capataces, ingenieros y administradores. Algunos de estos cargos de poder eran el Praefectus Asturiae encargado del fisco, es decir de la caja imperial que recopilaba la recaudación de impuestos, y los procuratores, encargados de la gestión de los recursos que interesaban al Imperio, entre estos procuratores nos encontramos al Procuratore Augusti in Asturiae, encargado de los recursos producidos en tierra astur, los Procuratores Metallorum, encargados de los distritos mineros y los Procurator auriarum, el cual se encargaba específicamente de la minería del oro. Uno de estos personajes fue el Procurator Asturiae et Gallaeciae Lucio Arruntio Maximo.

Las herramientas usadas por los mineros eran muy variadas. Para iluminarse utilizaban lucernas (lámparas de aceites), estas estaban preparadas para que duraran toda la jornada de trabajo (unas 8 – 9 horas). Para abrirse camino entre la montaña empleaban picos, martillos o mazas, piquetas, punterolas, tenazas, cuñas de hierro o madera, tornos de extracción etc. Plinio deja escrito: “Atacan la mina con cuñas de hierro y con esos mismos martillos…”.  Este mismo escritor nos cuenta que en las minas de Hispania solía usarse una herramienta llamada fractaria machina, consistía en un soporte que sujetaba un martillo de 49 kg controlado por dos operarios, este martillo funcionaba de forma similar a una ariete y servía para resquebrajar la pared rocosa. Otra técnica descrita por Plinio era romper la roca mediante fuego y vinagre: “En una y otra clase de minas surgen masas de pedernal que se rompen con fuego y vinagre”. Otros útiles utilizados servían de medios de protección, es el caso de los cascos, espalderas y rodilleras hechas con esparto.

Herramientas para la minería, hachas

Hachas mineras. Museo arqueológico de Asturias

La población en torno a las minas romanas en el noroeste peninsular.

La población que moraba alrededor de las zonas mineras se dislocó debido a la presión ejercida por el Imperio Romano. Se crearon relaciones sociales de dependencia articuladas en torno a Roma como gestora de los recursos del territorio. Los principales castros asociados a la minería se mantienen como centros urbanos desde los que se realizaban las diferentes tareas administrativas, jurídicas y fiscales; también aparecen nuevos asentamientos familiares que desempeñaban labores agrícolas, ganaderas y artesanales con una organización romana siempre destinada a abastecer a las minas y a facilitar la salida del mineral a través de las vías de comunicación. El Imperio romano delimita claramente el territorio correspondiente a cada núcleo de población a través de las civitas y los castros sometidos se convierten en comunidades rurales que debían de pagar el Tributum, es decir una serie de impuestos de carácter obligatorio.

Estos núcleos de población poco a poco van agrupando y estructurando en civitates peregrinas sin el derecho a la ciudadanía romana pero con una organización jerárquica al modo romano, surge así una nueva sociedad que se dividía entre los esclavos condenados a trabajos forzados, los hombres libres sin derecho a la ciudadanía (astures indígenas) que se encargaban de las labores agrícolas, ganaderas, artesanales y mineras, una aristocracia astur – romana que ejercían de intermediarios ante los romanos, y por último en las clases más altas los legionarios y administrativos romanos que se encargaban del control y administración de las minas, de todos los recursos de la zona y del cobro de tributos.

El cese de la producción minera en Asturias tiene lugar a partir del s.III d.C, tras 300 años de explotaciones las minas comienzan a debilitarse y necesitan ser remodeladas. Por estas fechas el Imperio Romano no estaba en su mejor momento y el emperador Vespasiano decidió que el coste de la explotación minera en Asturias no compensaba el beneficio recibido, se decreta así la no viabilidad de la minería astur y poco a poco las actividades mineras cesan. Como consecuencia también se abandonan muchos castros vinculados con las minas, sobre todo en el occidente Astur, como Coaña, Pelou, San Chuis o Chao San Martín. La población se desplaza y comienzan así a proliferar nuevos asentamientos rurales vinculados con las villae romanas en torno a las principales vías de comunicación.

El oro astur constituyó un tópico en la literatura antigua, alrededor de ello se crearon numerosos poemas y referencias, a partir del año 289 d. C deja de hablarse del oro astur para referirse al oro galaico, este cambió es consecuencia de la nueva administración del territorio y de la creación de la provincia de Callaecia (Galicia, Asturias, León, Zamora y norte del Portugal). En los escritos antiguos siempre se refieren al oro del noroeste peninsular con cierta exageración, idealizando la grandeza de Roma en relación con las actividades mineras que aquí se desarrollaron.

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Las civitas romanas en Asturias

Civitas durante la romanización

A partir del s.II, tras la concesión del derecho latino por el emperador Vespasiano, el territorio astur se organiza en civitas. Hoy en día tendemos a pensar que las civitas eran grandes ciudades pero lo cierto es que en época romana una civita era el conjunto de ciudadanos romanos que estaban organizados jurídicamente bajo el control de Roma. Estas civitas solían estar representadas por una urbs, es decir por un centro urbano de referencia dirigido al modo romano. Por eso hay que entender las civitas como una extensión de territorio en el que podía haber varias urbes de mayor o menor importancia, villae, aldeas, minas, granjas etc. Las civitas eran similares a lo que hoy definimos en Asturias como Conceyu y las urbs serían nuestras ciudades.

Para conseguir el estatus de civita había que cumplir una serie de condiciones: un número de población creciente, una organización política, administrativa y económica del territorio, de sus recursos y de las formas de explotación, una sociedad organizada en clases sociales y la creación de centros urbanos de referencia con edificios públicos y privados destinados a dirigir la vida de la civita.

Las urbes romanas eran núcleos de población muy organizados, las viviendas se comunicaban mediante calles pavimentadas con un trazado geométrico que buscaba la mayor eficiencia posible, poseían sistemas de alcantarillado y abastecimiento de aguas, baños públicos (recintos termales), edificios para los espectáculos (teatros, circos), una zona destinada al comercio (foro), templos para las actividades religiosas y otros edificios públicos para las labores político – administrativas y económicas. La vida en la urbe era bulliciosa porque desde aquí se gestionaba todo el control administrativo y económico de las villas, las aldeas y cualquier actividad de explotación que se realizara en el territorio perteneciente a la civita.

Lo cierto es que la romanización en Asturias fue algo peculiar por la falta de colonos romanos y porque hasta el momento no se han podido constatar grandes urbes romanas de nueva creación como sucede en otros lugares de la Península (Emérita Augusta, César Augusta, Malaca, Tarraco…), donde si aparecen grandes edificios públicos de tradición romana. Por el momento la arqueología solo ha podido encontrar el centro urbano de Gigia (Cimadevilla, Gijón), sin embargo los escritos antiguos nombran al menos 5 grandes civitas, Vadinia como capital de los Vadinienses, Lucus Asturum y Gigia dentro del territorio de los Lugones, y Paesicorum y Flavionavia como centros urbanos de los Pésicos.

La urbe de Gigia fue fundada durante la época Flavia, en el s.I y corresponde a la actual CImadevilla en Gijón. Entre los restos arqueológicos se localizó parte de la muralla que rodeaba la urbe, el recinto termal de Campo Valdés, situado bajo la actual Iglesia de San Pedro, una factoría de salazones que debió de ejercer una importante actividad, talleres metalúrgicos con fraguas, hogares y vertederos, y un puerto marítimo donde se desarrollaban todo tipo de actividades artesanales y comerciales. Gigia pervivió hasta nuestros días como una ciudad de referencia en el Cantábrico. De ella hablaremos más detenidamente en otra ocasión.

Lucus Asturum por su parte tiene su origen durante las guerras astur – cántabras. En sus primeros momentos se trataba de un campamento militar donde las legiones romanas se encargaban de controlar el territorio, al finalizar la guerra este campamento se mantiene con las tropas de ocupación que tenían la función de romanizar el territorio y, debido a su posición privilegiada en el eje de la red viaria y comercial evoluciona hasta ser un centro urbano de referencia. Por el momento los datos arqueológicos de esta supuesta urbe son escasos.

Vadinia, supuesta capital de los Vadinienses también es un misterio. Según los escritos antiguos de Ptolomeo esta civita pertenecía a los Cántabros y ocupaba las zonas colindantes a los Picos de Europa, su territorio incluía  parte de Asturias, León y Cantabria. Vadinia parece ser un ejemplo de como los romanos decidieron otorgar el status de civita al conjunto de clanes que componían la gran tribu de los Vadinienses aunque no hubiera un gran centro urbano que los representara ni villas de referencia, o por lo menos no ha podido localizarse hasta el momento. Al otorgarles el título de civita se anexionaba el territorio de los Vadinienses al control administrativo de Roma. Como es habitual en Asturias frente a la ausencia de urbes si que aparecen algunos castros de cierta relevancia que se mantuvieron ocupados y bien pudieron haber ejercido de centros administrativos durante la romanización. Destaca la ausencia de villas o centros urbanos, esto lleva a creer que los Vadinienses, en cierta medida, si que mantuvieron muchas de las tradiciones indígenas aún en época romana. Frente a la falta de núcleos de población romanizados aparecen muchas lápidas funerarias escritas en latín, síntoma de la romanización que sufrió el territorio al adquirir una lengua diferente a la indígena.

Flavionavia es nombrada por Ptolomeo como el centro administrativo de los Pésicos en el s.II, coincidiendo con la época de mayor auge de este territorio en época romana por su vinculación con las cuencas mineras del río Nalón y del río Narcea. La localización de Flavionavia aún está en estudio porque no se ha podido encontrar un centro urbano romano propiamente dicho pero podría ser que se encontrara en la entrada del río Nalón, cerca de Santianes de Pravia, dominando la ribera con el fin de controlar la salida y entrada de productos y siendo un punto importante en la red de caminos que comunicaban Asutica Augusta (Astorga) – Lucus Asturum (Lugo de LLanera) – Gigia (Gijón) – Lucus Augusti (Lugo). Pese a no saber su localización exacta los historiadores establecieron que esta civita dispondría de un centro urbano de pequeñas dimensiones, probablemente algún castro de importancia que fue ocupado y remodelado y que disponía de una población aproximada de 1000 habitantes durante su época de mayor esplendor.

La creación de Flavionavia estaría vinculada al desplazamiento de la población de los recintos castreños que dominaban la cuenca del Nalón, siendo los mas destacados el castro de Doña Palla y otro localizado en las inmediaciones de la Iglesia de San Juan evangelista de Santianes de Pravia. Ambos enclaves, durante el proceso de romanización, desplazaron su población hacia una zona más próxima a la ribera del Nalón, siendo este el origen de Flavionavia, una supuesta urbe creada en honor del emperador romano Tito Flavio Sabino Vespasiano de la dinastía de los Flavios. Este emperador mostró gran interés por las provincias de la Hispania y las fue involucrando en la vida militar, política, administrativa y social del Imperio hasta culminar con la concesión del Latium Minus, es decir, la concesión del derecho latino a toda Hispania, hecho trascendente y a partir del cual se incrementa la creación de civitas.

Durante su época de mayor esplendor Flavionavia actuaba como almacén para el excedente de productos mineros, agropecuarios y artesanales de las cuencas del Nalón y del Narcea, desarrollando una importante actividad comercial y de evacuación de minerales. Su economía estaba sustentada por las villae colindantes y por los centros mineros del sur-occidente asturiano. En el s.III, con el progresivo auge de las villae y el cierre de las minas, Flavionavia decae como centro administrativo. A partir del s. IV experimenta un descenso demográfico muy acusado, quizás por la falta de comercio. Esta civita romana parece pasar por una etapa de cierta oscuridad hasta que en la edad media el rey Silo y la reina Adosinda deciden utilizar de nuevo el territorio de Santianes de Pravia para establecer allí la corte del Reino de Asturias.

Frente a la falta de centros urbanos aparecen algunos castros que fueron remodelados y ampliados para satisfacer las nuevas necesidades administrativas y del progresivo crecimiento demográfico, estos castros se irían adaptando al nuevo modo de vida y se convertirían en urbes romanas. Algunos ejemplos son San Chuis, Chao San Martín, Coaña, Arganza de Tineo o Noega, que pervivieron hasta el s.III – IV.

La civita de Paesicorum aparece nombrada en una tábula dedicada a la diosa Tudela encontrada en Arganza de Tineo. La inscripción dice: A Tudela de la civitas de los Pésicos. Placido Placidio lo erigió de acuerdo con su voto. La localización en Arganza es de por si un hecho relevante porque cuenta con un recinto de origen castreño que debió ser importante por su posición de cercanía con las minas de oro de la cuenca del Narcea y del concejo de Allande, y por su vinculación con la red de caminos de esta zona. Lejos de competir con Flavionavia es muy problable que la civita de Paesicorum fuera otro enclave administrativo de importancia dentro del gran territorio que ocupaban los Pésicos y estaba representado por un castro que formó parte de la serie de núcleos castreños que fueron remodelados para satisfacer las nuevas necesidades romanas.

Se puede decir que en Asturias los primeros indicios de romanización se dieron en los propios recintos castreños. Los castros van cambiando según se asienta la cultura romana, aparecen viviendas de planta cuadrangular con habitaciones anexas y patios, se crean edificios públicos, se realizan obras para introducir pozos con canales para conducir el agua y nuevos sistemas de alcantarillado. También sobreviven algunas casas castreñas de planta circular, se cree que estas pertenecerían a las clases trabajadoras (agricultores, ganaderos y artesanos) que seguían conservando un cierto carácter indígena. Estos castros se convirtieron en urbes romanas a pequeña escala y ejercieron una importante actividad administrativa y comercial hasta el s.III, momento en el que se produjo un importante flujo migratorio hacia la llanura vinculado con el auge de las villae romanas.

Las villae romanas en Asturias eran centros agropecuarios ubicados en la periferia de las urbes siempre cerca de las vías de comunicación y en zonas elevadas desde las que se podía controlar los alrededores. Disponían de una gran casa residencial, de recintos termales y de otras instalaciones relacionadas con la religión, la agricultura, la ganadería, la minería, la artesanía y el comercio. Las villae estaban al cargo de familias pertenecientes a la clase más alta de propietarios, muchos de ellos indígenas astures descendientes de las familias más importantes de la región o que destacaron como miembros de las legiones romanas. Estos centros son el antecedente de los latifundios, en el caso de Asturias estos feudos no eran excesivamente grandes, el territorio se fracciona en pequeñas porciones si tenemos en cuenta en gran numero de villaes asturianas que se dispusieron en torno a las principales redes viarias.

Las villas eran explotadas por un gran número de trabajadores que se repartían entre esclavos y ciudadanos de las clases más bajas. A partir del s.III, tras el cierre de las mayoría de las minas y el progresivo abandono de los castros estos centros adquieren una gran importancia, la gente se desplaza a sus alrededores, comienzan a formarse nuevas aldeas y granjas y se edifican torreones de vigilancia en puntos estratégicos.

Las áreas con mayor concentración de villas en Asturias fueron la zona costera central con Gozón, Gijón, Colunga y Villaviciosa siendo Gijón el principal centro de referencia con la urbe de Gigia y la villa de Veranes. En la ribera del Nalón – Narcea destacando las zonas de Oviedo, Las Regueras, Grado y Salas. Y la vía Asturica Augusta – Legio – Lucus Asturum donde destacan los concejos de Lena y Mieres. (N. Santos Yaguas, Las Villas Romanas en Asturias).

Algunas de las villae  excavadas en Asturias son Veranes (Gijón),  Murias de Belerio (Cenero, Gijón), Murias de Paraxuga (Buenavista, Oviedo), Andallón (Les Regueres), Puelles (Villaviciosa), Memorana (Vega del Ciego, Lena). Hay otros lugares pendientes de confirmación, pero según las prospecciones realizadas también habría que incluir las posibles villae de Jove, Serin y Tremañes (Gijón), Felgueras (Lugones), La Magdalena de Llera (Santianes de Pravia), Murias de Ponte (Soto del Barco), Linio (Naranco, Oviedo), La Isla (Colunga) o Valduno (Las Regueras) entre otros.

La conclusión parece ser que la romanización de Asturias no fue uniforme. La zona oriental de Asturias destaca por la ausencia de centros romanos y por una población que seguía conservando un cierto carácter seminómada vinculado principalmente a la ganadería. La zona central es la que más signos de romanización presenta, disponía de un número considerable de villas y de la urbe de Gigia, todas ellas dispuestas en torno a la red viaria por su vinculación con el transporte de mercancías y las actividades agrícolas, ganaderas, artesanales y comerciales. El occidente sin embargo mantuvo un buen número de castros hasta el s. IV como consecuencia de las actividades mineras.

A partir de la creación de las civitas romanas se desarrolló una nueva forma de vida y poco a poco se fue adoptando un nuevo idioma, el latín, una nueva religión, primero politeísta y después cristiana, nuevos conocimientos sobre industria, artesanía, comercio, pesca, agricultura, ganadería, un ejercito cada vez más especializado, una compleja red viaria tanto por tierra como por mar y en definitiva nuevas tradiciones en las que se basan nuestra actual manera de vivir. De algunas de estas actividades hablaremos en las siguientes publicaciones.

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La romanización y las nuevas clases sociales

Las clases sociales durante la época romana

Roma era una sociedad patriarcal fuertemente jerarquizada en clases sociales. La pertenencia a una u otra clase dependía en primera instancia de la familia en la que se naciera y en segundo lugar del poder económico que se ostentara, por regla general era muy difícil ascender socialmente.

En cada familia la principal figura de poder era el Pater familias, dueño absoluto de su esposa, hijos y bienes, el patriarcado supuso un enorme cambio en la vida de los astures porque descendían de una sociedad matriarcal pero con los romanos la figura de la mujer se vio degradada, dependía de la voluntad del hombre. Otro gran cambio fue la división del conjunto de la sociedad dos grandes grupos, las personas libres y los esclavos (servi).

Las personas libres estaban divididas en varias clases sociales: la aristocracia y la plebe. La clase más alta era la aristocracia, estaba compuesta por un grupo muy reducido de personas con enormes privilegios fiscales, jurídicos y económicos, con acceso a la cultura, poseían grandes terrenos y desempeñaba cargos en el ordo senatorial, es decir funciones que correspondían al senado, eran ciudadanos romanos por derecho propio. Dentro de este reducido grupo estaban los Patricios, eran las familias más antiguas de Roma y descendían de los padres fundadores de la capital del Imperio. Estas familias eran las que podían aspirar a gobernar el Imperio.

El grueso de la población estaba constituido por la Plebe, dentro de este gran grupo había que diferenciar a los novi (nobles), los equites (caballeros), los adsidui, los clientes y los proletarii.

Los nobles eran familias con un nivel socioeconómico alto, con importantes logros en la carrera militar y que desempeñaban cargos políticos importantes. En Asturias surge una nobleza indígena con el título de Princeps, estaba formada por los dirigentes tribales más importantes. El único conocido hasta la fecha es Nícer princeps de los Albiones, personaje que vivió en el s.I d.C. La estela dice: Nícer, hijo de Clutoso, del castro de Cariaca, de la casa del príncipe de los Albiones, yace aquí con 75 años de edad.

clases sociales con roma. Nícer princeps de los Albiones

Nícer, principe de los Albiones

Los equites o caballeros eran personas adineradas, lo suficiente para costearse por sí mismo el servicio militar. Eran personas importantes porque desempeñaban cargos en el ordo ecuestre, estaban encargados de las obras, la recaudación de impuestos o de los sistemas de abastecimiento. Se han podido recuperar algunas inscripciones de este tipo de personalidades, un ejemplo es la estela de G. Sulpicius Ursulus que tras ingresar en el ejército, desempeñó altos cargos militares hasta alcanzar el cursus honorus en el ordo ecuestre. Su estela data del s.II d.C y fue encontrada en Ujo, Mieres. La inscripción dice: A Gayo Sulpicio Ursulo, perfecto de los Simmachiaros astures en la guerra de Dacia, centurión de la legión primera Minervia Augusta, centurión de la cohorte duodecima urbana, centurión de la cohorte cuarta pretoriana, centurión primipilo de la legión decimoctava, perfecto de la legión tercera Augusta. Gayo Sulpicio Africano se lo dedica.

Clases sociales romanas en Asturias.

Estela de Gayo Sulpicio Ursulo

Los adsidui eran pequeños propietarios de terreno o con un negocio propio, eran ciudadanos romanos con un nivel económico medio – bajo. Estas personas estaban en una posición algo precaria porque si se aplicaban medidas extraordinarias de recaudación podían entrar en deuda y verse relegados a la clientela.

Los clientes eran personas que trabajaban para los Patricios porque habían contraído una deuda con ellos. La mayor parte de este grupo estaba formado por los libertos, antiguos esclavos a los que se les concedía la posición de hombre libre, sin embargo aunque sus amos les habían liberado se establecía una serie de obligaciones respecto a sus antiguos patronos, estas obligaciones eran el obsequium y beneficum, es decir respeto y asistencia como agradecimiento por sacarles de la servidumbre y la esclavitud e integrarles en una clase más alta. Muchos libertos ejercerían de intermediarios entre indígenas y romanos tratando de inculcar la ideología romana. La mayoría de ellos seguían trabajando para los antiguos amos y los que tuvieron más suerte llegaron a comprar o arrendar propiedades a sus patronos. Los libertos con un rango más alto eran los Augusti liberti porque desempeñaban cargos públicos administrativos, físcales y tenían una condición de clientela con la familia Imperial.

Estos pactos de hospitalidad y clientela pueden encontrarse en La tábula de Astorga donde L. Domitius Silo y L. Flavius Severus amplían el pacto de hospitalidad de los Zoelas en el año 152 d.C como encargados de supervisar los tratados entre los miembros de las gentilidades indígenas.

Clases sociales en Astorga con Roma

Pacto de los Zoelas

M. Licinio Craso y L. Carpurnio Pisone.

Cónsules en las Calendas de Mayo.

La gentilitas de los Desoncorum de la gens de los Zoelas y la gentilitas de los Tridiavorum de la misma gens renuevan en antiquísimo pacto de hospitalidad de los Zoelas y reciben mutua fidelidad. La gentilitas de los Desoncos y de los Tridiavos, ambos de las gens de los Zoelas, renuevan un pacto de hospitalidad antiquísimo. Reciben ellos y sus descendientes mutua fidelidad y clientela. Lo realiza Arausa (hijo de Blecaeno), Turaio (hijo de Cloutio, hijo de Elaeso), Magilón (hijo de Cloutio), Bodecio (hijo de Burralo), Elaeso (hijo de Clutamo), por medio de Abieno (hijo de Pentilo), magistrado de los Zoelas. Hecho en Curunda.

Glabrión y de Homullo

Cónsules cinco días antes de julio,

Ambos de la misma gentilitas de los Desoncos y la gentilitas de los Tridiavos. Reciben igual clientela de la gens de los Avolgigos a Sempronio Perpetuo Orniaco, de la gens de los Visaligos a Antonio Arquio y de la gens de los Cabruagénigos a Flavio Frontón, ambos de los Zoelas. Lo realizan Lucio Silón y Lucio Flavio Severo en la ciudad de Asturica Augusta.

Los proletarii eran familias sin recursos, era la clase más baja entre los hombres libres, sin trabajo e incapaces de hacer frente a los impuestos o al servicio militar. Se suponía que contribuían al estado con su prole (descendencia), es decir, su única función era tener hijos.

Los esclavos o servi conformaban la clase social más baja. Eran persona sin libertad y sin derechos sobre su propia persona, pertenecían al pater familias quién podía disponer de ellos de la forma que se le antojara en cada momento. Gayo, un tratante de esclavos romano describía a los esclavos dentro del grupo de bienes corporales, es decir, eran un objeto más con el que comerciar. Entre los esclavos también se establecieron diferentes status, estaban los esclavos públicos y los esclavos privados.

Los esclavos públicos, pertenecían al estado romano y su pater familias era el propio Emperador. Los esclavos augustae cumplían funciones administrativas, burocráticas o religiosas, eran los mejor posicionados, gozaban de cierta libertad económica y de cierta influencia política pero era una libertad ficticia porque no eran sus propios dueños y la casa imperial podía usarlos a su antojo.

Dentro de los esclavos públicos también hay que hacer referencia a los esclavos mineros. Las minas pertenecían al estado y por lo tanto los esclavos que aquí trabajaban también. Gran parte de los esclavos mineros habían sido hombres libres que por algún motivo eran condenados a este fin. La mina era un destino similar a una condena a muerte pero a largo plazo, los mineros esclavos realizaban trabajos forzosos y soportaban todo tipo de vejaciones hasta que fallecían. Durante las guerras astur cántabras y las revueltas posteriores muchos prisioneros astures terminaron en las minas.

La suerte de los esclavos privados dependía de quien fuera dueño y del propio trabajo asignado. Los esclavos domésticos estaban supeditados a la benevolencia o crueldad de sus amos porque podían ser tratados, castigados o torturados a voluntad como si fueran meros objetos. Este trato de personas objeto quedó reflejado en los escritos de la época, un ejemplo lo encontramos en los esclavos agrícolas que eran definidos y contabilizados como herramientas articuladas. Estas personas solían tener asignada una actividad concreta, de esta forma las tareas manufactureras eran ejercidas por los esclavos (carpintería, cantería, agricultura, ganadería, cocina, costura…). Residían en el domus familiar y estaban a disposición de sus amos las 24 horas el día, no se podían negar a nada y no podían hablar sin permiso y no tenían derecho a crear una familia porque no podían contraer matrimonio sin permiso del amo.

Las personas podían caer en la esclavitud por varios motivos, el más común era ser hijos de esclavos y por lo tanto se veían relegados a esta condición desde el nacimiento, sin embargo había personas libres que podían decaer socialmente por ser prisioneros de guerra, por deudas propias o heredadas, por haber vendido o comerciado con un hijo de condición libre, por piratería o por alguna condena impuesta. El comercio de esclavos tenía un mercado propio al cargo de los tratantes de esclavos. Este mercado exhibía a hombres y mujeres ante los compradores con un precio de salida que en ocasiones se sometía a subasta, las mujeres y niñas vírgenes y los hombres jóvenes y fuertes eran los más solicitados.

Los esclavos podían conseguir la libertad, pero para ello necesitaban que sus amos firmaran un tratado dándole las condición de hombres libres en honor a sus servicios prestados, cosa que no sucedía con mucha regularidad porque la sociedad romana era un sistema esclavista y de ello dependía gran parte de su economía. Cuando un esclavo era liberado accedía a la posición de liberto y contraía una posición de clientela con su patrono.

Todas estas personas, tras el progresivo abandono de los castros en el s.II se fueron repartiendo por Asturias fundando centros urbanos denominados civitas (ciudades) y grandes centros agropecuarios denominados villae (villas). De ellas hablaremos en el siguiente post.

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La romanización y la nueva administración territorial

La romanización en Asturias durante la Dinastía Julio – Claudia

La romanización político administrativa del noroeste ibérico comenzó antes de que finalizaran las guerras astur – cántabras. Los territorios que iban siendo sometidos pasaban a formar parte del Imperio Romano de manera inmediata y según se expandía el Imperio se iba reorganizando territorialmente.

Con Augusto César declarado emperador, Roma pasó de ser una República a ser un Imperio gobernado por la Dinastía Julio Claudia, y por un senado formado por 300 magistrados. El emperador gobernaba ejerciendo funciones principalmente militares y relacionadas con la política exterior pero para llevar a cabo sus propuestas necesitaba contar con el apoyo del senado. Para que los senadores no pudieran establecer una mayoría frente al emperador el César poseía el derecho de designar a algunos magistrados con el fin de conseguir apoyos dentro del senado romano.

A partir del año 27 a.C el Imperio Romano decide dividir su territorio en dos tipos de provincias. Unas eran las provincias senatoriales que respondían únicamente ante el senado y otras eran las provincias imperiales que respondían ante el emperador. En el caso de Hispania la única provincia senatorial fue La Bética. Gracias al edicto del Bierzo sabemos que, al menos durante las guerras astur – cántabras, Augusto definió al noroeste español con la Provincia imperial de Transduriana. El resto del territorio lo conformaban las provincias imperiales de Lusitania y de la Tarraconensis.

romanización de Asturias

Estrabón dice:

“… ahora que las provincias han sido asignadas al pueblo y al senado, otras al emperador, la Bética fue entregada al pueblo romano y se le envía un pretor con cuestor y un legado; su límite oriental se ha fijado en las cercanías del Cástulo. El resto pertenece al emperador; este envía dos legados, uno pretorio y el otro consular: el pretorio con un legado gobierna la Lusitania, que limita con Bética y se extiende hasta el Duero y su desembocadura; esta región conserva en la actualidad el mismo nombre y en ella se encuentra la ciudad de Emérita.

La parte restante de Hispania, y la mayor, está regida por el legado consular que dispone de un ejército considerable compuesto por tres legiones, y tiene a sus órdenes tres legados, de los cuales, uno, con dos legiones, guarece toda la región desde el Duero al norte ahora llamado Callaecia. Añadiese a esta parte septentrional los astures y cántabros, por el país de los astures discurre el río Melsos, y a escasa distancia de él se encuentra la ciudad de Noega, un estuario cercano separa a los astures de los cántabros. La región que se extiende desde allí hasta los Pirineos la gobierna el segundo legado con otra legión. El tercer legado administra la parte interior, que abarca los pueblos llamados togados, como si dijéramos pacificados y que han adoptado, junto con la toga, la civilización y las formas de vida itálicas: son estos celtíberos y los que habitan a ambos lados del Ebro hasta el mar…”

Para poder controlar la administración de una Provincia Imperial el emperador podía designar a sus gobernadores provinciales, la duración de este cargo dependía de la voluntad del Cesar. El gobernador imperial (Legatus augusti pro praetore) era el encargado de dirigir al ejercito (imperium), atendía asuntos judiciales, la recaudación de impuestos y el control de la economía. Para ello contaba con una serie de subordinados, los procuratores financieros, los legati legionibus para las tropas o los legati augusti para las funciones administrativas y jurisdiccionales.

Dentro de cada provincia la administración central se desarrollaba en las civitates, eran centros urbanos romanizados o nuevas urbes creadas al modo romano donde se ejercía todo el control del resto de poblaciones, castros o aldeas. A su vez, dependiendo de cual fuera el estatuto jurídico de cada centro urbano estos se clasificaban en ciudades privilegiadas (municipios y colonias) o ciudades peregrinas (estipendiarias, libres o federadas):

Las civitates privilegiadas se dividían en los municipios puramente romanos y las colonias romanas, estas últimas eran territorios conquistados fuertemente romanizados, entre sus ciudadanos predominaban colonos procedentes de Roma, tenían los mismo derechos que los que vivían en los municipios pero eran menos valorados socialmente.

Las civitates peregrinas a su vez se dividían en tres tipos:

Estipendiarias – dedicticias: poblaciones sometidas por la fuerza, dependientes de un gobernador provincial y obligados a pagar tributos y a suministrar tropas.

Libres: aliados y fieles de Roma, tenían que pagar impuestos pero poseían autonomía política.

Federadas – Aliadas: eran independientes, no tenían que pagar impuestos, en su territorio no había guarniciones romanas y poseían su propia moneda.

Cada comunidad tenía que pagar un impuesto de un 5% sobre la producción, este impuesto era fijo. También había otros impuestos extraordinarios que dependían del gobernador provincial. La recaudación de impuestos era realizada por los receptores de impuestos, un cargo impuesto por sorteo, duraba 5 años, estaban controlador por el gobernador y contaban con apoyo miliar para poder llevar a cabo su tarea, en realidad era un puesto poco deseado.

Alrededor de los años 4 – 6 d. C los herederos varones de Augusto fallecen y el emperador decide adoptar a Tiberio Claudio Nerón, esposo de su hija Claudia la Mayor, con el fin de asegurar que el cargo regio no saliera de su núcleo familiar. El 19 de Agosto del año 14 d.C Augusto César muere con 76 años de edad tras ampliar las fronteras del Imperio como nunca antes nadie lo había hecho. Se cuenta que justo antes de morir Augusto pudo dirigirse al pueblo, a sus aliados más cercanos y dedicar su últimas palabras a su mujer Livia. Al pueblo le dijo «Mirad, encontré una Roma hecha de ladrillo, y os la dejo de mármol», estando ya entre sus amigos más próximos les preguntó ¿He representado bien la farsa de la vida?, y ante un si como respuesta añadió – «Acta est fabula, plaudite» La comedia ha terminado, así que aplaudid. Ya en su último suspiro dirigió sus palabras a Livia y le dijo: Livia, recuerda nuestro matrimonio y Adiós.

Romanización por Augusto Cesar

Octavio Augusto César

Tras la muerte de Augusto se proclama a Tiberio como nuevo César del Imperio romano de occidente el 18 de septiembre de ese mismo año (14 d.C). Con Tiberio se produce una nueva organización administrativa del territorio. La provincia Transduriana desaparece porque se integra dentro de la Tarraconensis. A su vez las provincias se dividen en Conventos Jurídicos, cada convento definía un distrito menor y en el caso de la Tarraconensis se establecieron  siete distritos: Conventus Cartaginensis con capital en Cartago Nova (Cartagena),  Conventus Tarraconensis con capital en Tarraco (Tarragona), Conventus Cesaraugustanos con capital en Cesaraugusta (Zaragoza), Conventus Bracarum con capital en Bracara Augusta (Braga, Portugal), Conventus Clunienses con capital en Clunia (Coruña del Conde, Burgos), Conventus Lucensis con capital en Lucus Augusti (Lugo) y el Conventus Asturum con capital en Asturica Augusta (Astorga).

Romanización de Asturias - división territorial en convetos juridicos

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A partir del mandato de este nuevo emperador los castros ocupados en tierra astur trasmontana se van abandonado según se van paralizando las actividades mineras y en su lugar comienzan a surgir las grandes civitas como Paesicorum (Tineo), Flavionavia (Pravia), Gigia (Gijón) o Vadinia (no encontrada).

Las civitas romanas estaban gobernadas por:

4 Magistrados civiles, un cargo poco deseado por que no era remunerado y además implicaba aportar 2.000 sestercios para poder ejercerlo. Era un cargo que solo podía ser ocupado por las familias más pudientes. Estos magistrados se dividían en 2 Dumviros con competencias políticas y jurídicas (podían apoyarse de un cuestor) y 2 ediles encargados de controlar los mercados (forum), las pesas, las medidas, el tipo de monedas que se empleaba y de dirigir a la policía urbana. Además cada magistrado contaba con contables, pregoneros, músicos, libertos y esclavos, apparitores (empleados públicos) etc.

En cuestiones religiosas se establecieron 2 Colegios sacerdotales dirigidos por los pontífices, los augures, el Flamen encargado de velar por el Culto al emperador y la flaminica encargada del culto a la mujer del emperador. El culto a los emperadores fue una creencia instalada por Cesar Augusto y mantenida por Tiberio y sus sucesores que consistía en otorgar al emperador el título de ser divino heredero de los mismos dioses.

Todos ellos eran elegidos y controlados por la Asamblea, formación compuesta por las familias oligarcas de mayor poder representantes de los diferentes núcleos de población, los gobernadores provinciales y los legados municipales. Las asambleas eran anuales y se celebraban en las capitales de los conventos jurídicos.

Es curioso que a partir del S.I d.C aparece por primera vez el título de princeps entre la nobleza astur, un cargo regio que los romanos otorgaron a los principales dirigentes de las tribus astures con el fin de encontrar aliados entre los líderes de las diferentes tribus astures. El más conocido entre estos príncipes astures es Nícer princeps de los Albiones, cuya estela funeraria aún se conserva en el museo arqueológico de Asturias y nos recuerda que falleció a la longeva edad de 82 años.

La romanización administrativa de tierra astur también trajo consigo una nueva división social clasificada en diferentes clases según el status de cada persona o familia, por primera vez se aprecian grandes diferencias sociales y aparecen claramente definidas la nobleza Hipano – romana, los Equites (caballeros que gobernaban los municipios), la plebe (libertos y clientes) y los esclavos.

Otro aspecto reforzado durante el gobierno de Tiberio fue la emisión monetaria, durante la primera mitad del s.I d.C la fabricación de denarios como moneda de cambio se incrementa para abastecer a las tropas de ocupación, estas monedas posiblemente fueran creadas durante bastantes años por el taller de Calagurris (Calahorra), encargado de abastecer al noroeste peninsular. Las legiones romanas fueron los principales impulsores de la economía monetaria hasta que con el paso del tiempo consiguieron desbancar a la economía de trueque astur y sus tablillas de plata. Algunos ejemplos de yacimientos arqueológicos en Asturias donde se han recuperado monedas romanas son: el campamento de la Carisa, el castro de Coaña, Chao San Martín, Oppidum Noega, en Cimadevilla – Gijón (antigua Gigia) y en Oviedo.

El 16 de marzo del año 37 d.C el emperador Tiberio fallece con 77 años dejando como herederos a Calígula y a Tiberio el Gemelo con el deseo de que gobernaran conjuntamente, sin embargo Calígula no tardó en asesinar a Tiberio el Gemelo y proclamarse como nuevo César del Imperio Romano en ese mismo año.

El final de la dinastía Julio – Claudia

Lo primero que hace Calígula como emperador es intentar conseguir el mayor número de apoyos posibles. Para ello establece una serie de recompensas a los ejércitos para ganarse su apoyo, perdona a los acusados durante el gobierno de Tiberio y readmite a los exiliados y, para ganarse el favor del pueblo de roma, abole algunos impuestos, acomete grandes obras (teatros, anfiteatros, templos…) y potencia los espectáculos públicos. Con este emperador las fronteras del Imperio se siguen expandiendo y comienza la conquista de Mauritania (Marruecos) y Britania (Gran Bretaña). Sin embargo la historia recuerda a Calígula como un hombre demente y cruel, se sabe que en el año 37 d.C cayó enfermo y, al recuperarse, ordenó que ejecutaran a algunas personas que habían prometido dar su vida a los dioses si el emperador mejoraba, un año después, en el 38 d. C comenzó a aprobar ejecuciones sin juicio previo, a estos actos se sumaba la creciente creencia en el culto al emperador como hijo de los dioses y Calígula comenzó a representarse en las diferentes estatuas vestido como solían representarse a algunos dioses y semidioses del Panteón romano. En el año 39 d.C las arcas romanas estaban vacías y se produjo una fuerte crisis económica que llevó a un fuerte enfrentamiento entre el Emperador y el Senado. Dos años mas tarde, en el 41 d.C Calígula es asesinado tras un corto reinado de 4 años. Su sucesor fue el emperador Claudio.

Tiberio Claudio Cesar Augusto Germánico fue un emperador al que se le describe como cojo, tartamudo y algo apartado de la vida política. Con Claudio se termina de conquistar Mauritania y Britania, se anexionan otros territorios como Tracia, Nórico, Panfilia, Licia y Judea y se refuerzan las fronteras de Germania. En el año 48 d.C realiza un censo de los ciudadanos romanos de 5.984.072 personas. La realización de censos de población era una actividad habitual ya que permitía controlar, entre otras cosas, el cobro de impuestos y la mano de obra disponible. En Asturias uno de estos censos se pudo encontrar en el castro Chao San Martín, se trata de una tablilla de pizarra donde aparecen un listado de algunas de las personas que habitaron esta urb

Columna I: Flavinus, Anto…vs, Flavus

Columna II: Torgalinus, Lucius, Antonius, Fullonius, Qvintin…, Frontinv, Fronto, Mussora, Quintus, Quintinus, Lucianus, Septumis.

Columna III: Pambanus, Pontius, Flavianus, Duanus et filius pouserunt frugem, Sempronius, Lucius, Urnianianus, Gemelus, Beduna, Maritumus, Maritumus, Flucinus, Antonius Capito, Calpurnius, Aemilius, Sextus.

Claudio gobernó Roma hasta el año 54 d.C y tras su muerte es sucedido por el último emperador de la dinastía Julio – Claudia. Este nuevo emperador recibe el nombre de Nerón Claudio César Augusto Germánico. Este emperador gobernó hasta el año 68 d.C pero tuvo que hacer frente a conspiraciones y rebeliones. El senado ansiaba acabar con la época imperial y restablecer nuevamente la república, para ello contaba con el apoyo de Galba, gobernador de la Hispania Tarraconensis. En el año 68 d.C los conspiradores consiguen sobornar a la Guardia Pretoriana (ejército personal del emperador) y Nerón decide suicidarse antes de ser apresado. En el 68 d.C se pone fin a la dinastía Julio Claudia y comienza un periodo conocido como el año de los 4 emperadores ( Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano), un tiempo de guerras civiles donde Galba es asesinado por Otón y éste a su vez por Vitelio que será traicionado y sucedido por Vespasiano.

La romanización territorial de Asturias durante los s.II – III d.C

Tito Flavio Sabino Vespasiano accedió al poder en el año 69 d.C y con él comienza una nueva línea sucesoria conocida como la Dinastía Flavia. Este cambio dinástico se notará en Asturias por el cierre de las minas, por la creación de las Villae y por el abandono definitivo de la mayoría de los castros.

Con los Flavios (69 – 96 d.C) se produjo la reforma del emperador Vespasiano a través del Edicto de Latinidad en el año 73-74 d.C donde se declaró que las ciudades peregrinas se convertían en municipios de derecho latino. Con este edicto los astures que vivían en las civitas y grandes centros urbanos comenzaron a beneficiarse de las ventajas que proporcionaba la ciudadanía romana. Algunos de los nuevos municipios creados en tierra astur son: Bergidum Flavium y Interamnium Flavium en El Bierzo, Flavionavia (Pravia), Asturica Augusta (Astorga), Brigaetium (Benavente) y Lancia (Villasabariego).

En el s.II Roma estuvo gobernada por dos dinastías, la Dinastía Antonina (96 – 192 d.C) y la Dinastía de los Severos ( 193 – 235). En tierra astur se siguen adoptado formas de vida romana, algunos castros astur – romanos se abandonan y comienzan a crearse las villae. Las villae eran grandes casas con funciones agropecuarias y de control de las vías de comercio pertenecientes a las familias mas importantes de la sociedad romana. Alrededor de las villae van surgiendo pequeñas aldeas o núcleos rurales formados por los campesinos, ganaderos, artesanos y demás trabajadores.

En el s. III Roma sufre una importante crisis que afecta directamente a la minería astur. En el año 235 d.C la mayoría de las minas romanas en Asturias cierran sus puertas al considerarse  que no son rentable. El cierre de la minería llevó al completo abandono de los castros mineros. Las principales ciudades siguieron activas pero sufrieron cierto despoblamiento en favor de las villas. Asturica Augusta fue la que más notó la crisis y su economía se vio gravemente perjudicada, muchos de los grandes edificios que le conferían la fama, los centros administrativos, las termas o las grandes casas fueron abandonadas. Ante la decadencia de los centros urbanos las villae comienzan a recibir nueva población y las aldeas rurales crecen. Con la proclamación de Diocleciano como emperador la economía pareció mejorar pero la estructura del Imperio ya se encontraba muy dañada.

Diocleciano, a finales del s.III, establece una nueva división territorial en Hispania, reduce el territorio de la provincia Tarraconensis y crea dos provincias nuevas, Gallaecia para el noroeste Penínsular y la Cartaginensis para la zona centro y el levante ibérico.

Hispania en el s-III - División provincial romana

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Durante el s. IV Gallaecia amplia sus fronteras incluyendo al Convento de Clunia (territorio cántabro) pero el Imperio está dando sus últimos coletazos, Suevos, Vándalos y Alanos amenazan las fronteras de Roma y no tardarán en llegar a tierras astures.

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Legiones romanas en Asturias tras las guerras astur cántabras

Las legiones romanas de ocupación en tierra astur

Presencia militar romana tras las guerras astur cántabras

La presencia de las legiones romanas supuso la base de control político y administrativo del territorio. Los legionarios no solo combatían, también desarrollaban otras funciones claves para la victoria del Imperio y para la romanización de las zonas conquistadas como el control del comercio de esclavos, la creación de las vías de comunicación, la construcción de canales, pozos y otras obras públicas, el control de las actividades mineras o el cobro de tributos o impuestos entre otros.

El final de los combates dio paso a una fase en la que la administración romana diseña nuevas fórmulas dedicadas a establecer un ejército de ocupación. Eran legiones destinadas a romanizar el territorio y asegurar los pasos de montaña. Esto implicó una cierta desmilitarización del territorio, desde el 15 a.C al 13 a.C  se abandonan la mayoría de los campamentos militares y solo permanecen en el noroeste las legiones III Macedónica, IV de Macedónica, VI Victrix y X Gemina.

La Legión III de Macedonia, que llegó a territorio peninsular formando parte parte del frente oriental bajo el mando de Cayo Antistio, Elio Lamia, Cayo Furnio y Silo Nerva, pasó a las órdenes de Agripa en el 19 a.C. En el año 16 a.C tomó parte en las nuevas revueltas y una vez finalizados los enfrentamientos se estableció como tropa de ocupación en el frente cántabro estableciéndose en Segisama Lulio. En el 13 a.C abandona el acuartelamiento y pone rumbo a Pisoraca, en el ángulo noroeste de los Vecceos, aquí establecerían un campamento mientras algunos de sus destacamentos se dirigían a Oppidum Noega. Desde Pisoraca mantenían la vigilancia del territorio cántabro, dedicando grandes esfuerzos para controlar la red viaria de la zona, en especial los accesos a la meseta norte por el valle del Pisuerga. Entre sus tareas también se encontraba la recaudación de tributos y la dirección de leva de tropas entre los astures para formar parte de las tropas auxiliares.

La Legión IV Macedónica participó en la fundación de Juliobriga durante los años 15 – 13 a.C y permaneció en ella hasta mediados del s.I d.C. Juliobriga era una importante civitate cántabra que servía para controlar el acceso a través de la cordillera.

La legión VI Victrix muy posiblemente estuviera en el norte de Hispania antes de que Augusto dirigiera personalmente la guerra. Estaba dirigida por Publio Carisio, gobernador de Lusitania. Sobre el 25 a.C podría haber creado el campamento de Lucus Augusti, dicho acuartelamiento sería desmantelado entre los años 16 – 13 a.C en favor de una creciente ciudad. Una vez finalizados los combates esta legión pasaría a formar parte de los ejércitos de ocupación, controlando a los Astures y estableciéndose en los alrededores de Asturica Augusta para finalizar entre los años 15 – 10 a.C en Legio (León).

La Legión X Gémina también se encontraba bajo las órdenes de Carisio en el año 26 a.C y tenía su acuartelamiento en Asturica Augusta. En el 19 a.C permanece como ejército de ocupación en centros como Lucus Asturum y Oppidum Noega. Lucus Asturum fue un enclave bien conectado a las redes viarias de Roma centradas en el trasporte de mercancías por tierra y en el control de los posibles rebeldes que se escondieran por la zona. Se situaba en una encrucijada de dos rutas importantes, por un lado la occidental procedente de Grao, donde la vía de la Mesa se unía con los cotos mineros y con la zona central del territorio astur trasmontano y, por otro lado con la zona centro – oriental. El castro Oppidum Noega ocupado durante las guerra dejó de ser un campamento militar para continuar con una vida romana – astur y finalmente desapareció al trasladarse a la nueva civita de Gigia (Cimadevilla, Gijón) en s.I d.C.

legiones romanas en Asturias tras las guerras astur - cántabras

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Un rasgo muy importante fue el alto ingreso de los jóvenes astures en las tropas auxiliares de las legiones romanas. Las tropas auxiliares se conformaban por hombres que no eran de procedencia romana, la creación de las mismas era una costumbre que el Imperio adoptó según fue expandiéndose, ya que a mayor territorio más hombres se necesitan para la defensa de las fronteras, estas tropas auxiliares recibían el nombre del lugar de procedencia de los soldados, es decir en el caso de los astures eran Alas o Cohoertes Asturum.

A veces si estas tropas se levaban en un lugar fronterizo se formaban tropas mixtas como la Cohors I Asturum – Gallaecorum, de la que se documenta que tuvo como destino el norte de África, concretamente en Volubilis (Mauritania), muy cerca de esta ciudad se encuentra la fortaleza de Aïn Schkour donde hay una inscripción que dice:

“A Flavio Neón, perfecto de la Cohorte de astures y galaicos, erigió desde sus conocimientos y construyó este pretorio por medio de sus compañeros de armas”
(N.S Yanguas).

Una de las propuestas que el Imperio hizo a los nativos para promocionar el alistamiento en las legiones fue la obtención de la ciudadanía romana a cambio de que ingresaran como voluntarios en las tropas auxiliares del ejército de Roma. No obstante la obtención de la ciudadanía no era fácil, pues debían de pasar 25 años sirviendo en las legiones romanas. Pese a ello, el número de Astures que decidió enrolarse fue bastante amplio, cosa que destaca por la oposición que estos mantuvieron durante la invasión. En el tiempo que Roma estuvo en tierra astur más de un millar de Astures decidieron ingresar en las legiones.

Las legiones romanas antes descritas se encargaban del entrenamiento y adiestramiento. Este era un recurso muy utilizado por los romanos porque con ello conseguían dos cosas de forma simultanea, engordar el grueso de su propio ejército y hacerlo con los guerreros de las tierras que estaban siendo sometidas. Por otro lado para prevenir posibles arrepentimientos estos guerreros solían mandarse a tierras lejanas para que no pudieran o fuera muy difícil regresar.

Las tropas auxiliares estaban formadas por Alas, Cohortes y los Symmachiarii:

Las Alas y las Cohortes conformaban la forma más eficaz de hacer frente a los enemigos que luchaban con guerras de guerrillas, como los galos, germánicos… y cuando se juntaban conformaban un poderoso ejército bien entrenado con su infantería y su caballería.

Dentro de un Ala se encuentra el ala miliaria con 1000 hombres y 1065 caballos; y el ala quingentaria con 500 hombres y 534 caballos. Entre las formadas por astures algunos ejemplos son:

El Ala I Asturum era una unidad de caballería astur que ocupaba una serie de fortines en las actuales montañas del Danubio, en tierras de Dacia (actual Rumania).

El Ala II Asturum estuvo en Britania (fortaleza de Cilurnum, actual Chesters y en Bremetenacum, en Lancashire), en Germania y en la Panonia Superior (Hungria).

El Ala III Asturum andaba por el Sáhara y Mauritania, que recibió grandes honores por su servicios y en recompensa se transformaría en el Ala III Asturum Plae Fidelis Civium Romanorum.

El Ala IV Asturum fue enviada primero a Chalons (Francia) y luego a Britania.

Las Cohortes tenían entre 400 – 600 hombres más los oficiales, el conjunto de todos ellos además quedaba dividido en dos secciones los Peditata si se eran de infantería y los Equitata si poseía infantería y caballería. Aquí nos podemos encotrar a:

La Cohorte I Asturum fue enviada a Germania, a Nórica (Alpes asutriacos), a Panonias Inferior y Superior (Hungría y los Balcanes).

La Cohorte I Asturum – Gallaecorum  se estableció en Volubilis (Mauritania).

La Cohorte I Asturum Equitata permaneció en Germania.

La Cohorte II Asturum Equitata Pia Fidelis estuvo en Germania, Britania y Gales.

La Cohorte II Asturum Aegipti aparece en el Delta del Nilo.

La Cohorte III Asturum Equitata Civium Romanorum defendió los dominios en Mauritania.

La Cohorte IV Asturum se localiza en Germania.

Las Cohortes V y VI Asturum se localizarán en Germania y en los Alpes.

La Cohorte II Asturum et Callaecorum se establecería en los Balcanes y Hungría.

Los Symmachiarii eran tropas auxiliares de caballería que combatían a su aire bajo la dirección de un solo oficial romano. Sabemos que unos de sus dirigentes fue Gaio Suplicio Ursulo, asturiano de nacimiento, en Ujo, Mieres y oficial del ejército romano.

las legiones romanas formadas por astures y su distribución en Europa

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En el 14 d.C Augusto muere pero consigue que el título de César quede dentro de su familia, la Dinastía Julio – Claudia. A partir del año 20 d.C comienzan a verse consolidadas la forma de vida de los romanos a través de los ejércitos de ocupación. El último emperador de la dinastía Julio – Claudia es Nerón, a su muerte, en el 68 d.C, comienza una época de conflictos internos en Roma conocida como el año de los 4 emperadores, en el 69 d.C. Tras ellos la dinastía Julio – Claudia pierde el poder, a partir del 70 d.C el Imperio Romano comienza a ser gobernado por la dinastía de los Flavios hasta el 96 d. C. Vespasiano fue el primer emperador de los Flavios y con él se refuerzan las construcciones de las civitates, urbes y carreteras, así como el aprovechamiento de los recursos que la zona ofrecía.

Durante el s.II, entre los años 98 – 183 d.C Roma posee como dirigentes a los emperadores Antoninos y en Asturias se establece nuevamente un ejército permanente compuesto por las legión VII Gemina y sus tropas auxiliares, estos desarrollaron nuevas labores civiles relacionadas con la minería, el urbanismo y las vías de comunicación.

En el proceso de romanización de los astures, a diferencia de lo que se hizo en otras zonas, Roma no trajo demasiados romanos civiles a Asturias, casi todos pertenecían a las legiones romanas, quizás esa falta de colonos es la razón por la que apenas se realizaron centros urbanos en tierra astur trasmontana.

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