La creación de Hispania

La creación de Hispania, el fin de la República Romana y el inicio del Imperio Romano.

Al finalizar las guerras púnicas Roma comienza a expandirse por la Península Ibérica conquistando pueblos y creando nuevas ciudades. Antes de seguir en la historia hay que hacer un inciso para entender cómo funcionaba el ejército romano. Roma constituyó una de las grandes civilizaciones antiguas, quizás la más grande que el ser humano haya conocido jamás, se extendió por toda Europa, Oriente medio y el norte de África, se caracterizó por poseer grandes ingenieros y unos potentes soldados que lograron edificar puentes, carreteras, acueductos, termas o baños públicos, circos o teatros, templos, grandes plazas, fuentes, sistemas de calefacción y muchas otras novedades desconocidas para muchos. Las legiones romanas podían crear grandes ciudades que aparecían de la nada.

El gran ejército de Roma estaba formado, por ley y de manera obligatoria, por todos los ciudadanos romanos en edad de combatir, es decir, todos los hombres cuya edad oscila entre 16 y 60 años, este tramo de edad era el establecido para la duración del servicio militar. Esto no significaba que se permaneciera en activo todo el tiempo sino que, durante esos años, los ciudadanos de Roma podían ser convocados cuando y cuantas veces fuera necesario, estas convocatorias se denominaban leva de tropas. Aquellos ciudadanos de Roma que fueran llamados a filas se convertirán en los temidos legionarios romanos y para ello recibían un duro entrenamiento de cara a la batalla, así que no sólo eran ciudadanos romanos sino que también estaban entrenados y preparados bajo el régimen militar. Muchos no acudirán con satisfacción a tal llamamiento pero la historia demuestra que la gran mayoría lo consideraría un honor o una oportunidad de ascenso social. El número y la potencia de las legiones romanas dista mucho de un ejército que combate sin ganas, además, los éxitos en el campo de batalla suponían fama y respeto ante el senado y esto, sin duda, podía conllevar una cuantiosa recompensa. Si lo comparamos con el ejército de Cartago o con muchos otros a los que Roma se enfrentó la diferencia es abismal, los cartagineses formaban sus ejércitos mediante mercenarios, hombres llegados de cualquier lugar que luchaban por dinero sin importarles mucho la causa, a excepción de la época de Aníbal,  general que logró inspirar un sentimiento común de unidad en sus tropas que no era frecuente ver. Formar el ejército con mercenarios resulta costoso y, si las tropas no cobraban lo acordado, existía el riesgo de que se revelaran o desertaran. Esta es una de las principales ventajas que Roma tenía ante sus enemigos, sus soldados eran hombres ciudadanos de Roma que poseían un gran sentimiento de unidad y que luchaban por el ideal de Roma más que por el sueldo.

En el s. II a.C Roma ya se encontraba asentada en el Levante Peninsular pero cuando llegó se encontró con un territorio conformado por cientos de tribus independientes unas de otras, sin estado, senadores o cualquier forma de representación conjunta, algunas de estas tribus eran los Lusitanos, Celtíberos, Íberos, Vacceos, Tumorgos, Galaicos, Astures, Vascones, Cántabros… y todos ellos a su vez se dividían en clanes independientes, se peleaban entre ellos o se aliaban como si fueran naciones. A los ojos de Roma, esta distribución del territorio era caótica, desorganizada, nada favorecedora para la economía o las relaciones políticas y comerciales. Roma solucionó este problema administrativo rápidamente y cambió el mapa de la Península estableciendo nuevas provincias bien delimitadas, Hispania Citerior (Cataluña, Valencia y Murcia) con su capital en Tarraco, e Hispania Ulterior (Andalucía) con la capital en Corduba.

Hispania en el s.II a.C

Poco a poco Roma irá avanzando por Hispania, aplicando una administración territorial a su conveniencia y adjudicando tierras y cargos de poder entre los suyos. Cuando por fin domina el sur, forma la provincia de la Bética la cual dispondrá de una importante capital, Híspalis (Sevilla).

Con el sur asegurado comienza a subir por el occidente peninsular conquistando progresivamente a los Lusitanos, este pueblo cuenta con la figura de Viriato, héroe lusitano que se afanó por hacer frente a Roma después de sobrevivir a la masacre indiscriminada a manos del general Galba. Cuando Viriato muere en el año 139 a. C desaparece con él la última resistencia lusitana y el territorio cae en manos de Roma.

El siguiente paso era someter a los pueblos Celtíberos, sólo así conseguirán abrirse camino hacia el norte y dar por finalizada las campañas en Hispania. En estos días vuelve a jugar un papel importante Escipión Emiliano, el núcleo de población más importante de los celtíberos era Numancia (Soria) y los Romanos no tardaron en sitiarla hasta que sus habitantes murieron de hambre o se suicidaron debido a la presión y el sitiado romano. Los pocos que sobrevivieron fueron vendidos como esclavos y la ciudad fue arrasada. Con la conquista de Numancia la expansión sigue su curso sin demasiados contratiempos teniendo en cuenta los pormenores de la guerra. Con cada nueva conquista Roma vuelve a estructurar y ampliar la administración territorial de la península, las provincias de Hispania citerior y ulterior desaparecen y en su lugar se establecieron la Provincia de Lusitania, la Provincia de la Tarraconensis y la Provincia de la Bética.

Hispania siglos II - I a.C

A partir del año 133 a. C la República Romana comienza a decaer y se produce un periodo de transición hacia la época Imperial, esta etapa de la historia de Roma se conoce como etapa clásica y surge con el denominado Conflicto de los Gracos.  Tiberio Sempronio Graco y Cayo Sempronio Graco, hijos de Cornelia Escipión y Tiberio Sempronio Graco, fueron dos hermanos que consiguieron el título de Tribunos de la Plebe, era un cargo importante que consiste en representar y defender a la plebe ante el senado y ante los nobles (patricios), este título además conllevaba el privilegio de inmunidad. Los Gracos intentaron llevar a cabo una reforma agraria basada en devolver la tierra a quienes la trabajaban. Estas propuestas no fueron bien aceptadas entre las familias patricias porque con esta reforma se reducía notablemente su patrimonio. El resultado fue el asesinato de los Graco. Este suceso alimentó el malestar del pueblo romano y se desencadenó una serie de  guerras civiles, la República Romana entró en decadencia y los generales de las legiones se volvieron cada vez más poderosos. El 1 de Enero del año 44 a. C el general Cayo Julio César es nombrado Dictador Vitalicio de Roma, cargo similar el de emperador. A partir de este momento la política de Roma cambia y se establece la época Imperial. Julio César es asesinado en marzo de ese mismo año. Desde Julio César todos los emperadores usarán el calificativo césar para referirse a su cargo, es decir, César significaba Emperador. El sucesor fue Octavio Augusto César, emperador del Imperio Romano y conquistador  de Hispania.

En el año 29 a.C  los romanos tenían conquistada toda la Península Ibérica a excepción de la cordillera cantábrica, la situación era tan insostenible en el norte hispano que el Emperador Augusto César decide acudir en persona con sus legiones. Tras la imponente Cordillera Cantábrica vivían Galaicos, Astures, Cántabros y Vascones, todas estas tribus norteñas seguían haciendo frente a las legiones.

A finales del s.I a.c Roma presumía de haber conquistado la Península, cosa incierta, pues Astures y Cántabros siguen negándose a aceptar las órdenes de unos extranjeros con los que nada tenían que ver. Roma no podía permitir tal cosa, imaginar que tales cuestiones llegaran a oídos de otros pueblos suponía un riesgo de rebelión que no podía permitir. Augusto César decidió tomar parte directa en la batalla con el grueso de su ejército y aunque los romanos afirman que la victoria oficial llega en el 19 a. C, lo cierto es que dicho sometimiento, como veremos más adelante, más que una conquista fue una masacre por parte de los romanos que, llegados a un punto bastante desesperado, decidieron arrasar con todo cuanto encontraban a su paso, además era muy común que los Astures, viéndose sitiados y sin salida,  realizaran suicidios colectivos envenenándose con el tejo o dándose muerte con sus propias espadas, para ellos era mejor morir así que vivir bajo la humillación de ser esclavizados por un extranjero en su propio territorio. Toda esta serie de batallas fueron conocidas como las Guerras Astur – Cántabras, las cuales poseían múltiples y sobradas motivaciones territoriales, políticas y económicas.

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