Las Guerras Astur-Cántabras. Parte I

El  inicio de las Guerras Astur – Cántabras y la conquista del norte peninsular.

Campañas desarrolladas entre el 29 – 25 a.C durante las guerras astur-cántabras

A finales del s.I a.C comenzó la época imperial de Roma con Augusto César como emperador. El Imperio Romano estaba en plena expansión, habían conquistado casi toda Europa, el norte de África y la zona oriental de Asia. Sin embargo las campañas en Hispania se estaban alargando más de lo previsto, a estas alturas deberían de haber conquistado toda la Península Ibérica pero la realidad era que aún resistían algunas tribus del noroeste peninsular.

Hispania, s.I a.C, situación antes de las guerras astur-cantábras

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Augusto necesitaba controlar el norte por muchas razones, la primera justificación era sin duda el control total del territorio peninsular, la fama romana no podía permitirse que ese pequeño rincón del mapa quedará libre e independiente. Otro pretexto fue la expansión del comercio marítimo, con esta nueva conquista los romanos podrían controlar el Cantábrico y abrir una nueva puerta hacia el Oceánico Atlántico. Por otra parte Hispania se consideraba el fin del mundo occidental, desde el Faro de Hércules en Galicia hacia el oeste tan sólo se abría ante ellos una enorme masa de agua que nunca nadie había atravesado. La tercera razón, no declarada de manera oficial pero sí bastante evidente, fue el control de la minería, los romanos creían que toda la tierra astur escondía oro en sus profundidades, algo bastante exagerado ya que en realidad solo se encuentra en las cuencas Nalón – Narcea y Navia, claro que este dato Roma aún no lo sabía. Sin embargo, aún en siglos posteriores, cuando el Imperio ya había realizado sus prospecciones y había reconocido y explotado las zonas ricas en oro, la literatura romana siguió haciendo referencia al oro astur siendo un tema bastante repetido en poemas e historias, siempre con cierto aire de exageración y con un claro fin de engrandecer al Imperio.

Las incursiones en el norte peninsular habían comenzado años antes, la primera gran conquista romana sobre Gallaecia se produjo en el año 61 a.C a manos de Julio Cesar. Los romanos asaltaron y tomaron la ciudad de Brigantium (A Coruña). Durante los años posteriores los galaicos siguieron haciendo frente a Roma en las tierras interiores. En el año 39 a.C Augusto Cesar asume el control de la campaña y consigue el control total del territorio, sin embargo las rebeliones internas y las guerras astur – cántabras no permitirán que la pax romana se firme hasta el año 24 a.C. Las tribus galaicas terminaron pactando y  sometiendose a la romanización. Los romanos bautizaron Galicia  con el sobrenombre de el final de la tierra conocida.

Territorios conquistados por Roma en el 29 a.C - Inicio de las guerras astur-cántabras

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En el año 29 a.C Augusto Cesar decidió mandar a Statilio Tauro contra los Vacceos, pueblo de descendencia celta que residía en el centro de la meseta norte, en ambas orillas del río Duero. Este enfrentamiento afectaba ya de manera directa a los Astures y Cántabros que veían sus fronteras gravemente amenazadas por una potencia nunca antes vista, quizás por eso decidieron ayudar a los Vacceos dando lugar a la  primera gran alianza conocida entre los norteños, sin embargo los Vacceos perdieron la batalla. Roma conquistó los castros de la meseta y los astures y cántabros se vieron obligados a retirarse para proteger las fronteras de sus propios territorios. Con este suceso dan comienzo las Guerras Astur – Cántabras.

Un año más tarde, en el 28 a. C, Augusto César encarga a Calvisio Sabino la defensa y conservación de las nuevas fronteras.

OROSIO, VI, 21, 1: “En el 726 de la fundación de la ciudad (28 a.C.), siendo cónsules el emperador Augusto por sexta vez y M.Agrippa por segunda, entendiendo que lo hecho en Hispania durante doscientos años se reduciría a poco si se permitía que los Cántabros y Astures, los dos pueblos más fuertes de Hispania, actuaran a su albeldrío, abrió las puertas del templo de Jano y salió personalmente hacia Hispania con un ejército…”.

Al año siguiente, en el 27 a. C un nuevo general, Sexto Apuleyo dirigió el ataque contra las tribus de los Várdulos, Caristos y Vascones. Esta campaña permitió asegurar las comunicaciones entre Aquitania (Francia) y el norte ibérico, los ejércitos iban tomando posiciones y, sin llegar a invadir directamente a los pueblos situados más al norte, los rodeaba y les cortaba el paso hacia la meseta. Todos los territorios conquistados fueron incluidos en la provincia de la Tarraconensis.

En el año 26 a.C Augusto comenzó a impacientarse, decidió establecer su residencia en Tarraco (Tarragona) y tomó el mando directo de las operaciones. Los Astures y Cántabros tuvieron que prepararse para hacer frente a una guerra como nunca antes habían librado, Roma aparecía ante sus puertas como un ejército feroz que no se detenía ante nada, miles de hombres formaban filas que no tenían fin y que se perdían en el horizonte. Augusto sentía la responsabilidad inmediata de acabar con los rebeldes del norte, Roma llevaba 200 años luchando por conquistar la Península Ibérica y tenía ganas de acabar dicha tarea, además la interminable conquista de Hispania comenzaba a resultar incómoda y mal vista entre el senado romano ya que veía como los ciudadanos romanos que marchaban a Hispania para la grandeza de Roma raramente regresaban.

Augusto decidió posponer su campaña en Britania a fin de concentrar todas sus fuerzas en tierras astur – cántabras y dar por finalizada la conquista de Hispania. El César llegó a Segisama (Burgos) procedente de Tarraco (Tarragona) con cinco legiones que sumadas a las dos que ya tenía dispuestas en Lusitania daba un total de 75000 hombres dispuestos a morir por Roma. Estas legiones fueron I Augusta, II Augusta, IV Macedonica, V Alaude, VI Victrix, IX Hispaniensis, X Gemina y XX Valeria Victrix. A este ejército además se sumaban las tropas auxiliares que acompañaban a las legiones. Roma también contaba entre sus filas con los más notables ingenieros, los cuales se encargaban de analizar todo antes de una batalla para saber así qué armas eran las más adecuadas, cuál era el mejor paso y, si no lo había, por dónde podrían construirlo mediante puentes o caminos, cosa que hacían los propios soldados con asombrosa rapidez, en un solo día levantaban asombrosos campamentos y en pocos meses levantaban ciudades completas.

Los planes de Augusto Cesar consistían en realizar un ataque simultaneo que los norteños no pudieran frenar, para ello  Publio Carisio y sus dos legiones debían partir desde Lusitania y  ocupar la zona occidental de tierra astur, mientras el propio Augusto atacaría a los Cántabros en colaboración con Antistio, por último y de forma simultanea, la flota de Aquitania cubriría la retaguardia por mar. Se trataba de un movimiento triple donde si todo salía como estaba previsto conseguiría la victoria en poco tiempo, el senado romano tendría que reconocer su grandeza y podría continuar con la conquista de Britania.

planes augusto cesar guerras astur-cántabras

Floro, historiador romano del s.I d.C hace referencia al inicio de las Guerras Astur-Cántabras diciendo:

“Por el occidente estaba ya casi pacificada toda Hispania, fuera de la región pegada a los últimos peñascos del Pirineo que baña el océano por la parte de acá. Aquí se movían dos pueblos muy poderosos, los Cántabros y Astures. El espíritu de rebelión de los Cántabros fue el primero y el más indomable y tenaz ya que no contentos con defender su libertad intentaban también dominar a las tribus vecinas y molestaban con frecuentes razzias (escaramuzas) a los Vacceos, Tumorgos y Autrigones. Por ello, al saberse que estaban actuando con mayor actividad, Augusto dirigió por si mismo una expedición, sin confiarla a los otros. Llegó a Segisama donde levantó campamentos y desde allí con un ejército de tres columnas abarcando toda la Cantabria se lanzaba contra aquella gente feroz como si se tratase de una batida contra alimañas. Tampoco se dejó descansar la costa ya que la armada dispuesta castigaba las espaldas enemigas. El primer combate se trabó contra los Cántabros bajo los muros de Bergida. De allí enseguida huyeron al Mons Vindius…(Picos de Europa)”.

En la primavera del año 26 a. C Augusto partió contra los Cántabros, avanzó desde Segisama hacia el norte, siguió el Pisuerga y llegó al castro de Amaya, última resistencia antes de enfrentarse a la montaña, Amaya era un importante punto estratégico, desde este castro se podía controlar fácilmente los pasos a territorio cántabro, estaba situado sobre un macizo conocido como Peña Amaya, a 1377m sobre el nivel del mar, en la localidad de Amaya, en la frontera entre Burgos y Cantabria. Los romanos ganaron la batalla y el castro fue arrasado pero no fue abandonado, Augusto montó su campamento muy cerca del castro y lo mantuvo activo, poco a poco Amaya se fue romanizando y se mantuvo en años posteriores como una ciudad de referencia en la zona.

Las legiones romanas siguieron avanzando hasta llegar a Véllica (Castro de Monte Cildá,  Olleros de Pisuerga), aquí se desarrolló una gran batalla en el valle de Mave llevada a cabo por la legión IV de Macedonia. Los Cántabros erraron permitiendo que la contienda se desarrollara en un terreno amplio y abierto porque la superioridad numérica de Roma junto con su artillería y armas de asalto superaban por mucho a las tribus locales. Al combatir en el valle perdieron cualquier oportunidad de ganar la batalla, Roma salió sobradamente victoriosa y como es costumbre en casi todas las guerras (por no decir en todas) tras la victoria vienen los correspondientes saqueos, violaciones y recuento de nuevos esclavos. Los pocos que lograron sobrevivir huyeron y se refugiaron en el Mons Vindus (montes blancos de la Cordillera Cantábrica), según Floro marcharon para esta zona por que pensaban que “…antes llegarían allí las aguas que las ordes romanas”. Debido a lo complicado del terreno y al no poder presentar batalla en campo abierto la estrategia de Roma consistió en cercar el monte situando a sus ejércitos alrededor de éste. Se cuenta que, antes de verse sometidos, los rebeldes prefirieron morir de hambre o simplemente quitarse la vida cuando ya no resistieron más el sitiado. Roma ganó la batalla de una manera poco honorable para un guerrero aunque no por ello menos favorecedora, no venció luchando si no esperando a que el sitiado hiciera efecto, se cortó el paso de suministros por lo que los cántabros no podían abastecerse. Cuando nadie quedaba ya vivo en el núcleo de resistencia los romanos encontraron una imagen desoladora, decenas de cadáveres les esperaban y nadie con el que enfrentarse en combate directo.

Dion Cassio deja escrito:

“ Los Cántabros no quisieron rendirse, confiando en la montaña, no se atrevieron a venir a manos romanas, por ser inferiores en número y reducirse la mayor parte de sus armas a flechas; sucediendo también que a cualquier parte que Augusto enviaba a sus soldados, los Cántabros variaban sus movimientos desde las alturas, que tenían ocupadas, con estrategias de varias emboscadas. Llegó el emperador a melancolizarse tanto por estas dificultades, trabajo y pérdida de su ejército que se retiró a Tarraco…”

Lucio Floro, por su parte dice:

“ … dispuso el Emperador atacar a los Cántabros por mar, enviando allá la escuadra y desembarcando sus tropas en los puertos para combatir al enemigo por el frente y por la espalda. Los Cántabros viéndose atacados por todas partes y que el emperador se había retirado de la frontera, resolvieron buscar al enemigo que les venia por delante y le presentaron batalla en Vellica, pero aunque el corazón era invencible, los Cántabros perdieron la batalla y se retiraron al Mons Vindus que creían inaccesible para los Romanos”.

Con esta nueva conquista quedaban abiertos los pasos de montaña, pero los Picos de la cordillera son traicioneros y conducir a un gran ejército por ellos es peligroso y arriesgado, el invierno llegaría pronto y la nieve pronto cubriría los caminos, durante las estaciones frías llovía o nevaba la mayor parte del tiempo y era frecuente la niebla y las temperaturas por debajo de los 0º. Augusto tenía prisa, no podía permitirse esperar a que pasara el invierno y mucho menos que el frío y el mal tiempo les pillara intentando cruzar la montaña ya que estarían condenados a una muerte casi segura. Era necesario alcanzar el castro de Aracillum (actual Aradillos, cerca de Reinosa, Cantabria)  y superar la cordillera antes de la estación fría les impidiera hacerlo.

Este mismo año (26 a.C) se produce el sitiado del castro de Aracillum al mando de Cayo Antistio Vetus. Este general ordenó construir tres campamentos alrededor del castro, entre todos englobaban a cinco legiones, los soldados romanos además construyeron una empalizada de más de 20km alrededor del castro con trincheras que dificultaban aún más el acceso. Los habitantes que resistían en Aracillum se encontraron de repente encerrados en su propio castro, no podían salir puesto que la empalizada romana les cortaba el paso y si no podían salir tampoco nadie podía entrar, los alimentos pronto comenzaron a escasear y la gente empezó a morir de hambre, los que no soportaron hasta ese punto de inanición decidieron suicidarse y para cuando Roma entró al castro este parecía un lugar fantasmal, una ciudad de muertos, pues fue lo único que encontraron, no había grandes riquezas, no quedaban mujeres, no había supervivientes a los que esclavizar, Roma venció pero no obtuvo por ello recompensa, sólo un castro de piedras con cuerpos muertos allá a donde se mirase.

Orosio continua la historia narrando:

“… pero estos fueron sitiados por hambre y casi todos perecieron. Resistiéndose con gran fuerza el lugar y fortaleza de Aracillum aunque Roma la venció y asoló….”

La costumbre de los norteños de suicidarse antes que someterse estaba convirtiéndose en un hábito nada beneficioso, ni para la moral de los soldados, ni para la economía romana, este hecho no gustaba entre las filas, después de una batalla siempre había un botín y a falta de riquezas podrían encontrar hombres y mujeres a los que usar a su antojo pero, en el norte de Hispania esto no estaba sucediendo, a juicio de las legiones los soldados no obtenían nada por su esfuerzo y esto podía traer problemas, el descontento entre los soldados no era nada bueno. Muy cerca de Aracillum, tiempo después se erigirá una de las ciudades romanas más importantes del norte peninsular, Juliobriga.

Augusto estaba contento, habían logrado atravesar la cordillera y parecía que tenía el camino despejado para poder llegar a la costa cántabra. Siguiendo el plan llegó a Castro Urdiales, situado en el límite más oriental del territorio cántabro, era un castro costero que limitaba con la actual Vizcaya y se situaba a 75km de la actual Santander, sin duda un importante punto estratégico puesto que, si obtenían una nueva victoria podrían acceder a tierra astur y a tierras vascas por la costa. Augusto obtuvo la victoria con el apoyo de la flota de Aquitania. El castro quedó rodeado por todos sus flancos, Roma lo tenía bastante fácil y los Cántabros fueron vencidos. Con esta nueva conquista la puerta oriental hacia los astures estaba por primera vez abierta. Augusto debió de pensar que lo más difícil ya estaba hecho aunque aún le quedarían muchas batallas y muchos problemas que afrontar. Cerca de Castro Urdiales se construyó la ciudad de Flaviobriga, que junto con su hermana Juliobriga supusieron dos grandes ciudades romanas y centros de poder en el territorio cántabro durante los años posteriores.

El personaje más conocido entre las tribus astur – cántabras que compartían la zona de Picos de Europa era Corocotta, un líder famoso por la resistencia que presentó contra Roma, las crónicas cuentan que Augusto puso el precio de 200.000 sestercios por su cabeza y Corocotta, ni corto ni perezoso, fue hasta el campamento romano para reclamar la recompensa por sí mismo. Se dice que Augusto quedó tan sorprendido por su osadía que no solo le dejó marchar con vida si no que también le dio la recompensa prometida. Otro personaje renombrado por Dion Cassio es Laro, otro caudillo cántabro del que dice:

“El cántabro Laro, quien aun desprovisto de dardos, seguía siendo temible por la naturaleza de sus miembros y por su gran corpulencia”.

Silio Itálico añade:

“Este Cántabro que, incluso sin sus armas, podia inspirar el terror por su gigantesca estatura, tenia por nombre Larus. Según la costumbre de su gens, luchaba salvajemente con un hacha en la mano. Por más que viese en torno de sí hundirse las filas deshechas y desaparecer la joven tropa de su gens, el sólo cubría los puestos de los que caian muertos. Si el enemigo se presentaba de frente, disfrutaba golpeándole con rabia de frente; si el ataque se producia por su parte izquierda, volvia su arma y golpeaba de revés. Pero cuando un adversario ardiente y seguro de su victoria le atacaba por la espalda el, sin intimidarse, sabia lanzar su bipennis hacia atrás: ninguna aproximación era sin peligro con el. Pero Scipio, hermano del invencible jefe, le lanzó su pica con potencia, cortándole el penacho que remataba su casco de cuero, pues la punta, lanzada demasiado alta, pasó y fue desviada lejos con un golpe vertical de hacha. Pero el joven, más enfurecido por este violento ataque, se abalanzó y, con un grito tremendo, batió su bipennis de bárbaro. Se estremecieron las filas y en el aire resonó el umbo del escudo golpeado por todo el peso del arma. Y el castigo llegó: pues cuando retiraba su mano, después de haber golpeado, la cercenó de un golpe un tajazo de espada, cayendo inerte con el arma querida.Cuando estos desgraciados vieron desplomarse a su defensor, de inmediato produjeron huida general en sus filas y desbandada a través de los campos…”.

Mientras Augusto hacía frente a los Cántabros ordenó que una parte de su ejercito acudiera al oeste peninsular con el fin de unirse a las tropas de Plubio Carisio. Carisio era gobernador de Lusitania y fue el encargado de proteger las minas auríferas del noroeste peninsular. En cumplimiento de las ordenes recibidas recorrió las tierras del Sil y estableció una guarnición a la que llamaría Asturica y que sería la principal responsable de hacer frente a las tribus rebeldes de los Astures y tomar de una vez por todas el territorio.

Las guerras astur-cántabras, campañas del 29 - 25 a.C

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En el año 25 a.C los Astures realizan uno de los pocos consejos tribales que se conocen en esta época, todos o al menos la gran mayoría de los clanes, se reunieron para valorar la situación en la que se encontraban. Roma llamaba a sus puertas y no lo hacía de manera amistosa, los Cántabros habían sido arrasados y lo mismo había sucedido con los Lusitanos o con sus hermanos del sur, pactar con Roma no servía de nada ya que exigían sometimiento y el orgullo y tradiciones de los Astures no concebían tal cosa, estaban en su tierra y no eran ellos lo que osaban ir por ahí invadiendo pueblos. No sabremos nunca lo que en esa reunión se habló pero si podemos intuir la decisión más importante que se tomó, establecer una alianza de tribus astures para poder hacer frente al Imperio y trazar un plan de acción que impidiera que Roma cruzara la cordillera.

Con la retirada de las primeras nieves cientos de astures descendieron de los montes decididos a atacar al unisono las tres columnas de campamentos de invierno de los romanos, a sabiendas de que Roma solía usar los meses fríos para que sus legiones descansaran y que durante este tiempo no solían presentar batalla, entre otros motivos por que los pasos de montaña aún estaban cerrados para un ejército tan numeroso y pesado. La campaña astur hubiera sido un éxito si no llega a ser porque los Astures fueron traicionados por una de sus propias tribus, los Brigaecini que habitaban en Brigaecium (actual Benavente), estos avisaron a Carisio de los planes que se estaban llevando a cabo; el general rápidamente partió de su residencia en Ocelo Durii (Zamora) hacia Brigaecium.

Fue un verdadero golpe de suerte para Roma porque los norteños estaban ganando la partida, el ataque no permitió que los campamentos se organizasen y los Astures por primera vez parecían superiores a los sorprendidos romanos. Pese a lo favorable la situación fue muy diferente en el caso de los Astures que estaban apostados en Brigaecium, Carisio los sorprendió atacándoles por el flanco y la retaguardia y les obligó a emprender la retirada causando duras bajas en las filas astures. Los que lograron sobrevivir pudieron llegar a Lancia donde encontraron refugio, según los historiadores antiguos una de las ciudades más poderosas e importantes entre los astures, famosos por crear grandes lanzas que dan honor a su nombre y por poseer una gran muralla. Lancia actualmente se localiza cerca de Villasabariego, en León, se trata de un importante complejo arqueológico que aún se encuentra en excavación y que ha aportado un número importante de piezas astures y romanas además de una estela funeraria que dice:

        estela romana de lancia

“A los Dioses Manes Flavio Festo procuró que se erigiera

A su piadosisimo y deseadisimo Flavio Sabino, ciudadano de

La ciudad de Lancia, que vivió aquí 32 años, 1mes y 14 días”

Si los Astures creyeron estar a salvo de Carisio se equivocaron, Roma no iba a permitir que su osadía pasara de largo y mucho menos cuando ahora eran los Astures los que huían,  los persiguió hasta Lancia y atacó la ciudad justificándo la ofensiva con el ataque que los campamentos romanos de invierno habían sufrido a manos de los astures. En realidad este era el pretexto perfecto para seguir tomando ciudades y acercándose cada vez más a la costa asturiana, aún no habían logrado penetrar en la cordillera astur pero, si conseguía tomar esta nueva urbe se le abría una de las mejores vías a través de los puertos de montaña o al menos la más directa.

Lancia hizo frente a Roma sin éxito, aunque los texto antiguos destacan que el general permitió que la ciudad conservara su grandiosidad es difícil pensar que no fuera pasto de las llamas. Tras unas victorias a base de sitiados la conquista de Lancia suponía un incremento de la moral de los soldados que por fin conseguían una ciudad con productos y ciudadanos de los que abastecerse, por ello es más fácil creer que los soldados arrasaron, saquearon y tomaron la ciudad. Esta victoria traía consigo algo poco habitual entre los castros astures, un buen botín y a Carisio ésto le llegaba en el momento justo ya que sus planes de futuro nada tenían que ver con quedarse en las tierras del norte.

Sobre las batallas de Brigaecium y de Lancia hay bastantes referencias en los textos antiguos, en todos ellos se aprecia la tendencia de engrandecer al Imperio pero nos permite hacernos una idea del transcurso de la contienda.

“…Durante esta misma época, los astures, formando una enorme columna, habían descendido de sus nevadas montañas; su ataque no se lanzaría a la ligera, al menos para los bárbaros, sino que después de haberse establecido su campamento en el río Astura (Esla) y dividió sus fuerzas en tres grupos distintos, se disponían a atacar a un mismo tiempo los tres campamentos romanos.

La lucha contra enemigos tan valerosos, cuya llegada había sido rápida y bien concertada, se habría desarrollado de forma dudosa y sangrienta en el caso de que los Brigaecinos no les hubieran traicionado y enviado a Carisio un aviso; supuso para nosotros una victoria el haber cumplido sus proyectos, sin poder evitar, por tanto, una lucha sangrienta.

El resto del ejército en retirada, fue acogido en la ciudad de Lancia, muy fortificada, donde la disposición de este lugar hizo la lucha tan encarnizada que después de la toma de la ciudad, los soldados reclamaban antorchas para incendiarla y su general a duras penas pudo salvarla, asegurándose que la ciudad recibiría mejor la victoria romana si estaba intacta que si era incendiada.”

Dión Cassio, cónsul en el s.III d.C (año 229) escribe:

“… A causa de estos esfuerzos y preocupaciones Augusto se sintió enfermo y se retiró a Tarraco, con el objeto de recuperarse. Cayo Antistio continuó la lucha contra ellos y los reprimió por completo, no porque fuera mejor general que Augusto sino porque, al ser menos temido por los bárbaros, los norteños salieron al mismo tiempo al encuentro de los romanos y fueron derrotados.

De esta forma pudo tomar algunos de sus lugares y posteriormente Tito (sic) Carisio conquistó Lancia, la mayor aldea de los Astures, que había sido abandonada y sometió muchas otras”

Orosio deja escrito:

“…Por su parte los Astures, levantando su campamento junto al río Astura, habrían abatido a los romanos si no hubieran sido traicionados y descubiertos, dispuestos a lanzarse de improvisto contra tres legados que estaban establecidos con sus respectivas legiones en tres campamentos distintos… fueron descubiertos por la traición de los suyos.

Con posterioridad, cogidos de improvisto, serían derrotados por Carisio, aunque con pérdidas no pequeñas para los romanos, una parte de ellos, que logró escapar de la matanza se refugió en Lancia. Rodeada la ciudad y dispuestos los soldados a entregarla a las llamas, el general Carisio solicitó a los suyos que desistieran del incendio y obligó a los bárbaros a entregarse por propia voluntad…”

Con Lacia tomada  se consideró conquistado el territorio de los Astures Cismontanos (renombrados como augustanos) y creyeron los romanos que se podrían tomar un descanso. Carisio decidió partir hacia el sur con la intención de emplear su parte del botín en fundar una nueva capital, la llamaría Emérita Augusta y sería  su lugar de retiro, pero nada más emprender su viaje tuvo que regresar pues le llegó mensaje urgente de que miles de hombres y mujeres estaba descendiendo nuevamente de las montañas y habían atacado tres campamentos romanos en el río Ástura (Esla), las guerras astur- cántabras aún no habían finalizado. El general se irritó mucho, los astures no solo le estaban retando si no que además acababan de hacer pedazos todos los planes que tenía en la fundación de la nueva ciudad de Emérita.

Continuara………

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