Las Guerras Astur-Cántabras. Parte II

Las Guerras Astur-Cántabras

Campañas desarrolladas entre el 25 – 19 a.C

El Imperio Romano llevaba 5 años con las guerras astur-cántabras en el noroeste de Hispania y había conquistado el territorio de los cántabros y parte de los astures.

Orosio: “Después de cinco años de guerra en Cantabria, sosegada toda Hispania y reclinándose con un cierto respiro de cansancio en una eterna paz, Cesar regresó a Roma…”.

“…Concedió Cesar este honor a la victoria sobre los Cántabros. Ordenó que se cerrasen entonces también las puertas del templo de la guerra. Así, por segunda vez en tiempo de Cesar y por cuarta desde la fundación de la ciudad, se cerró el templo de Jano…”.

Sin embargo aquellos que se escondían en la montaña y los astures trasmontanos que vivían al otro lado de la Cordillera Cantábrica seguían resistiéndose a la conquista mediante una guerra de guerrillas basada en incursiones por sorpresa que causaban graves daños a las guarniciones romanas que intentaban controlar el territorio.

Imperio romano - s.I a.C - las guerras astur-cántabras

Imperio Romano s.I a.C

En el 25 a.C, tras un breve descanso se reanudan las guerras astur-cántabras. El general Carisio tuvo que volver a tierra astur y juró que los rebeldes se arrepentirían, recopiló a sus tropas y fue recorriendo el territorio palmo a palmo arrasando todo lo que a su paso se encontraba, poblaciones grandes o pequeñas, zonas de cultivo, pastos, ganado… creó un ejército de destrucción, el mensaje era claro, si los astures no se sometían los exterminaría. Dispuso también que aquellos que cayeran prisioneros fueran convertidos en esclavos, muchos fueron enviados a las minas de donde nunca más regresaron y otros fueron subastados a fin de mandarlos lo más lejos posible para que nunca pudiera regresar, así fue como muchos astures acabaron en África o en Germania.

Por esta época se le atribuye a Plubio Carisio la apertura de la Vía Carisa, consigue llegar hasta un paso montañoso a más de 1700m sobre el nivel del mar, frontera natural que tan solo se abre los meses cálidos, el resto del tiempo la nieve impide el acceso. Esta parte de la cordillera separa los concejos de Aller y Lena. La historia de la Carisa representa una nueva batalla, quizás una de las más importantes de las que se desarrollaron en tierras astur trasmontanas.

Los astures no habían bajado sus defensas y pronto se dieron cuenta de que la legión V Alaude se acercaba al paso montañoso. Las personas que moraban en las cercanías de este paso pertenecían a la gran tribu de los Luggones, eran expertos montañeros que sabían aprovechar la dificultad del terreno para defenderse. 

En este punto de la Carisa se descubrió una gran muralla pero las últimas investigaciones apuntan a que fue creada por los Visigodos y no por los astures. Lo que si se mantiene es el campamento romano.

Si Roma quería entrar en tierra astur trasmontana tendría que enfrentarse a los astures y controlar el paso montañoso. A Roma la tarea de atravesar la cordillera le llevó más tiempo del que en un principio preveía, no iba a resultar tan fácil, Carisio no conseguía atravesar el paso y tuvo que establecer un importante campamento militar que destaca por la altura en la que se encuentra (1700 msnm), algo poco común. Este campamento sufrió sucesivas ampliaciones según aumentó la necesidad de tropas. La estrategia de los astures consistía básicamente en resistir y esperar la llegada del frío y la nieve, convencidos de que sería la naturaleza la que obligara a sus enemigos a descender y emprender retirada. 

No conocemos bien cuanto tiempo duró el asedio romano y cuando lograron acceder a tierra astur pero lo evidente es que lo consiguieron. El paso de la Carisa era un punto importante de vigilancia, desde él puede verse por el oriente hasta los picos de Europa y por el norte hasta el monte Areo, además está protegido por unas imponentes fronteras naturales. Carisio logró llegar a este lejano e insólito paraje y vencer a sus ocupantes, dándose cuenta de su importante posición estratégica lo ocupó y lo convirtió en campamento romano que se mantuvo activo durante el transcurso de las guerras astur-cántabras, reforzó las murallas y creó fosos dobles y triples, contra-fosos y paseos de ronda.

En las excavaciones e la Carisa se pudieron recuperar dos monedas, una acuñada en el año 50 a.C representando a Julio Cesar con el símbolo del elefante y una segunda moneda acuñada por el propio Publio Carisio este mismo año, 25 a.C.

Fue este general quién logró abrir el camino romano más antiguo que comunicaba Asturias con la Meseta, desde Busdongo hasta Ujo, atravesando el mismo centro de la cordillera. Según fue avanzando el ejército romano esta vía se extendió hacia la costa pasando por Lucus Asturum (Lugo de Llanera) y llegando a Oppidum Noega (Gijón).

Según Dion Cassio, en el año 25 a.C Augusto obligó a cántabros y astures a pedir la paz, les exigió una cantidad y envió soldados a cobrarla. Teniendo en cuenta que los Astures aún no conocían la moneda lo más probable es que este pago se realizara con materias primas u otros útiles o materias elaboradas.

En el año 24 a. C la región astur – cántabra parecía aparentemente pacificada o eso declaraba Roma. Algún día de este año los astures ofrecieron a los romanos, a modo de buena voluntad, unas cargas de trigo como tributo o regalo. Esta acción fue bien interpretada por los soldados al cargo, acostumbrados a cobrar o recibir regalos por parte de los pueblos sometidos, para Roma ésta era una manera que tenían los pueblos conquistados de demostrar su sumisión y su fidelidad al Imperio. Los legionarios fueron a recoger el trigo pero se encontraron en una emboscada en la que los astures consiguieron la victoria. Esta escaramuza avivó la llama y comenzaron a atacar a las patrullas romanas con las que se encontraban. Durante este mismo año los astures se rearmaron y atacaron los campamentos romanos del Esla obteniendo una nueva victoria.

Orosio dice:

“…Y aun habiendo mencionado el fin, refirió al año siguiente una vil traición de Cántabros y Astures, que sabiendo la ausencia del Emperador, avisaron al Capitán General Lucio Emilio que si quería trigo y otras cosas para su ejercito se las darían. Emilio envió muchos soldados que las porteasen, pero los supuestos amigos los llevaron a sitios oportunos y los mataron. Emilio los vengo prontamente talando la tierra, quemando varias fortalezas y cortando las manos a los que cogían, así fueron prontamente sujetados”.

El nuevo legado de la Hispania Citerior se llamaba Lucius Aelius Lamia, cuando le llega la noticia de estos ataques Lamia envió tropas con ordenes directas de arrasar al enemigo si no se sometía ante el Imperio. Por segunda vez los astures experimentaron la ira romana en todo su apogeo y las legiones se encargaron de destruir todo lo que se encontraban a su paso, los astures vieron sus viviendas quemadas, sus campos inservibles, sus mujeres violadas, sus hermanos y hermanas hechos esclavos… pero esta vez el castigo traía algo peor, Roma dio orden expresa de que a todos aquellos astures que tuvieran edad de empuñar un arma se les cortaran las manos. Creyeron los generales romanos que así los astures se amedrentarían y caerían ante el miedo pero sucedió todo lo contrario, cuanto más daño hacía el Imperio más orgullosos y más rebeldía mostraban los astures, llevaban ya varios años de batallas y escaramuzas para poder dominar una porción de terreno insignificante en comparación con lo que Roma era ya en estos momentos. Los soldados comenzaban a cansarse, hasta Augusto comenzaba a desesperar por todo lo que Roma venía arrastrando con la conquista de Hispania, algo que duraba ya dos siglos, había que cortar el problema de los norteños con la mayor brevedad posible.

Dion Cassio nos cuenta que en el año 22 a.C Carisio regresa al suroeste del territorio astur, los rebeldes se refugiaban en el Mons Medullius (Las Médulas), muy cerca de las zonas mineras y esto era intolerable, había grave riesgo de que los rebeldes contagiaran con sus pretensiones a los esclavos que trabajaban en las minas y lo último que Roma necesitaban era perder las zonas mineras recientemente adquiridas y las vías de acceso a la cordillera. Los Astures deberán enfrentarse a las tropas de Plubio Carisio y a las de Cayo Furnio como consecuencia de las últimas acciones acometidas.

Floro nos cuenta de esta batalla:

“… por último tuvo lugar el asedio del Monte Medullio, sobre el cual, después de haberlo cercado por un foso continuo de quince millas, avanzaron al tiempo los romanos por los dos lados. Cuando los bárbaros se ven reducidos a extremar necesidad, a porfía, la espada y el veneno que allí acostumbraban a extraer de los tejos. Así la mayor parte se libró de la cautividad, que a una gente entonces indómita parecía más intolerable que la muerte. Augusto que estaba invernando en Tarraco, recibió estas noticias por los legados Antistio y Furnio y por Agripa. A continuación él mismo haciéndose presente en el teatro de la guerra los hizo bajar de sus montes, tomando a unos como rehenes y vendiendo a otros en subasta según el derecho de guerra. El senado consideró que la acción era merecedora del laurel y del triunfo, pero Augusto era ya tan grande que despreció encumbrarse aun más con el triunfo…”

“…Derrotados por Cayo Furnio ambos pueblos, puesto que socorrió también a Carisio (legado de la Lusitania), fueron reducidos a esclavitud…”.

El foso que sirvió para el asedio también aparece citado por Orosio:

“… pues también cercó con asedio el Monte Medullio, que se alza sobre el río Minio, y en el que se defendían gran multitud de hombres, después lo rodeó con un foso de quince millas de longitud.”

Con la conquista del Monte Medullius y de la urbe de Bergidum (en Cascabelos, Villafranca del Bierzo) consiguen los romanos abrir la Vía de la Mesa y con ello el acceso a las zonas auríferas del occidente astur trasmontano. Poco a poco Roma iba ganando terreno y los astures lo iban perdiendo. Si en el centro y oriente de Asturias tuvieron que atravesar una imponente cordillera que poco a poco iba descendiendo en altura hasta encontrarse paralela con el mar, el occidente es aún más angosto, se trata de un sistema de sierras perpendiculares al mar con escasos valles. Sus gentes habitan en las mismas montañas o en las cuencas de los ríos y el paraje que les rodea es espeso. El acceso por esta vía significaba el control sobre el más preciado metal y este era uno de los objetivos más importante de Roma, gobernar estos castros suponía disponer de buenos puntos estratégicos y comerciales. A diferencia de otras zonas, el occidente asturiano fue más ocupado por los romanos, los castros siguieron funcionando como centros de control para la minería y la vía de la Mesa se completó estableciendo un nuevo punto de comunicación con la costa atravesando Somiedo, Teverga, Grao, Lugo de Llanera donde se fundó Lucus Asturum y llegando así al Oppidum Noega.

Con la apertura de la Vía de la Mesa y el fin de las campañas Augusto César consideró el territorio sometido y proclamó que las guerras astur-cántabras habían finalizado, el emperador decidió volver a Roma para celebrar la conquista definitiva de Hispania.

Floro: “…Este fue para Augusto el final de sus trabajos bélicos y también el de las rebeliones de Hispania. En lo sucesivo se mantuvieron fieles y gozaron de eterna paz, gracias no sólo a su talento dispuesto para las artes pacíficas, sino también por la previsión del César, el cual, recelando del amparo que ofrecían los montes en los que se refugiaban, les ordenó habitar y establecerse en los campamentos situados en la llanura. Allí estaba el consejo del pueblo y aquel poblado recibió los honores de capital…”.

Pese a la declarada Pax Augusta, tan pronto como Augusto acudió a Roma los astures trasmontanos volvieron a alzarse en armas y los castros que estaban ocupados comenzaron a sublevarse. El general al mando era Plubio Carisio y no se lo podía creer, no entendía muy bien que pretendían los astures, para sofocar las revueltas decidió mandar una legión entera con la misión de destruir cualquier resquicio de población indígena. Tomó la vía que unía Asturica Augusta con Lucus Asturum y siguió el curso del río Cubia hasta su unión con el Nalón, dirigiéndose lo más rápido que podía al enclave de montaña donde los astures se habían refugiado. Fue una masacre, el general romano ordenó crucificar por las caminos a los rebeldes que fueran capturados con vida y despeñar en la misma montaña a otros tantos. Pero a pesar del despliegue de efectivos romanos la situación seguía siendo la misma, los astures en cuanto podían se reorganizaban y atacaban a las patrullas donde menos se lo esperaban, prendían fuego a las empalizadas y mataban a cualquier romano que entrara distraído en sus bosques o montes, derribaban los puentes que los soldados romanos construían para poder cruzar los ríos e incluso llegaron a atacar las minas de oro consiguiendo liberar un número considerable de esclavos.

Carisio decidió reflexionar sobre la situación, no podía pasarse los años haciendo frente a las guerrillas en el monte astur, no le gustaba esta tierra y las continuas revueltas debilitaban su posición ante el Senado Romano, su reputación estaba en juego, y aún más importante, su futuro estaba en la cuerda floja, el Senado ya estaba cansado de los problemas en Hispania, la guerra desde sus orígenes estaba siendo demasiado larga. La decisión adoptada por el general fue simple, siempre era más fácil destruir una sociedad que intentar convertirla, debía arrasar el territorio y destruirlo todo, no podía dejar a nadie con vida, quemaría hasta la última brizna de hierba si era preciso, tenía que acabar con los irritantes norteños a toda costa y lo más rápido posible. Sin embargo sabía que necesitaba apoyo, el sólo no podía cubrir todos los frentes abiertos, pidió ayuda a Cayo Furnio, el cual decidió cambiar la estrategia a seguir, en vez de disponer de un gran ejército que por su volumen presentaba serios problemas para moverse entre los montes, imitarían las tácticas astures, creó pequeñas guarniciones encargadas de quemar los bosques y dar muerte a cualquier astur que se encontraran en el camino. Las guarniciones romanas cumplieron su misión con gran efectividad, la cordillera ardió y los astures, ante la quema continuada de los árboles que les protegían, tuvieron que descender a los valles donde Roma esperaba con el grueso de las legiones y donde si que tenía una gran ventaja táctica. La mayoría de los grupos astures que resistían finalmente se vieron obligados a descender al valle. Roma consiguió con estas campañas tomar gran parte del territorio, sin embargo los astures que habían logrado escapar siguieron reorganizándose y sublevándose. Carisio no lograba apaciguar la zona y el Senado Romano decidió hacer una reflexión, consciente del desastre de la situación, tomó la decisión de trasladar la administración del territorio a la provincia de la Tarraconense, dejando a Carisio fuera del gobierno y de la toma de decisiones correspondientes a los Astures, era el año 19 a. C

En el año 19 a.C los romanos tuvieron que hacer frente a una nueva revuelta, pero esta vez no fue en tierra astur si no en sus propias casas. Los esclavos estaban cogiendo la costumbre de asesinar a sus dueños y poner rumbo de vuelta a casa por muy lejos que Roma decidiera mandarlos.

Dion Cassio:  “Pues los Cántabros hechos prisioneros en la guerra y vendidos como esclavos asesinaron a sus dueños y regresaron a sus casas…”.

Orosio: “… los que habían sido hechos prisioneros, y vendidos como esclavos, mataron a sus señores, y volviendo a sus casas, movieron alianzas y se apoderaron de alguna fortaleza tratando de acometer los presidios romanos. Vino entonces contra ellos Agripa al cual le costo manejar a sus propias tropas porque varios veteranos, fatigados de tan continuas guerras y temerosos del valor y tierras de los cántabros no querían sujetarse a sus ordenes. Los convenció con promesas y amenazas y con todo eso padeció mucho su ejercito porque los cántabros no vivían sin la guerra…”

La situación era insostenible, quién iba a querer a un esclavo astur si disponían de tal fama. La reputación de Augusto con respecto al norte de Hispania estaba cada vez más dañada y las relaciones entre los propios miembros del senado romano estaban cada vez más difíciles porque las intrigas y los intentos por conseguir más poder estaban a la orden del día. Si Augusto fallaba en el norte de Hispania supondría su final político y bien sabía que Roma no recuerda ni idolatra a quién considera que ha fracasado.

las guerras astur-cantabras- del 25 al 19 aC

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Como respuesta a las nuevas sublevaciones decide encargar a Agripa la misión de castigar a los rebeldes y a cualquiera que encontrara.

Dion Cassio: “…Agrippa, una vez que solucionó los problemas de las Gallias, se trasladó a Hispania…”.

“..exterminó a todos los enemigos en edad militar y a los restantes los quitó las armas y los obligó a bajar de los montes al llano…”.

Agripa fue un general que destacó por su falta de escrúpulos en la batalla y por su crueldad, mucho más que Carisio. Agripa se creía bastante seguro de poder poner fin al problema y sin pensarlo dos veces se lanzó contra los astures en una primera ofensiva que fue completamente errónea, confiado en su victoria y sin tener en cuenta la baja moral de sus tropas lo único que consiguió fue una soberana paliza. Los astures se llenaban de júbilo al pensar que le habían ganado la batalla a uno de los generales más feroces de Roma. Pero claro está que la respuesta de Agripa no se hizo esperar y por todo el territorio fue sembrando fuego, sangre, muerte y destrucción. Su venganza fue terrible, degolló a hombres y mujeres en edad de luchar, los supervivientes fueron enviados a los confines del mundo conocido y asoló la costa apoyándose en la flota de Aquitania. 

Orosio cuenta:

“.. el ejercito de Agripa sufrió muchos perjuicios, que no solo perdió muchos soldados, sino la reputación, pues la Legio Augusta procedió tan ignominiosamente con los nuestros que el mismo Agripa los castigo privándoles de usar el titulo de Augusta. Echando Agripa sus últimos esfuerzos consiguió vencer la batalla y, para evitar nuevas alteraciones mató a casi todos los que manejaban las armas, a los demás los desarmo y obligó a vivir en las llanuras y descender de los montes”.

Al finalizar la campaña de Agripa el Imperio Romano declaró que los astures y cántabros habían sido derrotados y todo su territorio había sido conquistado. Aunque las guerra astur-cántabras se dan por finalizadas en el 19 a. C lo cierto es que en Asturias aún quedaban unas cuantas batallas a las que hacer frente.

Desde el 16 a. C hasta el 14 a. C, bajo el mando de Lucio Sesto Quirinalis se suceden nuevas rebeliones, Roma volverá a vencer pero la lucha no cesó hasta que, con el paso de los años, estos dos pueblos se entremezclaron tanto que ya no habrá diferencias entre romano o astur. La situación fue de tal desesperación que Roma decidió proclamar que aunque el pueblo astur no hubiera sido conquistado si lo estaba su territorio por lo que se daba por oficial la conquista de toda Hispania. Será a partir de este momento cuando comiencen a aparecer las villae romanas en Asturias, como la de Veranes, y se reforman algunos castros al estilo romano como el de Noega, cuando la vida en el castro se queda anticuada las poblaciones comienzan a desplazarse a otras zonas creando pequeñas civitates como Gigia, en el caso de Cimadevilla (Gijón) lugar a donde fueron los habitantes de Noega, recientemente en este casco antiguo se han encontrado restos de la muralla romana y ya hace tiempo que se localizaron las termas, ambos se encuentran visibles al visitante. La antigua lengua astur se irá entremezclando con el latín romano creándose una nueva lengua que antecede al actual asturianu. Lucio fue quien dedicó en estos años las Aras Sestianas (Altares de Sestio) dedicadas a la figura de Augusto como las supuestamente encontradas en Gijón, estas suponen los primeros indicios de romanización del territorio.

Una vez que fueron sofocadas rodas las revueltas que se originaron con las guerras astur-cántabras la siguiente tarea era establecer una nueva organización político – administrativa y económica. Para Roma las pequeñas organizaciones castreñas, tan independientes unas de otras no eran de utilidad, quizás por ello se desplazaron los habitantes de Noega, era necesario establecer civitates dedicadas al control de otras entidades menores, en Asturias apenas lograron realizar tales cuestiones ya que Roma pronto tendría que hacer frente a un nuevo pueblo que amenazaba sus fronteras en el norte de Europa, así que la romanización del territorio fue algo escasa y para nada uniforme.

El nuevo territorio conquistado es anexionado a la provincia de la Tarraconensis la cual, debido a su gran extensión, se dividió en 7 conventos jurídicos, cada uno de ellos con un legado encargado de administrar su correspondiente.

Hispania tras las guerras astur-cántabras

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Augusto Cesar gobernó el Imperio Romano hasta el año de su muerte en el 14 d.C, con mas de 70 años de edad. Según la historia sus últimas palabras fueron “Si creéis que he representado bien mi papel, aplaudid”. Augusto  fue sucedido por Tiberio Claudio Nerón, esposo de su hija Julia la mayor y al que tomó como hijo adoptivo en el año 4 d.C,  con ello pretendía asegurar la dinastía Julio – Claudia. Tiberio ofreció al senado la posibilidad de volver a implantar la república a sabiendas que en esos momentos no sería factible, tras la negativa del senado el sucesor de Augusto es declarado el nuevo emperador del Imperio Romano bajo el nombre de Tiberio Julio Cesar Augusto.

Estrabón: “Repito, todas estas guerras astur-cántabras han finalizado en la actualidad. Los propios cántabros, que eran, de todos los pueblos, los más aferrados a los hábitos del bandidaje, al igual que las tribus vecinas, han sido sometidos por Cesar Augusto. Ahora, en lugar de devastar, como en el pasado, las tierras de los aliados del pueblo romano, llevan sus armas al servicio de los mismos romaioi, como ocurre precisamente con los Koniakoi y los Plentiousoi, que habitan hacia las fuentes del Ebro. Tiberio, por orden de Augusto, su predecesor, envió a estas tierras un cuerpo de tres legiones, cuya presencia ya ha hecho mucho, no solo pacificando, sino también civilizando una parte de estos pueblos…”.

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