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Las civitas romanas en Asturias

Civitas durante la romanización

A partir del s.II, tras la concesión del derecho latino por el emperador Vespasiano, el territorio astur se organiza en civitas. Hoy en día tendemos a pensar que las civitas eran grandes ciudades pero lo cierto es que en época romana una civita era el conjunto de ciudadanos romanos que estaban organizados jurídicamente bajo el control de Roma. Estas civitas solían estar representadas por una urbs, es decir por un centro urbano de referencia dirigido al modo romano. Por eso hay que entender las civitas como una extensión de territorio en el que podía haber varias urbes de mayor o menor importancia, villae, aldeas, minas, granjas etc. Las civitas eran similares a lo que hoy definimos en Asturias como Conceyu y las urbs serían nuestras ciudades.

Para conseguir el estatus de civita había que cumplir una serie de condiciones: un número de población creciente, una organización política, administrativa y económica del territorio, de sus recursos y de las formas de explotación, una sociedad organizada en clases sociales y la creación de centros urbanos de referencia con edificios públicos y privados destinados a dirigir la vida de la civita.

Las urbes romanas eran núcleos de población muy organizados, las viviendas se comunicaban mediante calles pavimentadas con un trazado geométrico que buscaba la mayor eficiencia posible, poseían sistemas de alcantarillado y abastecimiento de aguas, baños públicos (recintos termales), edificios para los espectáculos (teatros, circos), una zona destinada al comercio (foro), templos para las actividades religiosas y otros edificios públicos para las labores político – administrativas y económicas. La vida en la urbe era bulliciosa porque desde aquí se gestionaba todo el control administrativo y económico de las villas, las aldeas y cualquier actividad de explotación que se realizara en el territorio perteneciente a la civita.

Lo cierto es que la romanización en Asturias fue algo peculiar por la falta de colonos romanos y porque hasta el momento no se han podido constatar grandes urbes romanas de nueva creación como sucede en otros lugares de la Península (Emérita Augusta, César Augusta, Malaca, Tarraco…), donde si aparecen grandes edificios públicos de tradición romana. Por el momento la arqueología solo ha podido encontrar el centro urbano de Gigia (Cimadevilla, Gijón), sin embargo los escritos antiguos nombran al menos 5 grandes civitas, Vadinia como capital de los Vadinienses, Lucus Asturum y Gigia dentro del territorio de los Lugones, y Paesicorum y Flavionavia como centros urbanos de los Pésicos.

La urbe de Gigia fue fundada durante la época Flavia, en el s.I y corresponde a la actual CImadevilla en Gijón. Entre los restos arqueológicos se localizó parte de la muralla que rodeaba la urbe, el recinto termal de Campo Valdés, situado bajo la actual Iglesia de San Pedro, una factoría de salazones que debió de ejercer una importante actividad, talleres metalúrgicos con fraguas, hogares y vertederos, y un puerto marítimo donde se desarrollaban todo tipo de actividades artesanales y comerciales. Gigia pervivió hasta nuestros días como una ciudad de referencia en el Cantábrico. De ella hablaremos más detenidamente en otra ocasión.

Lucus Asturum por su parte tiene su origen durante las guerras astur – cántabras. En sus primeros momentos se trataba de un campamento militar donde las legiones romanas se encargaban de controlar el territorio, al finalizar la guerra este campamento se mantiene con las tropas de ocupación que tenían la función de romanizar el territorio y, debido a su posición privilegiada en el eje de la red viaria y comercial evoluciona hasta ser un centro urbano de referencia. Por el momento los datos arqueológicos de esta supuesta urbe son escasos.

Vadinia, supuesta capital de los Vadinienses también es un misterio. Según los escritos antiguos de Ptolomeo esta civita pertenecía a los Cántabros y ocupaba las zonas colindantes a los Picos de Europa, su territorio incluía  parte de Asturias, León y Cantabria. Vadinia parece ser un ejemplo de como los romanos decidieron otorgar el status de civita al conjunto de clanes que componían la gran tribu de los Vadinienses aunque no hubiera un gran centro urbano que los representara ni villas de referencia, o por lo menos no ha podido localizarse hasta el momento. Al otorgarles el título de civita se anexionaba el territorio de los Vadinienses al control administrativo de Roma. Como es habitual en Asturias frente a la ausencia de urbes si que aparecen algunos castros de cierta relevancia que se mantuvieron ocupados y bien pudieron haber ejercido de centros administrativos durante la romanización. Destaca la ausencia de villas o centros urbanos, esto lleva a creer que los Vadinienses, en cierta medida, si que mantuvieron muchas de las tradiciones indígenas aún en época romana. Frente a la falta de núcleos de población romanizados aparecen muchas lápidas funerarias escritas en latín, síntoma de la romanización que sufrió el territorio al adquirir una lengua diferente a la indígena.

Flavionavia es nombrada por Ptolomeo como el centro administrativo de los Pésicos en el s.II, coincidiendo con la época de mayor auge de este territorio en época romana por su vinculación con las cuencas mineras del río Nalón y del río Narcea. La localización de Flavionavia aún está en estudio porque no se ha podido encontrar un centro urbano romano propiamente dicho pero podría ser que se encontrara en la entrada del río Nalón, cerca de Santianes de Pravia, dominando la ribera con el fin de controlar la salida y entrada de productos y siendo un punto importante en la red de caminos que comunicaban Asutica Augusta (Astorga) – Lucus Asturum (Lugo de LLanera) – Gigia (Gijón) – Lucus Augusti (Lugo). Pese a no saber su localización exacta los historiadores establecieron que esta civita dispondría de un centro urbano de pequeñas dimensiones, probablemente algún castro de importancia que fue ocupado y remodelado y que disponía de una población aproximada de 1000 habitantes durante su época de mayor esplendor.

La creación de Flavionavia estaría vinculada al desplazamiento de la población de los recintos castreños que dominaban la cuenca del Nalón, siendo los mas destacados el castro de Doña Palla y otro localizado en las inmediaciones de la Iglesia de San Juan evangelista de Santianes de Pravia. Ambos enclaves, durante el proceso de romanización, desplazaron su población hacia una zona más próxima a la ribera del Nalón, siendo este el origen de Flavionavia, una supuesta urbe creada en honor del emperador romano Tito Flavio Sabino Vespasiano de la dinastía de los Flavios. Este emperador mostró gran interés por las provincias de la Hispania y las fue involucrando en la vida militar, política, administrativa y social del Imperio hasta culminar con la concesión del Latium Minus, es decir, la concesión del derecho latino a toda Hispania, hecho trascendente y a partir del cual se incrementa la creación de civitas.

Durante su época de mayor esplendor Flavionavia actuaba como almacén para el excedente de productos mineros, agropecuarios y artesanales de las cuencas del Nalón y del Narcea, desarrollando una importante actividad comercial y de evacuación de minerales. Su economía estaba sustentada por las villae colindantes y por los centros mineros del sur-occidente asturiano. En el s.III, con el progresivo auge de las villae y el cierre de las minas, Flavionavia decae como centro administrativo. A partir del s. IV experimenta un descenso demográfico muy acusado, quizás por la falta de comercio. Esta civita romana parece pasar por una etapa de cierta oscuridad hasta que en la edad media el rey Silo y la reina Adosinda deciden utilizar de nuevo el territorio de Santianes de Pravia para establecer allí la corte del Reino de Asturias.

Frente a la falta de centros urbanos aparecen algunos castros que fueron remodelados y ampliados para satisfacer las nuevas necesidades administrativas y del progresivo crecimiento demográfico, estos castros se irían adaptando al nuevo modo de vida y se convertirían en urbes romanas. Algunos ejemplos son San Chuis, Chao San Martín, Coaña, Arganza de Tineo o Noega, que pervivieron hasta el s.III – IV.

La civita de Paesicorum aparece nombrada en una tábula dedicada a la diosa Tudela encontrada en Arganza de Tineo. La inscripción dice: A Tudela de la civitas de los Pésicos. Placido Placidio lo erigió de acuerdo con su voto. La localización en Arganza es de por si un hecho relevante porque cuenta con un recinto de origen castreño que debió ser importante por su posición de cercanía con las minas de oro de la cuenca del Narcea y del concejo de Allande, y por su vinculación con la red de caminos de esta zona. Lejos de competir con Flavionavia es muy problable que la civita de Paesicorum fuera otro enclave administrativo de importancia dentro del gran territorio que ocupaban los Pésicos y estaba representado por un castro que formó parte de la serie de núcleos castreños que fueron remodelados para satisfacer las nuevas necesidades romanas.

Se puede decir que en Asturias los primeros indicios de romanización se dieron en los propios recintos castreños. Los castros van cambiando según se asienta la cultura romana, aparecen viviendas de planta cuadrangular con habitaciones anexas y patios, se crean edificios públicos, se realizan obras para introducir pozos con canales para conducir el agua y nuevos sistemas de alcantarillado. También sobreviven algunas casas castreñas de planta circular, se cree que estas pertenecerían a las clases trabajadoras (agricultores, ganaderos y artesanos) que seguían conservando un cierto carácter indígena. Estos castros se convirtieron en urbes romanas a pequeña escala y ejercieron una importante actividad administrativa y comercial hasta el s.III, momento en el que se produjo un importante flujo migratorio hacia la llanura vinculado con el auge de las villae romanas.

Las villae romanas en Asturias eran centros agropecuarios ubicados en la periferia de las urbes siempre cerca de las vías de comunicación y en zonas elevadas desde las que se podía controlar los alrededores. Disponían de una gran casa residencial, de recintos termales y de otras instalaciones relacionadas con la religión, la agricultura, la ganadería, la minería, la artesanía y el comercio. Las villae estaban al cargo de familias pertenecientes a la clase más alta de propietarios, muchos de ellos indígenas astures descendientes de las familias más importantes de la región o que destacaron como miembros de las legiones romanas. Estos centros son el antecedente de los latifundios, en el caso de Asturias estos feudos no eran excesivamente grandes, el territorio se fracciona en pequeñas porciones si tenemos en cuenta en gran numero de villaes asturianas que se dispusieron en torno a las principales redes viarias.

Las villas eran explotadas por un gran número de trabajadores que se repartían entre esclavos y ciudadanos de las clases más bajas. A partir del s.III, tras el cierre de las mayoría de las minas y el progresivo abandono de los castros estos centros adquieren una gran importancia, la gente se desplaza a sus alrededores, comienzan a formarse nuevas aldeas y granjas y se edifican torreones de vigilancia en puntos estratégicos.

Las áreas con mayor concentración de villas en Asturias fueron la zona costera central con Gozón, Gijón, Colunga y Villaviciosa siendo Gijón el principal centro de referencia con la urbe de Gigia y la villa de Veranes. En la ribera del Nalón – Narcea destacando las zonas de Oviedo, Las Regueras, Grado y Salas. Y la vía Asturica Augusta – Legio – Lucus Asturum donde destacan los concejos de Lena y Mieres. (N. Santos Yaguas, Las Villas Romanas en Asturias).

Algunas de las villae  excavadas en Asturias son Veranes (Gijón),  Murias de Belerio (Cenero, Gijón), Murias de Paraxuga (Buenavista, Oviedo), Andallón (Les Regueres), Puelles (Villaviciosa), Memorana (Vega del Ciego, Lena). Hay otros lugares pendientes de confirmación, pero según las prospecciones realizadas también habría que incluir las posibles villae de Jove, Serin y Tremañes (Gijón), Felgueras (Lugones), La Magdalena de Llera (Santianes de Pravia), Murias de Ponte (Soto del Barco), Linio (Naranco, Oviedo), La Isla (Colunga) o Valduno (Las Regueras) entre otros.

La conclusión parece ser que la romanización de Asturias no fue uniforme. La zona oriental de Asturias destaca por la ausencia de centros romanos y por una población que seguía conservando un cierto carácter seminómada vinculado principalmente a la ganadería. La zona central es la que más signos de romanización presenta, disponía de un número considerable de villas y de la urbe de Gigia, todas ellas dispuestas en torno a la red viaria por su vinculación con el transporte de mercancías y las actividades agrícolas, ganaderas, artesanales y comerciales. El occidente sin embargo mantuvo un buen número de castros hasta el s. IV como consecuencia de las actividades mineras.

A partir de la creación de las civitas romanas se desarrolló una nueva forma de vida y poco a poco se fue adoptando un nuevo idioma, el latín, una nueva religión, primero politeísta y después cristiana, nuevos conocimientos sobre industria, artesanía, comercio, pesca, agricultura, ganadería, un ejercito cada vez más especializado, una compleja red viaria tanto por tierra como por mar y en definitiva nuevas tradiciones en las que se basan nuestra actual manera de vivir. De algunas de estas actividades hablaremos en las siguientes publicaciones.

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