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El edicto del Bierzo

EL EDICTO DEL BIERZO Y EL MISTERIO DE LA PROVINCIA TRANSDURIANA

En 1999 se descubrió en San Román de Bembibre (el Bierzo) una tabla de bronce donde aparecía un texto redactado por orden del emperador Augusto Cesar en el año 15 a. C. Este texto, conocido como El edicto del Bierzo o la Tabla de Bembibre, era un edicto declarado por el propio emperador donde se establecían las gratificaciones y las sanciones oportunas para una serie de tribus astures. Lo llamativo del edicto del Bierzo fue que el texto recuerda la traición que los astures sufrieron a manos de uno de sus clanes (los brigaecini) y sobre todo porque aparece mencionada una provincia del noroeste peninsular de la que no se tenía conocimiento, era la provincia de Transduariana que englobaría a los astures y a los galaicos que vivían al norte del Duero.

IMPERATOR CAESAR DIVI FILIUS AVGVSTVS TRIBUNICI POTESTATE VIII{I} ET PROCON SUL DICIT:

CASTELLANOS PEMEIOBRIGENSES EX GENTE SUSARRORUM DESCISCENTIBVS CETERIS PERMANSISSE IN OFFICIO COGNOVI EX OMNIBVS LEGATIS MEIS, QVI TRANSVRIANAE PROVINCIAE PRAEFVERVNT, ITAQUE EOS VNIVERSOS IMMVNITATE PERPETUA DONO; QVOQVUE AEROS ET QVIBVS FINIBVS POSSEDERVNT LVCIO SESTIO QVIRNIALE LEGATO MEO EAM PROVINCIAM OPTINENTEM EOS AEROS SINE CONTROVERSIA POSSIDERE IVBEO.

CASTELLANIS PAEMEIOBRIGENSIBVS EX GENTE SVSARRORVM, QVIBVS ANTE EA IMMUNITATEM OMNIVS RERVM DADERAM, EORVM LOCO RESTITVO CASTELLANOS AIIOBRIGIAECINOS EX GENTE GIGURRORVM VOLENTE IPSA CIVITATE, EOS QUE CASTELLANOS AIIOBRIGIAECINOS OMNI MVNERE PVNGI IVBEO CUM SUSARRIS.

ACTUM NARBONE MARTIO, XVI ET XV KALENDAS MARTIAS, MARCO DRUSO LIBONE, LUCIO CALPURNIO PISONE CONSULIBUS.

Jesús Rodriguez Morales entre sus publicaciones para los estudios y catálogos de los Museos de Castilla y León ofrece la siguiente traducción:

El emperador Cesar augusto, hijo del divino Julio, en su novena potestad tribunicia y siendo procónsul dice:

He sabido por todos mis legados, que estuvieron al frente de la provincia de Transduriana, que los habitantes del castellum de Paemeiobriga, de las gens de los Susarri, abandonando a todos los demás, ha cumplido hasta el final con su deber; por consiguiente a todos ellos les concedo la exención perpetua y todo su territorio, hasta los límites de los que se han apoderado.

Por mediación de Lucio Sestio Quirinale, legado en el gobierno de esa provincia, ordeno que posea dicho territorio sin litigio alguno.

A los habitantes del castellum de Paemeibriga, de la gens de los Susarri, a quienes arriba concedo inmunidad completa, les reemplazo (en su lugar contributivo – fiscal) por los habitantes del castellum ailobrigiaecum, de la gens de los Gigurri, queriéndolo la propia civitas, y ordeno que estos habitantes del castellum de ailobrigiaecum cumplan todas sus obligaciones dentro de las gens de los Susarros.

Redacto en Narbona Marcia, el 16 y 15 de las Calendas de Marzo, siendo cónsules Marco Druso Libón y Lucio Capurnio Pisón.

La aparición de este edicto ha planteado un nuevo debate sobre como se realizó realmente la romanización del noroeste peninsular, tanto que incluso algunos se plantean serias dudas sobre la veracidad o fiabilidad de esta tabla. Algunos de los elementos más destacados que hacen desconfiar a los investigadores son las anomalías en cuanto a la escritura del documento, a las fechas que se mencionan, a la situación geográfica de dichos castros, a los cargos políticos que aparecen y a que no se haga mención de esta provincia en ninguna de las aras sesitanas dedicadas a Augusto.

No obstante también hay quien plantea hipótesis que podrían solventar las posibles anomalías. Así aparece la posibilidad de que durante las guerras astur – cántabras se creara una provincia para definir el territorio aún no pacificado, hay teorías que defienden que esta supuesta provincia podría haber tenido una duración temporal muy corta ya que pudo integrarse como parte de la Tarraconensis al finalizar la guerra. Añaden que si esto hubiera sucedido así la Transduriana se habría creado durante el 25 a. C tras la conquista de Lancia. Su primer gobernado podría haber sido C. Furnio, entre el 25 – 24 a.C, a este le sucedería L. Aelio Lamia, entre los años 24 – 22 a.C, y Lucio Sestio podría haber sido legado personal de Augusto entre los años 22 – 19 a. C.

La existencia de esta provincia a día de hoy está bastante aceptada. Está comprobado que Augusto Cesar estuvo en Narbona (sur de Francia) en el año 15 a. C, fecha y lugar en la que se firma este edicto, y que probablemente visitara Hispania a fin de terminar con todos los coletazos de la guerra entre los años 16 – 13 a.C. Pero en este edicto se hace referencia a dos sucesos importantes en el desarrollo de las guerras astur – cántabras:

1º Que el castro de Paemeiobriga, de la gens de los Susarros, se mantuvieron obedientes a Roma y que por ello Augusto les premia con la inmunidad fiscal y de realización de trabajos públicos (carreteras, minería…).

2º Que el castro de los Aiiobrigiaecinos, de la gens de los Gigurros lucharon y se opusieron al imperio siendo por ellos castigados con una serie de impuestos.

Este tipo de decisiones no eran extrañas entre los generales romanos. Cuando un pueblo decidía rendirse sin condiciones el general romano podía optar por convertirlos en esclavos, por darles la libertad tras cumplir primero con una serie de sanciones o también podía dejarles gobernar sus territorios a cambio de ser fiel aliado del Imperio.

provincia de transduriana del edicto del Bierzo

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En el edicto del Bierzo aparece también el RESTITVRE, una acción en la que Augusto restituye los derechos o privilegios del castellum de Paemeiobriga pero castigando en su lugar al castellum Ailobrigiaecum. Es posible que la lealtad de la que habla Agusto haga honor a la traición que los Brigaecini acometieron sobre los astures. En el año 25 a.C este clan avisa a las tropas del general Publio Carisio y le informa que tres de sus campamentos romanos van a ser atacados simultáneamente por los astures que se refugiaban en la montañas. Esta traición provocó que los astures tuvieran que huir y que los romanos conquistaran Lancia, una de las principales urbes del momento.

Actualmente este edicto se encuentra en el museo de León, pero puedes ver imágenes de la tabla del edicto del Bierzo en Infobierzo.

 

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Las Guerras Astur-Cántabras. Parte II

Las Guerras Astur-Cántabras

Campañas desarrolladas entre el 25 – 19 a.C

El Imperio Romano llevaba 5 años con las guerras astur-cántabras en el noroeste de Hispania y había conquistado el territorio de los cántabros y parte de los astures.

Orosio: “Después de cinco años de guerra en Cantabria, sosegada toda Hispania y reclinándose con un cierto respiro de cansancio en una eterna paz, Cesar regresó a Roma…”.

“…Concedió Cesar este honor a la victoria sobre los Cántabros. Ordenó que se cerrasen entonces también las puertas del templo de la guerra. Así, por segunda vez en tiempo de Cesar y por cuarta desde la fundación de la ciudad, se cerró el templo de Jano…”.

Sin embargo aquellos que se escondían en la montaña y los astures trasmontanos que vivían al otro lado de la Cordillera Cantábrica seguían resistiéndose a la conquista mediante una guerra de guerrillas basada en incursiones por sorpresa que causaban graves daños a las guarniciones romanas que intentaban controlar el territorio.

Imperio romano - s.I a.C - las guerras astur-cántabras

Imperio Romano s.I a.C

En el 25 a.C, tras un breve descanso se reanudan las guerras astur-cántabras. El general Carisio tuvo que volver a tierra astur y juró que los rebeldes se arrepentirían, recopiló a sus tropas y fue recorriendo el territorio palmo a palmo arrasando todo lo que a su paso se encontraba, poblaciones grandes o pequeñas, zonas de cultivo, pastos, ganado… creó un ejército de destrucción, el mensaje era claro, si los astures no se sometían los exterminaría. Dispuso también que aquellos que cayeran prisioneros fueran convertidos en esclavos, muchos fueron enviados a las minas de donde nunca más regresaron y otros fueron subastados a fin de mandarlos lo más lejos posible para que nunca pudiera regresar, así fue como muchos astures acabaron en África o en Germania.

Por esta época se le atribuye a Plubio Carisio la apertura de la Vía Carisa, consigue llegar hasta un paso montañoso a más de 1700m sobre el nivel del mar, frontera natural que tan solo se abre los meses cálidos, el resto del tiempo la nieve impide el acceso. Esta parte de la cordillera separa los concejos de Aller y Lena. La historia de la Carisa representa una nueva batalla, quizás una de las más importantes de las que se desarrollaron en tierras astur trasmontanas.

Los astures no habían bajado sus defensas y pronto se dieron cuenta de que la legión V Alaude se acercaba al paso montañoso. Las personas que moraban en las cercanías de este paso pertenecían a la gran tribu de los Luggones, eran expertos montañeros que sabían aprovechar la dificultad del terreno para defenderse. 

En este punto de la Carisa se descubrió una gran muralla pero las últimas investigaciones apuntan a que fue creada por los Visigodos y no por los astures. Lo que si se mantiene es el campamento romano.

Si Roma quería entrar en tierra astur trasmontana tendría que enfrentarse a los astures y controlar el paso montañoso. A Roma la tarea de atravesar la cordillera le llevó más tiempo del que en un principio preveía, no iba a resultar tan fácil, Carisio no conseguía atravesar el paso y tuvo que establecer un importante campamento militar que destaca por la altura en la que se encuentra (1700 msnm), algo poco común. Este campamento sufrió sucesivas ampliaciones según aumentó la necesidad de tropas. La estrategia de los astures consistía básicamente en resistir y esperar la llegada del frío y la nieve, convencidos de que sería la naturaleza la que obligara a sus enemigos a descender y emprender retirada. 

No conocemos bien cuanto tiempo duró el asedio romano y cuando lograron acceder a tierra astur pero lo evidente es que lo consiguieron. El paso de la Carisa era un punto importante de vigilancia, desde él puede verse por el oriente hasta los picos de Europa y por el norte hasta el monte Areo, además está protegido por unas imponentes fronteras naturales. Carisio logró llegar a este lejano e insólito paraje y vencer a sus ocupantes, dándose cuenta de su importante posición estratégica lo ocupó y lo convirtió en campamento romano que se mantuvo activo durante el transcurso de las guerras astur-cántabras, reforzó las murallas y creó fosos dobles y triples, contra-fosos y paseos de ronda.

En las excavaciones e la Carisa se pudieron recuperar dos monedas, una acuñada en el año 50 a.C representando a Julio Cesar con el símbolo del elefante y una segunda moneda acuñada por el propio Publio Carisio este mismo año, 25 a.C.

Fue este general quién logró abrir el camino romano más antiguo que comunicaba Asturias con la Meseta, desde Busdongo hasta Ujo, atravesando el mismo centro de la cordillera. Según fue avanzando el ejército romano esta vía se extendió hacia la costa pasando por Lucus Asturum (Lugo de Llanera) y llegando a Oppidum Noega (Gijón).

Según Dion Cassio, en el año 25 a.C Augusto obligó a cántabros y astures a pedir la paz, les exigió una cantidad y envió soldados a cobrarla. Teniendo en cuenta que los Astures aún no conocían la moneda lo más probable es que este pago se realizara con materias primas u otros útiles o materias elaboradas.

En el año 24 a. C la región astur – cántabra parecía aparentemente pacificada o eso declaraba Roma. Algún día de este año los astures ofrecieron a los romanos, a modo de buena voluntad, unas cargas de trigo como tributo o regalo. Esta acción fue bien interpretada por los soldados al cargo, acostumbrados a cobrar o recibir regalos por parte de los pueblos sometidos, para Roma ésta era una manera que tenían los pueblos conquistados de demostrar su sumisión y su fidelidad al Imperio. Los legionarios fueron a recoger el trigo pero se encontraron en una emboscada en la que los astures consiguieron la victoria. Esta escaramuza avivó la llama y comenzaron a atacar a las patrullas romanas con las que se encontraban. Durante este mismo año los astures se rearmaron y atacaron los campamentos romanos del Esla obteniendo una nueva victoria.

Orosio dice:

“…Y aun habiendo mencionado el fin, refirió al año siguiente una vil traición de Cántabros y Astures, que sabiendo la ausencia del Emperador, avisaron al Capitán General Lucio Emilio que si quería trigo y otras cosas para su ejercito se las darían. Emilio envió muchos soldados que las porteasen, pero los supuestos amigos los llevaron a sitios oportunos y los mataron. Emilio los vengo prontamente talando la tierra, quemando varias fortalezas y cortando las manos a los que cogían, así fueron prontamente sujetados”.

El nuevo legado de la Hispania Citerior se llamaba Lucius Aelius Lamia, cuando le llega la noticia de estos ataques Lamia envió tropas con ordenes directas de arrasar al enemigo si no se sometía ante el Imperio. Por segunda vez los astures experimentaron la ira romana en todo su apogeo y las legiones se encargaron de destruir todo lo que se encontraban a su paso, los astures vieron sus viviendas quemadas, sus campos inservibles, sus mujeres violadas, sus hermanos y hermanas hechos esclavos… pero esta vez el castigo traía algo peor, Roma dio orden expresa de que a todos aquellos astures que tuvieran edad de empuñar un arma se les cortaran las manos. Creyeron los generales romanos que así los astures se amedrentarían y caerían ante el miedo pero sucedió todo lo contrario, cuanto más daño hacía el Imperio más orgullosos y más rebeldía mostraban los astures, llevaban ya varios años de batallas y escaramuzas para poder dominar una porción de terreno insignificante en comparación con lo que Roma era ya en estos momentos. Los soldados comenzaban a cansarse, hasta Augusto comenzaba a desesperar por todo lo que Roma venía arrastrando con la conquista de Hispania, algo que duraba ya dos siglos, había que cortar el problema de los norteños con la mayor brevedad posible.

Dion Cassio nos cuenta que en el año 22 a.C Carisio regresa al suroeste del territorio astur, los rebeldes se refugiaban en el Mons Medullius (Las Médulas), muy cerca de las zonas mineras y esto era intolerable, había grave riesgo de que los rebeldes contagiaran con sus pretensiones a los esclavos que trabajaban en las minas y lo último que Roma necesitaban era perder las zonas mineras recientemente adquiridas y las vías de acceso a la cordillera. Los Astures deberán enfrentarse a las tropas de Plubio Carisio y a las de Cayo Furnio como consecuencia de las últimas acciones acometidas.

Floro nos cuenta de esta batalla:

“… por último tuvo lugar el asedio del Monte Medullio, sobre el cual, después de haberlo cercado por un foso continuo de quince millas, avanzaron al tiempo los romanos por los dos lados. Cuando los bárbaros se ven reducidos a extremar necesidad, a porfía, la espada y el veneno que allí acostumbraban a extraer de los tejos. Así la mayor parte se libró de la cautividad, que a una gente entonces indómita parecía más intolerable que la muerte. Augusto que estaba invernando en Tarraco, recibió estas noticias por los legados Antistio y Furnio y por Agripa. A continuación él mismo haciéndose presente en el teatro de la guerra los hizo bajar de sus montes, tomando a unos como rehenes y vendiendo a otros en subasta según el derecho de guerra. El senado consideró que la acción era merecedora del laurel y del triunfo, pero Augusto era ya tan grande que despreció encumbrarse aun más con el triunfo…”

“…Derrotados por Cayo Furnio ambos pueblos, puesto que socorrió también a Carisio (legado de la Lusitania), fueron reducidos a esclavitud…”.

El foso que sirvió para el asedio también aparece citado por Orosio:

“… pues también cercó con asedio el Monte Medullio, que se alza sobre el río Minio, y en el que se defendían gran multitud de hombres, después lo rodeó con un foso de quince millas de longitud.”

Con la conquista del Monte Medullius y de la urbe de Bergidum (en Cascabelos, Villafranca del Bierzo) consiguen los romanos abrir la Vía de la Mesa y con ello el acceso a las zonas auríferas del occidente astur trasmontano. Poco a poco Roma iba ganando terreno y los astures lo iban perdiendo. Si en el centro y oriente de Asturias tuvieron que atravesar una imponente cordillera que poco a poco iba descendiendo en altura hasta encontrarse paralela con el mar, el occidente es aún más angosto, se trata de un sistema de sierras perpendiculares al mar con escasos valles. Sus gentes habitan en las mismas montañas o en las cuencas de los ríos y el paraje que les rodea es espeso. El acceso por esta vía significaba el control sobre el más preciado metal y este era uno de los objetivos más importante de Roma, gobernar estos castros suponía disponer de buenos puntos estratégicos y comerciales. A diferencia de otras zonas, el occidente asturiano fue más ocupado por los romanos, los castros siguieron funcionando como centros de control para la minería y la vía de la Mesa se completó estableciendo un nuevo punto de comunicación con la costa atravesando Somiedo, Teverga, Grao, Lugo de Llanera donde se fundó Lucus Asturum y llegando así al Oppidum Noega.

Con la apertura de la Vía de la Mesa y el fin de las campañas Augusto César consideró el territorio sometido y proclamó que las guerras astur-cántabras habían finalizado, el emperador decidió volver a Roma para celebrar la conquista definitiva de Hispania.

Floro: “…Este fue para Augusto el final de sus trabajos bélicos y también el de las rebeliones de Hispania. En lo sucesivo se mantuvieron fieles y gozaron de eterna paz, gracias no sólo a su talento dispuesto para las artes pacíficas, sino también por la previsión del César, el cual, recelando del amparo que ofrecían los montes en los que se refugiaban, les ordenó habitar y establecerse en los campamentos situados en la llanura. Allí estaba el consejo del pueblo y aquel poblado recibió los honores de capital…”.

Pese a la declarada Pax Augusta, tan pronto como Augusto acudió a Roma los astures trasmontanos volvieron a alzarse en armas y los castros que estaban ocupados comenzaron a sublevarse. El general al mando era Plubio Carisio y no se lo podía creer, no entendía muy bien que pretendían los astures, para sofocar las revueltas decidió mandar una legión entera con la misión de destruir cualquier resquicio de población indígena. Tomó la vía que unía Asturica Augusta con Lucus Asturum y siguió el curso del río Cubia hasta su unión con el Nalón, dirigiéndose lo más rápido que podía al enclave de montaña donde los astures se habían refugiado. Fue una masacre, el general romano ordenó crucificar por las caminos a los rebeldes que fueran capturados con vida y despeñar en la misma montaña a otros tantos. Pero a pesar del despliegue de efectivos romanos la situación seguía siendo la misma, los astures en cuanto podían se reorganizaban y atacaban a las patrullas donde menos se lo esperaban, prendían fuego a las empalizadas y mataban a cualquier romano que entrara distraído en sus bosques o montes, derribaban los puentes que los soldados romanos construían para poder cruzar los ríos e incluso llegaron a atacar las minas de oro consiguiendo liberar un número considerable de esclavos.

Carisio decidió reflexionar sobre la situación, no podía pasarse los años haciendo frente a las guerrillas en el monte astur, no le gustaba esta tierra y las continuas revueltas debilitaban su posición ante el Senado Romano, su reputación estaba en juego, y aún más importante, su futuro estaba en la cuerda floja, el Senado ya estaba cansado de los problemas en Hispania, la guerra desde sus orígenes estaba siendo demasiado larga. La decisión adoptada por el general fue simple, siempre era más fácil destruir una sociedad que intentar convertirla, debía arrasar el territorio y destruirlo todo, no podía dejar a nadie con vida, quemaría hasta la última brizna de hierba si era preciso, tenía que acabar con los irritantes norteños a toda costa y lo más rápido posible. Sin embargo sabía que necesitaba apoyo, el sólo no podía cubrir todos los frentes abiertos, pidió ayuda a Cayo Furnio, el cual decidió cambiar la estrategia a seguir, en vez de disponer de un gran ejército que por su volumen presentaba serios problemas para moverse entre los montes, imitarían las tácticas astures, creó pequeñas guarniciones encargadas de quemar los bosques y dar muerte a cualquier astur que se encontraran en el camino. Las guarniciones romanas cumplieron su misión con gran efectividad, la cordillera ardió y los astures, ante la quema continuada de los árboles que les protegían, tuvieron que descender a los valles donde Roma esperaba con el grueso de las legiones y donde si que tenía una gran ventaja táctica. La mayoría de los grupos astures que resistían finalmente se vieron obligados a descender al valle. Roma consiguió con estas campañas tomar gran parte del territorio, sin embargo los astures que habían logrado escapar siguieron reorganizándose y sublevándose. Carisio no lograba apaciguar la zona y el Senado Romano decidió hacer una reflexión, consciente del desastre de la situación, tomó la decisión de trasladar la administración del territorio a la provincia de la Tarraconense, dejando a Carisio fuera del gobierno y de la toma de decisiones correspondientes a los Astures, era el año 19 a. C

En el año 19 a.C los romanos tuvieron que hacer frente a una nueva revuelta, pero esta vez no fue en tierra astur si no en sus propias casas. Los esclavos estaban cogiendo la costumbre de asesinar a sus dueños y poner rumbo de vuelta a casa por muy lejos que Roma decidiera mandarlos.

Dion Cassio:  “Pues los Cántabros hechos prisioneros en la guerra y vendidos como esclavos asesinaron a sus dueños y regresaron a sus casas…”.

Orosio: “… los que habían sido hechos prisioneros, y vendidos como esclavos, mataron a sus señores, y volviendo a sus casas, movieron alianzas y se apoderaron de alguna fortaleza tratando de acometer los presidios romanos. Vino entonces contra ellos Agripa al cual le costo manejar a sus propias tropas porque varios veteranos, fatigados de tan continuas guerras y temerosos del valor y tierras de los cántabros no querían sujetarse a sus ordenes. Los convenció con promesas y amenazas y con todo eso padeció mucho su ejercito porque los cántabros no vivían sin la guerra…”

La situación era insostenible, quién iba a querer a un esclavo astur si disponían de tal fama. La reputación de Augusto con respecto al norte de Hispania estaba cada vez más dañada y las relaciones entre los propios miembros del senado romano estaban cada vez más difíciles porque las intrigas y los intentos por conseguir más poder estaban a la orden del día. Si Augusto fallaba en el norte de Hispania supondría su final político y bien sabía que Roma no recuerda ni idolatra a quién considera que ha fracasado.

las guerras astur-cantabras- del 25 al 19 aC

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Como respuesta a las nuevas sublevaciones decide encargar a Agripa la misión de castigar a los rebeldes y a cualquiera que encontrara.

Dion Cassio: “…Agrippa, una vez que solucionó los problemas de las Gallias, se trasladó a Hispania…”.

“..exterminó a todos los enemigos en edad militar y a los restantes los quitó las armas y los obligó a bajar de los montes al llano…”.

Agripa fue un general que destacó por su falta de escrúpulos en la batalla y por su crueldad, mucho más que Carisio. Agripa se creía bastante seguro de poder poner fin al problema y sin pensarlo dos veces se lanzó contra los astures en una primera ofensiva que fue completamente errónea, confiado en su victoria y sin tener en cuenta la baja moral de sus tropas lo único que consiguió fue una soberana paliza. Los astures se llenaban de júbilo al pensar que le habían ganado la batalla a uno de los generales más feroces de Roma. Pero claro está que la respuesta de Agripa no se hizo esperar y por todo el territorio fue sembrando fuego, sangre, muerte y destrucción. Su venganza fue terrible, degolló a hombres y mujeres en edad de luchar, los supervivientes fueron enviados a los confines del mundo conocido y asoló la costa apoyándose en la flota de Aquitania. 

Orosio cuenta:

“.. el ejercito de Agripa sufrió muchos perjuicios, que no solo perdió muchos soldados, sino la reputación, pues la Legio Augusta procedió tan ignominiosamente con los nuestros que el mismo Agripa los castigo privándoles de usar el titulo de Augusta. Echando Agripa sus últimos esfuerzos consiguió vencer la batalla y, para evitar nuevas alteraciones mató a casi todos los que manejaban las armas, a los demás los desarmo y obligó a vivir en las llanuras y descender de los montes”.

Al finalizar la campaña de Agripa el Imperio Romano declaró que los astures y cántabros habían sido derrotados y todo su territorio había sido conquistado. Aunque las guerra astur-cántabras se dan por finalizadas en el 19 a. C lo cierto es que en Asturias aún quedaban unas cuantas batallas a las que hacer frente.

Desde el 16 a. C hasta el 14 a. C, bajo el mando de Lucio Sesto Quirinalis se suceden nuevas rebeliones, Roma volverá a vencer pero la lucha no cesó hasta que, con el paso de los años, estos dos pueblos se entremezclaron tanto que ya no habrá diferencias entre romano o astur. La situación fue de tal desesperación que Roma decidió proclamar que aunque el pueblo astur no hubiera sido conquistado si lo estaba su territorio por lo que se daba por oficial la conquista de toda Hispania. Será a partir de este momento cuando comiencen a aparecer las villae romanas en Asturias, como la de Veranes, y se reforman algunos castros al estilo romano como el de Noega, cuando la vida en el castro se queda anticuada las poblaciones comienzan a desplazarse a otras zonas creando pequeñas civitates como Gigia, en el caso de Cimadevilla (Gijón) lugar a donde fueron los habitantes de Noega, recientemente en este casco antiguo se han encontrado restos de la muralla romana y ya hace tiempo que se localizaron las termas, ambos se encuentran visibles al visitante. La antigua lengua astur se irá entremezclando con el latín romano creándose una nueva lengua que antecede al actual asturianu. Lucio fue quien dedicó en estos años las Aras Sestianas (Altares de Sestio) dedicadas a la figura de Augusto como las supuestamente encontradas en Gijón, estas suponen los primeros indicios de romanización del territorio.

Una vez que fueron sofocadas rodas las revueltas que se originaron con las guerras astur-cántabras la siguiente tarea era establecer una nueva organización político – administrativa y económica. Para Roma las pequeñas organizaciones castreñas, tan independientes unas de otras no eran de utilidad, quizás por ello se desplazaron los habitantes de Noega, era necesario establecer civitates dedicadas al control de otras entidades menores, en Asturias apenas lograron realizar tales cuestiones ya que Roma pronto tendría que hacer frente a un nuevo pueblo que amenazaba sus fronteras en el norte de Europa, así que la romanización del territorio fue algo escasa y para nada uniforme.

El nuevo territorio conquistado es anexionado a la provincia de la Tarraconensis la cual, debido a su gran extensión, se dividió en 7 conventos jurídicos, cada uno de ellos con un legado encargado de administrar su correspondiente.

Hispania tras las guerras astur-cántabras

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Augusto Cesar gobernó el Imperio Romano hasta el año de su muerte en el 14 d.C, con mas de 70 años de edad. Según la historia sus últimas palabras fueron “Si creéis que he representado bien mi papel, aplaudid”. Augusto  fue sucedido por Tiberio Claudio Nerón, esposo de su hija Julia la mayor y al que tomó como hijo adoptivo en el año 4 d.C,  con ello pretendía asegurar la dinastía Julio – Claudia. Tiberio ofreció al senado la posibilidad de volver a implantar la república a sabiendas que en esos momentos no sería factible, tras la negativa del senado el sucesor de Augusto es declarado el nuevo emperador del Imperio Romano bajo el nombre de Tiberio Julio Cesar Augusto.

Estrabón: “Repito, todas estas guerras astur-cántabras han finalizado en la actualidad. Los propios cántabros, que eran, de todos los pueblos, los más aferrados a los hábitos del bandidaje, al igual que las tribus vecinas, han sido sometidos por Cesar Augusto. Ahora, en lugar de devastar, como en el pasado, las tierras de los aliados del pueblo romano, llevan sus armas al servicio de los mismos romaioi, como ocurre precisamente con los Koniakoi y los Plentiousoi, que habitan hacia las fuentes del Ebro. Tiberio, por orden de Augusto, su predecesor, envió a estas tierras un cuerpo de tres legiones, cuya presencia ya ha hecho mucho, no solo pacificando, sino también civilizando una parte de estos pueblos…”.

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Las Guerras Astur-Cántabras. Parte I

El  inicio de las Guerras Astur – Cántabras y la conquista del norte peninsular.

Campañas desarrolladas entre el 29 – 25 a.C durante las guerras astur-cántabras

A finales del s.I a.C comenzó la época imperial de Roma con Augusto César como emperador. El Imperio Romano estaba en plena expansión, habían conquistado casi toda Europa, el norte de África y la zona oriental de Asia. Sin embargo las campañas en Hispania se estaban alargando más de lo previsto, a estas alturas deberían de haber conquistado toda la Península Ibérica pero la realidad era que aún resistían algunas tribus del noroeste peninsular.

Hispania, s.I a.C, situación antes de las guerras astur-cantábras

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Augusto necesitaba controlar el norte por muchas razones, la primera justificación era sin duda el control total del territorio peninsular, la fama romana no podía permitirse que ese pequeño rincón del mapa quedará libre e independiente. Otro pretexto fue la expansión del comercio marítimo, con esta nueva conquista los romanos podrían controlar el Cantábrico y abrir una nueva puerta hacia el Oceánico Atlántico. Por otra parte Hispania se consideraba el fin del mundo occidental, desde el Faro de Hércules en Galicia hacia el oeste tan sólo se abría ante ellos una enorme masa de agua que nunca nadie había atravesado. La tercera razón, no declarada de manera oficial pero sí bastante evidente, fue el control de la minería, los romanos creían que toda la tierra astur escondía oro en sus profundidades, algo bastante exagerado ya que en realidad solo se encuentra en las cuencas Nalón – Narcea y Navia, claro que este dato Roma aún no lo sabía. Sin embargo, aún en siglos posteriores, cuando el Imperio ya había realizado sus prospecciones y había reconocido y explotado las zonas ricas en oro, la literatura romana siguió haciendo referencia al oro astur siendo un tema bastante repetido en poemas e historias, siempre con cierto aire de exageración y con un claro fin de engrandecer al Imperio.

Las incursiones en el norte peninsular habían comenzado años antes, la primera gran conquista romana sobre Gallaecia se produjo en el año 61 a.C a manos de Julio Cesar. Los romanos asaltaron y tomaron la ciudad de Brigantium (A Coruña). Durante los años posteriores los galaicos siguieron haciendo frente a Roma en las tierras interiores. En el año 39 a.C Augusto Cesar asume el control de la campaña y consigue el control total del territorio, sin embargo las rebeliones internas y las guerras astur – cántabras no permitirán que la pax romana se firme hasta el año 24 a.C. Las tribus galaicas terminaron pactando y  sometiendose a la romanización. Los romanos bautizaron Galicia  con el sobrenombre de el final de la tierra conocida.

Territorios conquistados por Roma en el 29 a.C - Inicio de las guerras astur-cántabras

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En el año 29 a.C Augusto Cesar decidió mandar a Statilio Tauro contra los Vacceos, pueblo de descendencia celta que residía en el centro de la meseta norte, en ambas orillas del río Duero. Este enfrentamiento afectaba ya de manera directa a los Astures y Cántabros que veían sus fronteras gravemente amenazadas por una potencia nunca antes vista, quizás por eso decidieron ayudar a los Vacceos dando lugar a la  primera gran alianza conocida entre los norteños, sin embargo los Vacceos perdieron la batalla. Roma conquistó los castros de la meseta y los astures y cántabros se vieron obligados a retirarse para proteger las fronteras de sus propios territorios. Con este suceso dan comienzo las Guerras Astur – Cántabras.

Un año más tarde, en el 28 a. C, Augusto César encarga a Calvisio Sabino la defensa y conservación de las nuevas fronteras.

OROSIO, VI, 21, 1: “En el 726 de la fundación de la ciudad (28 a.C.), siendo cónsules el emperador Augusto por sexta vez y M.Agrippa por segunda, entendiendo que lo hecho en Hispania durante doscientos años se reduciría a poco si se permitía que los Cántabros y Astures, los dos pueblos más fuertes de Hispania, actuaran a su albeldrío, abrió las puertas del templo de Jano y salió personalmente hacia Hispania con un ejército…”.

Al año siguiente, en el 27 a. C un nuevo general, Sexto Apuleyo dirigió el ataque contra las tribus de los Várdulos, Caristos y Vascones. Esta campaña permitió asegurar las comunicaciones entre Aquitania (Francia) y el norte ibérico, los ejércitos iban tomando posiciones y, sin llegar a invadir directamente a los pueblos situados más al norte, los rodeaba y les cortaba el paso hacia la meseta. Todos los territorios conquistados fueron incluidos en la provincia de la Tarraconensis.

En el año 26 a.C Augusto comenzó a impacientarse, decidió establecer su residencia en Tarraco (Tarragona) y tomó el mando directo de las operaciones. Los Astures y Cántabros tuvieron que prepararse para hacer frente a una guerra como nunca antes habían librado, Roma aparecía ante sus puertas como un ejército feroz que no se detenía ante nada, miles de hombres formaban filas que no tenían fin y que se perdían en el horizonte. Augusto sentía la responsabilidad inmediata de acabar con los rebeldes del norte, Roma llevaba 200 años luchando por conquistar la Península Ibérica y tenía ganas de acabar dicha tarea, además la interminable conquista de Hispania comenzaba a resultar incómoda y mal vista entre el senado romano ya que veía como los ciudadanos romanos que marchaban a Hispania para la grandeza de Roma raramente regresaban.

Augusto decidió posponer su campaña en Britania a fin de concentrar todas sus fuerzas en tierras astur – cántabras y dar por finalizada la conquista de Hispania. El César llegó a Segisama (Burgos) procedente de Tarraco (Tarragona) con cinco legiones que sumadas a las dos que ya tenía dispuestas en Lusitania daba un total de 75000 hombres dispuestos a morir por Roma. Estas legiones fueron I Augusta, II Augusta, IV Macedonica, V Alaude, VI Victrix, IX Hispaniensis, X Gemina y XX Valeria Victrix. A este ejército además se sumaban las tropas auxiliares que acompañaban a las legiones. Roma también contaba entre sus filas con los más notables ingenieros, los cuales se encargaban de analizar todo antes de una batalla para saber así qué armas eran las más adecuadas, cuál era el mejor paso y, si no lo había, por dónde podrían construirlo mediante puentes o caminos, cosa que hacían los propios soldados con asombrosa rapidez, en un solo día levantaban asombrosos campamentos y en pocos meses levantaban ciudades completas.

Los planes de Augusto Cesar consistían en realizar un ataque simultaneo que los norteños no pudieran frenar, para ello  Publio Carisio y sus dos legiones debían partir desde Lusitania y  ocupar la zona occidental de tierra astur, mientras el propio Augusto atacaría a los Cántabros en colaboración con Antistio, por último y de forma simultanea, la flota de Aquitania cubriría la retaguardia por mar. Se trataba de un movimiento triple donde si todo salía como estaba previsto conseguiría la victoria en poco tiempo, el senado romano tendría que reconocer su grandeza y podría continuar con la conquista de Britania.

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Floro, historiador romano del s.I d.C hace referencia al inicio de las Guerras Astur-Cántabras diciendo:

“Por el occidente estaba ya casi pacificada toda Hispania, fuera de la región pegada a los últimos peñascos del Pirineo que baña el océano por la parte de acá. Aquí se movían dos pueblos muy poderosos, los Cántabros y Astures. El espíritu de rebelión de los Cántabros fue el primero y el más indomable y tenaz ya que no contentos con defender su libertad intentaban también dominar a las tribus vecinas y molestaban con frecuentes razzias (escaramuzas) a los Vacceos, Tumorgos y Autrigones. Por ello, al saberse que estaban actuando con mayor actividad, Augusto dirigió por si mismo una expedición, sin confiarla a los otros. Llegó a Segisama donde levantó campamentos y desde allí con un ejército de tres columnas abarcando toda la Cantabria se lanzaba contra aquella gente feroz como si se tratase de una batida contra alimañas. Tampoco se dejó descansar la costa ya que la armada dispuesta castigaba las espaldas enemigas. El primer combate se trabó contra los Cántabros bajo los muros de Bergida. De allí enseguida huyeron al Mons Vindius…(Picos de Europa)”.

En la primavera del año 26 a. C Augusto partió contra los Cántabros, avanzó desde Segisama hacia el norte, siguió el Pisuerga y llegó al castro de Amaya, última resistencia antes de enfrentarse a la montaña, Amaya era un importante punto estratégico, desde este castro se podía controlar fácilmente los pasos a territorio cántabro, estaba situado sobre un macizo conocido como Peña Amaya, a 1377m sobre el nivel del mar, en la localidad de Amaya, en la frontera entre Burgos y Cantabria. Los romanos ganaron la batalla y el castro fue arrasado pero no fue abandonado, Augusto montó su campamento muy cerca del castro y lo mantuvo activo, poco a poco Amaya se fue romanizando y se mantuvo en años posteriores como una ciudad de referencia en la zona.

Las legiones romanas siguieron avanzando hasta llegar a Véllica (Castro de Monte Cildá,  Olleros de Pisuerga), aquí se desarrolló una gran batalla en el valle de Mave llevada a cabo por la legión IV de Macedonia. Los Cántabros erraron permitiendo que la contienda se desarrollara en un terreno amplio y abierto porque la superioridad numérica de Roma junto con su artillería y armas de asalto superaban por mucho a las tribus locales. Al combatir en el valle perdieron cualquier oportunidad de ganar la batalla, Roma salió sobradamente victoriosa y como es costumbre en casi todas las guerras (por no decir en todas) tras la victoria vienen los correspondientes saqueos, violaciones y recuento de nuevos esclavos. Los pocos que lograron sobrevivir huyeron y se refugiaron en el Mons Vindus (montes blancos de la Cordillera Cantábrica), según Floro marcharon para esta zona por que pensaban que “…antes llegarían allí las aguas que las ordes romanas”. Debido a lo complicado del terreno y al no poder presentar batalla en campo abierto la estrategia de Roma consistió en cercar el monte situando a sus ejércitos alrededor de éste. Se cuenta que, antes de verse sometidos, los rebeldes prefirieron morir de hambre o simplemente quitarse la vida cuando ya no resistieron más el sitiado. Roma ganó la batalla de una manera poco honorable para un guerrero aunque no por ello menos favorecedora, no venció luchando si no esperando a que el sitiado hiciera efecto, se cortó el paso de suministros por lo que los cántabros no podían abastecerse. Cuando nadie quedaba ya vivo en el núcleo de resistencia los romanos encontraron una imagen desoladora, decenas de cadáveres les esperaban y nadie con el que enfrentarse en combate directo.

Dion Cassio deja escrito:

“ Los Cántabros no quisieron rendirse, confiando en la montaña, no se atrevieron a venir a manos romanas, por ser inferiores en número y reducirse la mayor parte de sus armas a flechas; sucediendo también que a cualquier parte que Augusto enviaba a sus soldados, los Cántabros variaban sus movimientos desde las alturas, que tenían ocupadas, con estrategias de varias emboscadas. Llegó el emperador a melancolizarse tanto por estas dificultades, trabajo y pérdida de su ejército que se retiró a Tarraco…”

Lucio Floro, por su parte dice:

“ … dispuso el Emperador atacar a los Cántabros por mar, enviando allá la escuadra y desembarcando sus tropas en los puertos para combatir al enemigo por el frente y por la espalda. Los Cántabros viéndose atacados por todas partes y que el emperador se había retirado de la frontera, resolvieron buscar al enemigo que les venia por delante y le presentaron batalla en Vellica, pero aunque el corazón era invencible, los Cántabros perdieron la batalla y se retiraron al Mons Vindus que creían inaccesible para los Romanos”.

Con esta nueva conquista quedaban abiertos los pasos de montaña, pero los Picos de la cordillera son traicioneros y conducir a un gran ejército por ellos es peligroso y arriesgado, el invierno llegaría pronto y la nieve pronto cubriría los caminos, durante las estaciones frías llovía o nevaba la mayor parte del tiempo y era frecuente la niebla y las temperaturas por debajo de los 0º. Augusto tenía prisa, no podía permitirse esperar a que pasara el invierno y mucho menos que el frío y el mal tiempo les pillara intentando cruzar la montaña ya que estarían condenados a una muerte casi segura. Era necesario alcanzar el castro de Aracillum (actual Aradillos, cerca de Reinosa, Cantabria)  y superar la cordillera antes de la estación fría les impidiera hacerlo.

Este mismo año (26 a.C) se produce el sitiado del castro de Aracillum al mando de Cayo Antistio Vetus. Este general ordenó construir tres campamentos alrededor del castro, entre todos englobaban a cinco legiones, los soldados romanos además construyeron una empalizada de más de 20km alrededor del castro con trincheras que dificultaban aún más el acceso. Los habitantes que resistían en Aracillum se encontraron de repente encerrados en su propio castro, no podían salir puesto que la empalizada romana les cortaba el paso y si no podían salir tampoco nadie podía entrar, los alimentos pronto comenzaron a escasear y la gente empezó a morir de hambre, los que no soportaron hasta ese punto de inanición decidieron suicidarse y para cuando Roma entró al castro este parecía un lugar fantasmal, una ciudad de muertos, pues fue lo único que encontraron, no había grandes riquezas, no quedaban mujeres, no había supervivientes a los que esclavizar, Roma venció pero no obtuvo por ello recompensa, sólo un castro de piedras con cuerpos muertos allá a donde se mirase.

Orosio continua la historia narrando:

“… pero estos fueron sitiados por hambre y casi todos perecieron. Resistiéndose con gran fuerza el lugar y fortaleza de Aracillum aunque Roma la venció y asoló….”

La costumbre de los norteños de suicidarse antes que someterse estaba convirtiéndose en un hábito nada beneficioso, ni para la moral de los soldados, ni para la economía romana, este hecho no gustaba entre las filas, después de una batalla siempre había un botín y a falta de riquezas podrían encontrar hombres y mujeres a los que usar a su antojo pero, en el norte de Hispania esto no estaba sucediendo, a juicio de las legiones los soldados no obtenían nada por su esfuerzo y esto podía traer problemas, el descontento entre los soldados no era nada bueno. Muy cerca de Aracillum, tiempo después se erigirá una de las ciudades romanas más importantes del norte peninsular, Juliobriga.

Augusto estaba contento, habían logrado atravesar la cordillera y parecía que tenía el camino despejado para poder llegar a la costa cántabra. Siguiendo el plan llegó a Castro Urdiales, situado en el límite más oriental del territorio cántabro, era un castro costero que limitaba con la actual Vizcaya y se situaba a 75km de la actual Santander, sin duda un importante punto estratégico puesto que, si obtenían una nueva victoria podrían acceder a tierra astur y a tierras vascas por la costa. Augusto obtuvo la victoria con el apoyo de la flota de Aquitania. El castro quedó rodeado por todos sus flancos, Roma lo tenía bastante fácil y los Cántabros fueron vencidos. Con esta nueva conquista la puerta oriental hacia los astures estaba por primera vez abierta. Augusto debió de pensar que lo más difícil ya estaba hecho aunque aún le quedarían muchas batallas y muchos problemas que afrontar. Cerca de Castro Urdiales se construyó la ciudad de Flaviobriga, que junto con su hermana Juliobriga supusieron dos grandes ciudades romanas y centros de poder en el territorio cántabro durante los años posteriores.

El personaje más conocido entre las tribus astur – cántabras que compartían la zona de Picos de Europa era Corocotta, un líder famoso por la resistencia que presentó contra Roma, las crónicas cuentan que Augusto puso el precio de 200.000 sestercios por su cabeza y Corocotta, ni corto ni perezoso, fue hasta el campamento romano para reclamar la recompensa por sí mismo. Se dice que Augusto quedó tan sorprendido por su osadía que no solo le dejó marchar con vida si no que también le dio la recompensa prometida. Otro personaje renombrado por Dion Cassio es Laro, otro caudillo cántabro del que dice:

“El cántabro Laro, quien aun desprovisto de dardos, seguía siendo temible por la naturaleza de sus miembros y por su gran corpulencia”.

Silio Itálico añade:

“Este Cántabro que, incluso sin sus armas, podia inspirar el terror por su gigantesca estatura, tenia por nombre Larus. Según la costumbre de su gens, luchaba salvajemente con un hacha en la mano. Por más que viese en torno de sí hundirse las filas deshechas y desaparecer la joven tropa de su gens, el sólo cubría los puestos de los que caian muertos. Si el enemigo se presentaba de frente, disfrutaba golpeándole con rabia de frente; si el ataque se producia por su parte izquierda, volvia su arma y golpeaba de revés. Pero cuando un adversario ardiente y seguro de su victoria le atacaba por la espalda el, sin intimidarse, sabia lanzar su bipennis hacia atrás: ninguna aproximación era sin peligro con el. Pero Scipio, hermano del invencible jefe, le lanzó su pica con potencia, cortándole el penacho que remataba su casco de cuero, pues la punta, lanzada demasiado alta, pasó y fue desviada lejos con un golpe vertical de hacha. Pero el joven, más enfurecido por este violento ataque, se abalanzó y, con un grito tremendo, batió su bipennis de bárbaro. Se estremecieron las filas y en el aire resonó el umbo del escudo golpeado por todo el peso del arma. Y el castigo llegó: pues cuando retiraba su mano, después de haber golpeado, la cercenó de un golpe un tajazo de espada, cayendo inerte con el arma querida.Cuando estos desgraciados vieron desplomarse a su defensor, de inmediato produjeron huida general en sus filas y desbandada a través de los campos…”.

Mientras Augusto hacía frente a los Cántabros ordenó que una parte de su ejercito acudiera al oeste peninsular con el fin de unirse a las tropas de Plubio Carisio. Carisio era gobernador de Lusitania y fue el encargado de proteger las minas auríferas del noroeste peninsular. En cumplimiento de las ordenes recibidas recorrió las tierras del Sil y estableció una guarnición a la que llamaría Asturica y que sería la principal responsable de hacer frente a las tribus rebeldes de los Astures y tomar de una vez por todas el territorio.

Las guerras astur-cántabras, campañas del 29 - 25 a.C

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En el año 25 a.C los Astures realizan uno de los pocos consejos tribales que se conocen en esta época, todos o al menos la gran mayoría de los clanes, se reunieron para valorar la situación en la que se encontraban. Roma llamaba a sus puertas y no lo hacía de manera amistosa, los Cántabros habían sido arrasados y lo mismo había sucedido con los Lusitanos o con sus hermanos del sur, pactar con Roma no servía de nada ya que exigían sometimiento y el orgullo y tradiciones de los Astures no concebían tal cosa, estaban en su tierra y no eran ellos lo que osaban ir por ahí invadiendo pueblos. No sabremos nunca lo que en esa reunión se habló pero si podemos intuir la decisión más importante que se tomó, establecer una alianza de tribus astures para poder hacer frente al Imperio y trazar un plan de acción que impidiera que Roma cruzara la cordillera.

Con la retirada de las primeras nieves cientos de astures descendieron de los montes decididos a atacar al unisono las tres columnas de campamentos de invierno de los romanos, a sabiendas de que Roma solía usar los meses fríos para que sus legiones descansaran y que durante este tiempo no solían presentar batalla, entre otros motivos por que los pasos de montaña aún estaban cerrados para un ejército tan numeroso y pesado. La campaña astur hubiera sido un éxito si no llega a ser porque los Astures fueron traicionados por una de sus propias tribus, los Brigaecini que habitaban en Brigaecium (actual Benavente), estos avisaron a Carisio de los planes que se estaban llevando a cabo; el general rápidamente partió de su residencia en Ocelo Durii (Zamora) hacia Brigaecium.

Fue un verdadero golpe de suerte para Roma porque los norteños estaban ganando la partida, el ataque no permitió que los campamentos se organizasen y los Astures por primera vez parecían superiores a los sorprendidos romanos. Pese a lo favorable la situación fue muy diferente en el caso de los Astures que estaban apostados en Brigaecium, Carisio los sorprendió atacándoles por el flanco y la retaguardia y les obligó a emprender la retirada causando duras bajas en las filas astures. Los que lograron sobrevivir pudieron llegar a Lancia donde encontraron refugio, según los historiadores antiguos una de las ciudades más poderosas e importantes entre los astures, famosos por crear grandes lanzas que dan honor a su nombre y por poseer una gran muralla. Lancia actualmente se localiza cerca de Villasabariego, en León, se trata de un importante complejo arqueológico que aún se encuentra en excavación y que ha aportado un número importante de piezas astures y romanas además de una estela funeraria que dice:

        estela romana de lancia

“A los Dioses Manes Flavio Festo procuró que se erigiera

A su piadosisimo y deseadisimo Flavio Sabino, ciudadano de

La ciudad de Lancia, que vivió aquí 32 años, 1mes y 14 días”

Si los Astures creyeron estar a salvo de Carisio se equivocaron, Roma no iba a permitir que su osadía pasara de largo y mucho menos cuando ahora eran los Astures los que huían,  los persiguió hasta Lancia y atacó la ciudad justificándo la ofensiva con el ataque que los campamentos romanos de invierno habían sufrido a manos de los astures. En realidad este era el pretexto perfecto para seguir tomando ciudades y acercándose cada vez más a la costa asturiana, aún no habían logrado penetrar en la cordillera astur pero, si conseguía tomar esta nueva urbe se le abría una de las mejores vías a través de los puertos de montaña o al menos la más directa.

Lancia hizo frente a Roma sin éxito, aunque los texto antiguos destacan que el general permitió que la ciudad conservara su grandiosidad es difícil pensar que no fuera pasto de las llamas. Tras unas victorias a base de sitiados la conquista de Lancia suponía un incremento de la moral de los soldados que por fin conseguían una ciudad con productos y ciudadanos de los que abastecerse, por ello es más fácil creer que los soldados arrasaron, saquearon y tomaron la ciudad. Esta victoria traía consigo algo poco habitual entre los castros astures, un buen botín y a Carisio ésto le llegaba en el momento justo ya que sus planes de futuro nada tenían que ver con quedarse en las tierras del norte.

Sobre las batallas de Brigaecium y de Lancia hay bastantes referencias en los textos antiguos, en todos ellos se aprecia la tendencia de engrandecer al Imperio pero nos permite hacernos una idea del transcurso de la contienda.

“…Durante esta misma época, los astures, formando una enorme columna, habían descendido de sus nevadas montañas; su ataque no se lanzaría a la ligera, al menos para los bárbaros, sino que después de haberse establecido su campamento en el río Astura (Esla) y dividió sus fuerzas en tres grupos distintos, se disponían a atacar a un mismo tiempo los tres campamentos romanos.

La lucha contra enemigos tan valerosos, cuya llegada había sido rápida y bien concertada, se habría desarrollado de forma dudosa y sangrienta en el caso de que los Brigaecinos no les hubieran traicionado y enviado a Carisio un aviso; supuso para nosotros una victoria el haber cumplido sus proyectos, sin poder evitar, por tanto, una lucha sangrienta.

El resto del ejército en retirada, fue acogido en la ciudad de Lancia, muy fortificada, donde la disposición de este lugar hizo la lucha tan encarnizada que después de la toma de la ciudad, los soldados reclamaban antorchas para incendiarla y su general a duras penas pudo salvarla, asegurándose que la ciudad recibiría mejor la victoria romana si estaba intacta que si era incendiada.”

Dión Cassio, cónsul en el s.III d.C (año 229) escribe:

“… A causa de estos esfuerzos y preocupaciones Augusto se sintió enfermo y se retiró a Tarraco, con el objeto de recuperarse. Cayo Antistio continuó la lucha contra ellos y los reprimió por completo, no porque fuera mejor general que Augusto sino porque, al ser menos temido por los bárbaros, los norteños salieron al mismo tiempo al encuentro de los romanos y fueron derrotados.

De esta forma pudo tomar algunos de sus lugares y posteriormente Tito (sic) Carisio conquistó Lancia, la mayor aldea de los Astures, que había sido abandonada y sometió muchas otras”

Orosio deja escrito:

“…Por su parte los Astures, levantando su campamento junto al río Astura, habrían abatido a los romanos si no hubieran sido traicionados y descubiertos, dispuestos a lanzarse de improvisto contra tres legados que estaban establecidos con sus respectivas legiones en tres campamentos distintos… fueron descubiertos por la traición de los suyos.

Con posterioridad, cogidos de improvisto, serían derrotados por Carisio, aunque con pérdidas no pequeñas para los romanos, una parte de ellos, que logró escapar de la matanza se refugió en Lancia. Rodeada la ciudad y dispuestos los soldados a entregarla a las llamas, el general Carisio solicitó a los suyos que desistieran del incendio y obligó a los bárbaros a entregarse por propia voluntad…”

Con Lacia tomada  se consideró conquistado el territorio de los Astures Cismontanos (renombrados como augustanos) y creyeron los romanos que se podrían tomar un descanso. Carisio decidió partir hacia el sur con la intención de emplear su parte del botín en fundar una nueva capital, la llamaría Emérita Augusta y sería  su lugar de retiro, pero nada más emprender su viaje tuvo que regresar pues le llegó mensaje urgente de que miles de hombres y mujeres estaba descendiendo nuevamente de las montañas y habían atacado tres campamentos romanos en el río Ástura (Esla), las guerras astur- cántabras aún no habían finalizado. El general se irritó mucho, los astures no solo le estaban retando si no que además acababan de hacer pedazos todos los planes que tenía en la fundación de la nueva ciudad de Emérita.

Continuara………

ver Las guerras astur-cántabras Parte II

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