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La minería con Roma

La minería durante la romanización de Asturias

La minería fue una de las principales actividades realizadas por el Imperio Romano en el noroeste ibérico. La presencia de oro y de otros minerales supuso un aliciente para que Roma decidiera establecerse en tierras astures, leonesas y galaicas.

En tierra astur la minería tuvo sus orígenes en el neolítico y hasta la llegada de Roma se caracterizó por tratarse de pequeñas explotaciones destinadas a abastecer a orfebres y herreros. Con la llegada de Roma estas formas de explotación se consideraron poco productivas debido a un reducido número de mineros  y porque sus herramientas y técnicas eran algo arcaicas. El Imperio impuso una minería mucho más abrasiva con el entorno y mucho más productiva, sin embargo esta productividad no enriqueció a los indígenas, al contrario, la mayor parte del mineral extraído era inmediatamente enviado a Roma. Las minas y el terreno adscrito a ellas tenían titularidad pública, en ningún momento se privatizaron y todo lo que se extraía pertenecía al Estado romano. Muchos de los indígenas fueron convertidos en esclavos y condenados a ejercer trabajos forzosos, otros seguían siendo trabajadores libres pero con la diferencia de que ahora eran asalariados, los trabajadores de la mina no podían disponer del mineral, a cambio de su trabajo recibían una remuneración económica que era fijada por los procuratores.

Según Plinio, procurador de las provincias de la Tarraconense, en tiempos de Vespasiano (69 – 79 d.C) se producían 22,000 libras de oro al año. Tan solo en el occidente se removieron más de 50 millones de metros cúbicos de tierra, Asturias en su conjunto proporcionó al imperio entre 50.000 y 100.000 kg de oro. La etapa de mayor explotación minera por parte de Roma tiene lugar entre el último tercio del s.I d.C y finales del s.IV d.C.

El historiador Floro narra:

“… favorecía la decisión de crear Asturica Augusta, la naturaleza de la región circundante, rico en oro, malaquita, minio y abundante en otros productos. En consecuencia ordenó Augusto que se explotase el suelo. Así los astures, se esforzaron en excavar la tierra para el provecho de otros, empezaron así a conocer sus recursos y riquezas…”

Si bien, el oro era el metal más codiciado, no era el único punto de interés para los romanos, aparecen también explotaciones de cobre, hierro, estaño, plata, plomo o cinabrio (mercurio). Muchas de estas minas fueron completamente agotadas de tal manera que hoy, en algunas de ellas, se sigue dudando sobre que material se obtendría. Otras si se encuentran definidas, en las minas del Texeu (Riosa), Yernes, Tameza o Tolivia se extraía cobre; en Tineo, Allande, Cangas de Narcea, Boal o Degaña se conseguía hierro; en Ibias, Oscos, Illiano y la ribera izquierda del río Navia tienen presencia de plata; Mieres, Aller y la zona central en general poseen presencia de cinabrio; en las minas de Salas se extraía oro, plata, cobre, hierro, plomo y estaño. La zona más explotada por su riqueza en oro fue el occidente astur, en las cuencas Eo – Navia  – Narcea.

minería romana en tierra astur

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Tipos de minería realizados por el Imperio Romano.

Entre las formas de extracción practicadas durante la romanización en el noroeste peninsular destacan el bateo, las trincheras a cielo abierto y la ruina montium. Los trabajos mineros eran estacionales, durante el invierno las minas de montaña se paralizaban debido a la dureza del clima, con la llegada de los meses más cálidos, a partir de la primavera la actividad se reanudaba.

La técnica del bateo era una forma de minería que ya se usaba en tiempos prerromanos, con la llegada de Roma se sigue realizando, Plinio nombra a esta forma de extracción aurum fluminum ramentis, (oro depositado en el remanso del río) y los romanos la usaban como manera de prospección sistemática. La calidad de la zona podía comprobarse en función del oro encontrado en una batea concreta. Los encargados de las bateas eran llamados aureanos y aureanas, estas personas eran las que realizaban los diferentes muestreos en las orillas de los ríos, para ello recogían tierra del lecho del río en una especie de palangana y con pequeños movimientos circulares conseguían separar el oro del resto de sedimentos, la cantidad de pepitas o lascas depositadas en la batea permitía hacerse una idea del oro que podía obtenerse en ese terreno.  Entre los lugares que experimentaron el bateo destacan las cuencas del río Eo, del río Navia y del río Navelgas, en esta última localidad se encuentra actualmente el museo de la minería del oro.

Otra forma de extracción eran las trincheras a cielo abierto o aurum talutium donde el oro solía encontrarse en superficie, en estado libre o unido a sulfuros, las labores de extracción se realizaban picando la roca y creando pasillos a cielo abierto para después lavar la tierra excavada. Esta forma de extracción solía usarse para hacer unas prospecciones mayores tras la batea, era un segundo paso para confirmar la presencia de oro, indicaba lo que podría encontrarse bajo tierra de cara a realizar una gran explotación. Este tipo de minería se ha encontrado en Ablaneda, Santiago de Cerredo, Lavadoira o Iboyo entre otros.

El aurum aurrigae se ha identificado con la explotación mediante aluviones a cielo abierto y el aurum canalicium con el oro obtenido mediante galerías y pozos subterráneos. Ambas formas están relacionadas con la ruina montium, esta era la forma de extracción más productiva y la que requería un número mayor de trabajadores. Para extraer el mineral a través de la ruina montium era necesario una preparación previa del terreno.

Primero se hacían prospecciones con bateas y trincheras para localizar las zonas ricas en oro.

En segundo lugar se desforestaba la zona y se creaban grandes canales (antiguas) que conducían el agua desde el río, fuente o manantial más cercano hasta la parte alta de la zona a explotar y hasta las zonas de lavado, este agua era acumulada en embalses.

El tercer paso era preparar las galerías subterráneas que podían ser galerias cuniculi si eran pequeñas galerías que servían para localizar las vetas más rentables, y  las galerías apuntaladas, mucho más largas que las anteriores destinadas a conducir el mineral al exterior. En el interior de la mina también se creaban pozos, estos estaban destinados a la ventilación, a la extracción vertical del mineral cuando se encontraba en estado puro y a crear pasillos para poder desplazarse de una galería a otra.

El último tramo de la mina correspondía a los canales y zonas de lavado y la zona de desecho. Los canales de lavado eran conductos realizados con madera en cuyo suelo se colocaban mallas vegetales destinadas a atrapar el mineral, el oro al pesar más quedaba en el fondo atrapado y el resto de sedimentos era arrastrado por el agua hasta las zonas de desecho, lugar donde se vertía el resto de piedras, tierra etc.

Una vez preparado todo este sistema la técnica consistía en abrir las compuertas de los embalses de agua situados en la parte alta de la montaña, el agua inundaba las diferentes galerías subterráneas y por presión hacía saltar el mineral resquebrajando la roca (abatido y arrase), el agua arrastraba todos los sedimentos hasta los canales de criba y lavado, el mineral, al ser más pesado, quedaba depositado en el fondo del canal y el resto de sedimentos eran arrastrados hacia las zonas de desecho. La presión ejercida por el agua hacía que la montaña se desmoronara literalmente, las galerías se iban hundiendo y la montaña caía por su propio peso.

Video: Publicado en el canal de Youtube de Turisbierzo. Ruina Montium de las Médulas

Son bastantes las zonas que experimentaron este tipo de minería y aún hoy pueden apreciarse su efecto, algunos de los lugares más relevantes fueron la cuenca del Narcea, Navia, Eo, Las Médulas del Bierzo, las grandes explotaciones de la Sierra de l’ouro (entre Naraval y Navelgas) donde destaca el canal y deposito de agua de la Presa del Moro.

En cualquiera de los métodos de extracción el agua jugaba un papel esencial, sin ella el oro no podía extraerse, trasportarse o lavarse. Los Romanos trazaron un buen número de canales o acueductos destinados en exclusiva a abastecer las labores mineras y a los castros asociados a las minas. Esta red de canales era de titularidad pública, es el caso del Puerto del Palo (Allande), La Escrita, Bustiago… Los canales se conocían como “antiguas” y recorrían bastantes kilómetros, un ejemplo es el canal que comunica el Puerto de Palos con Lavadoira, con más de 20km. También destacan la red de canales de Teleno (León) que alcanza los 2000 metros de altitud y aprovechaba el deshielo de primavera para el almacenamiento del agua.

El sistema hidráulico era la res fiscales e incluía a las fuentes de las que se obtenía el agua (ríos, manantiales etc), los canales y al territorio por el que pasaba la canalización. Para que la red hidráulica funcionara sin contratiempos los romanos debían de tener, por fuerza, un buen control del territorio a fin de evitar que se robara el agua o se sabotearan los canales. Uno de los mayores problemas que presentaban estas canalizaciones era su mantenimiento, ya que solían deteriorarse a consecuencia de los cantos rodados o de las acumulaciones limosas, para su limpieza y rehabilitación se contaba con mano de obra procedente de las civitas por las que pasaban las canalizaciones, como el agua era considerado un bien público, las diferentes comunidades castreñas tuvieron que colaborar de forma forzosa en el mantenimiento de las redes hidráulicas.

La zona minera por excelencia del NO Peninsular reside en Las Médulas (El Bierzo), los trabajos de extracción según las últimas investigaciones se realizaron durante los s.I – II d.C. Las obras de construcción previas a la explotación de Las Médulas supuso la planificación a gran escala de prospecciones, del trazado de una enorme red de canales, algunos con decenas de kilómetros, y de los materiales y mano de obra necesarios para su explotación. La necesidad de madera fue primordial, ello ocasionó grandes deforestaciones en el entorno y aún hoy pueden apreciarse, para abastecerse de herramientas contaban con otras zonas mineras y metalúrgicas cercanas. Durante este tiempo los arqueólogos consideran que en las Médulas se removieron 500 millones de metros cúbicos de tierra de donde se obtuvieron una media de 3 gramos por tonelada de tierra.

Mano de obra y herramientas usadas en la minería romana.

La mano de obra la componía varios grupos sociales, y a excepción de los mandatarios pertenecientes a las clases altas, las condiciones del resto eran bastante precarias. En el caso concreto de las Médulas Plinio dejó escrito que había 60.000 obreros de los que dice: “es menos temerario buscar perlas y púrpura en el fondo del mar que sacar oro de estas tierras”.

En el nivel más bajo y por lo tanto los destinados a las peores tareas eran los esclavos condenados a trabajos forzados (damnati ad metalla, damnati in opus metalli). Estos se encargaban de las tareas más duras y eran los más perjudicados, al estar bajo tierra se iluminaban con antorchas y lámparas de aceite, la escasez de luz, el exceso de humedad, el polvo en suspensión y la falta de oxigeno solía producir múltiples problemas de salud como ceguera, problemas respiratorios, llagas, úlceras y otras lesiones. Por si fuera poco una vez que se alcazaba una determinada profundidad era muy difícil salir de la montaña, muchos perecían en el interior y sus cuerpos eran abandonados lo que a su vez creaba un ambiente de putrefacción y aumentaban las infecciones y los problemas de salud. Si se lograba sobrevivir y alcanzar la vejez eran destinados a las zonas de lavado.

En un nivel medio estaban los hombres libres asalariados, en esta clase podían encontrarse a  mercenarios (mercenarii), a los indígenas que buscaban una especie de promoción social dentro del Imperio y a los ciudadanos romanos de las clases más bajas. En algunas zonas mineras se han podido recuperar estelas funerarias de personajes que probablemente pertenecieran a esta clase, es el caso de la estela de Ablaneda donde se puede leer “A Favo Cabarco, hijo de Auledo, del castro de Beriso, de 15 años, aquí está enterrado”, y la estela de Villaverde “A Bodocena, hija de Aravo, que falleció a la edad de 12 años, del castellum augubrigensi”.

El nivel más alto lo formaban los soldados y administradores romanos dedicados al control y la gestión de la mina, constituían la mano de obra especializada, ejercían como vigilantes, capataces, ingenieros y administradores. Algunos de estos cargos de poder eran el Praefectus Asturiae encargado del fisco, es decir de la caja imperial que recopilaba la recaudación de impuestos, y los procuratores, encargados de la gestión de los recursos que interesaban al Imperio, entre estos procuratores nos encontramos al Procuratore Augusti in Asturiae, encargado de los recursos producidos en tierra astur, los Procuratores Metallorum, encargados de los distritos mineros y los Procurator auriarum, el cual se encargaba específicamente de la minería del oro. Uno de estos personajes fue el Procurator Asturiae et Gallaeciae Lucio Arruntio Maximo.

Las herramientas usadas por los mineros eran muy variadas. Para iluminarse utilizaban lucernas (lámparas de aceites), estas estaban preparadas para que duraran toda la jornada de trabajo (unas 8 – 9 horas). Para abrirse camino entre la montaña empleaban picos, martillos o mazas, piquetas, punterolas, tenazas, cuñas de hierro o madera, tornos de extracción etc. Plinio deja escrito: “Atacan la mina con cuñas de hierro y con esos mismos martillos…”.  Este mismo escritor nos cuenta que en las minas de Hispania solía usarse una herramienta llamada fractaria machina, consistía en un soporte que sujetaba un martillo de 49 kg controlado por dos operarios, este martillo funcionaba de forma similar a una ariete y servía para resquebrajar la pared rocosa. Otra técnica descrita por Plinio era romper la roca mediante fuego y vinagre: “En una y otra clase de minas surgen masas de pedernal que se rompen con fuego y vinagre”. Otros útiles utilizados servían de medios de protección, es el caso de los cascos, espalderas y rodilleras hechas con esparto.

Herramientas para la minería, hachas

Hachas mineras. Museo arqueológico de Asturias

La población en torno a las minas romanas en el noroeste peninsular.

La población que moraba alrededor de las zonas mineras se dislocó debido a la presión ejercida por el Imperio Romano. Se crearon relaciones sociales de dependencia articuladas en torno a Roma como gestora de los recursos del territorio. Los principales castros asociados a la minería se mantienen como centros urbanos desde los que se realizaban las diferentes tareas administrativas, jurídicas y fiscales; también aparecen nuevos asentamientos familiares que desempeñaban labores agrícolas, ganaderas y artesanales con una organización romana siempre destinada a abastecer a las minas y a facilitar la salida del mineral a través de las vías de comunicación. El Imperio romano delimita claramente el territorio correspondiente a cada núcleo de población a través de las civitas y los castros sometidos se convierten en comunidades rurales que debían de pagar el Tributum, es decir una serie de impuestos de carácter obligatorio.

Estos núcleos de población poco a poco van agrupando y estructurando en civitates peregrinas sin el derecho a la ciudadanía romana pero con una organización jerárquica al modo romano, surge así una nueva sociedad que se dividía entre los esclavos condenados a trabajos forzados, los hombres libres sin derecho a la ciudadanía (astures indígenas) que se encargaban de las labores agrícolas, ganaderas, artesanales y mineras, una aristocracia astur – romana que ejercían de intermediarios ante los romanos, y por último en las clases más altas los legionarios y administrativos romanos que se encargaban del control y administración de las minas, de todos los recursos de la zona y del cobro de tributos.

El cese de la producción minera en Asturias tiene lugar a partir del s.III d.C, tras 300 años de explotaciones las minas comienzan a debilitarse y necesitan ser remodeladas. Por estas fechas el Imperio Romano no estaba en su mejor momento y el emperador Vespasiano decidió que el coste de la explotación minera en Asturias no compensaba el beneficio recibido, se decreta así la no viabilidad de la minería astur y poco a poco las actividades mineras cesan. Como consecuencia también se abandonan muchos castros vinculados con las minas, sobre todo en el occidente Astur, como Coaña, Pelou, San Chuis o Chao San Martín. La población se desplaza y comienzan así a proliferar nuevos asentamientos rurales vinculados con las villae romanas en torno a las principales vías de comunicación.

El oro astur constituyó un tópico en la literatura antigua, alrededor de ello se crearon numerosos poemas y referencias, a partir del año 289 d. C deja de hablarse del oro astur para referirse al oro galaico, este cambió es consecuencia de la nueva administración del territorio y de la creación de la provincia de Callaecia (Galicia, Asturias, León, Zamora y norte del Portugal). En los escritos antiguos siempre se refieren al oro del noroeste peninsular con cierta exageración, idealizando la grandeza de Roma en relación con las actividades mineras que aquí se desarrollaron.

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