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Rutas y turismo por Asturias. Visitar lugares con restos arqueológicos de la historia antigua del Principado de Asturias.

La ciudad romana de Gigia

Gigia y los orígenes de la ciudad de Gijón

Gijón se sitúa en la zona central de la costa Asturiana. Es una de las ciudades más grandes del Principado de Asturias y remonta sus orígenes hasta la época romana, entre el s.I – II d.C.

Antecedentes a la fundación de Gigia

Durante la edad de hierro el concejo de Gijón estaba poblado por los Cilúrnigos, una gens astur cuyo nombre significaba caldereros. La población vivía en pequeños centros urbanos denominados castros. El más importante era el castro de Noega, situado en el cabo Torres, pero también se han documentado otros asentamientos menores, encargados de las actividades ganaderas y agrícolas, como Tremañes o Serín.

En el s. I a.C llegó el Imperio Romano al noroeste ibérico y tuvieron lugar las guerras astur – cántabras (29 a.C – 19 d.C). El castro de Noega situado en el cabo torres y su vecino oriental, el Cerro Santa Catalina, eran dos importantes puntos estratégicos que el Imperio necesitaba conquistar para dominar la rasa costera y crear un puerto central que permitiera la salida por mar.

En estos primeros años del s.I d.C el Imperio romano consigue conquistar el castro de Noega y la Legio X Gemina se establece como tropa de ocupación. El castro se fue romanizando y se convirtió en un centro de referencia en la zona. En el año 9 – 10 d.C se crea el ara dedicada a Augusto por un legado propetor. Esto parece demostrar que el sistema administrativo romano estaba instaurado.

Dioses romano, culto al emperador

Inscripción a Augusto Cesar. Castro de Noega

También data del s. I la inscripción de la diosa Fortuna Balnearis (Diosa protectora de las aguas salubres), localizada cerca de la Iglesia de San Juan de Tremañes, dedicada por Tito Pompeyo Peregriniano, legionario romano asentado en Gijón tras haber recibido tierras de explotación (villae) como recompensa por sus servicios al ejército de Roma.

La influencia romana se fue extendiendo por el territorio. Algunos de los centros agropecuarios explotados por Roma en los alrededores del castro de Noega fueron Deva, Jove, Serín, Murias de Beloño, Natahoyo, Baldornón y Veranes. A ellos se les suman otros posibles como Logrezana, Montiana, Foyanes, Rubín y Veriña.

Sin embargo, a finales de este primer siglo, Noega comenzó a perder importancia, la nueva sociedad astur romana comenzó a aglutinarse en el cabo vecino, el Cerro Santa Catalina.

Fundación de la ciudad de Gigia

Durante el s.I – II d.C la población que se asentó en la ladera del cerro Santa Catalina comenzó a crecer dando lugar a la ciudad de Gigia, una urbe romana que comenzó a actuar de centro administrativo y comercial en la costa astur. Aquí concluía la vía de la plata y con ello se conseguía conectar la red de caminos principales que conectaba la Península Ibérica de norte a sur y de este a oeste.

Pese a la aparente importancia que debió de tener la urbe de Gigia es muy poco lo que se conoce de ella. Los restos arqueológicos son escasos pues yacen bajo el casco antiguo de la ciudad, el barrio de Cimadevilla. Tan solo cuando se acomete una obra importante aparece algún resto, los hallazgos se reducen a trozos dispersos de la muralla, una parte de las termas, una fábrica de salazones, una fuente y un aljibe.

Gigia, mapa de la ciudad

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La fontica y el aljibe romano

El agua es uno de los requisitos indispensables que necesita una ciudad para poder mantenerse y crecer. Los romanos sabían como distribuir el agua mediante canalizaciones y como almacenarla en grandes piscinas, aljibes, pozos etc. Pese a la gran infraestructura que requiere esta tarea, por el momento solo se han podido documentar una fuente y un aljibe.

La fontica es una fuente natural situada en el lado Este del Cerro Santa Catalina, se llega a ella fácilmente subiendo por  la calle Camín de la Fontica desde la Iglesia de San Pedro. Disponer de una fuente natural de agua dulce dentro del propio asentamiento supuso una clara ventaja a la hora de crear la ciudad.

La fontica. Civita de Gigia. Gijón. Historia de Asturias

La fontica. Cerro Santa Catalina. Gijón.

 

 

 

 

 

Para almacenar el agua contaban con depósitos, por el momento solo se han podido encontrar dos de ellos. Se trata de dos aljibes, uno estaba destinado a abastecer a la fábrica de salazones ya que se encontró en sus instalaciones. El otro se localizó recientemente dentro del edificio de la antigua tabacalera de Gijón durante la ejecución de unas obras. Este deposito de agua aún se encuentra en estudio, las ultimas publicaciones nos cuentan que fue construido durante el s.III – IV d.C, coincidiendo con la construcción de la muralla. Estuvo en uso hasta el s.V d.C momento en el que comienza a utilizarse como depósito de basura.

Las Termas romanas de Campo Valdés.

Las termas romanas de Campo Valdés están soterradas bajo la Iglesia de San Pedro y es un importante conjunto arqueológico que muestra la costumbre romana de disponer a la urbe de baños públicos. En realidad gran parte del complejo aún permanece oculto bajo la Iglesia de San Pedro y no puede ser excavado.

Las termas de Campo Valdés se edificaron en dos fases de ejecución. La primera fase tuvo lugar desde finales del s.I d.C hasta el primer tercio del s.II d.C y se corresponde con una serie de piscinas frías y cálidas distribuidas a lo largo de una pasillo. La segunda fase de construcción tuvo lugar a partir del primer tercio del s.II d.C, las termas se amplían con varias salas de sudoración y algunas estancias. Estas termas representa una de las primeras construcciones públicas de la ciudad de Gigia al estilo romano.

Los ciudadanos que visitaban este complejo accedían a ellas por un pasillo orientado de norte a sur. La primera parada la hacía en los vestuarios (apodyterium), una sala común donde se desvestían y se preparaban para el baño.

Termas de Gigia, Apodyterium o vestuario

Apodyterium o Vestuario

Una vez dispuestos podían realizar el recorrido empezando por la sauna de vapor (sudatio) o por las piscinas. Las piscinas se repartían en tres salas, eran el frigidarium  (agua fría), el tepidarium (agua templada) y el caldarium (agua caliente). Una vez terminados los baños se regresaba al vestuario para cambiarse.

En el s.II las termas se reforman y el recorrido cambia, se añade una nueva zona en el ala este con nuevas estancias cuyas paredes se decoraron con pinturas al fresco.

Una aspecto importante de estas termas son el complejo sistema de calefacción que usaban, se denomina hypocaustum. La calefacción en época romana consistía en una red de tuberías de cerámica por las que circulaba el aire caliente. Esta red de canales partían de un horno y se repartían por el suelo y por las paredes de las diferencies estancias. De este modo conseguían mantener cualquier tipo de edificio caliente.

Estos baños tuvieron un uso activo hasta el s.V. Con la caída del Imperio romano y la instauración del Reino Visigodo las termas entran en desuso hasta que son abandonadas y transformadas en una necrópolis medieval en el s.VI, de esta época se encontró un sepulcro.

Vistas generales de las termas de Gigia

La visita de las termas de Campo Valdés es una parada obligada si quieres conocer la historia de la ciudad Gijón. Posees toda la información en estos enlaces: horarios, entrada gratuita los domingos, entrada gratuita con Gijón card, otras tarifas.

La muralla

En el s.III, coincidiendo con la gran crisis que azotaba al Imperio, se produce la edificación de la muralla de la ciudad de Gigia, quizás en un intento de asegurarse las defensas ante las revueltas que se estaban produciendo entre la población de la zonas rurales. Estas revueltas no fueron nada bueno para la ciudad porque dependía de las villae y centros agropecuarios para poder abastecerse.

La muralla que protegía Gigia partía desde la Fontica por el Este del cabo, bajaba hasta las termas de Campo Valdés, atravesaba toda Cimadevilla dirección oeste hasta el actual palacio de Revillagigedo y torcía dirección norte hasta la actual Cuesta del Cholo. El descubrimiento de la muralla fue de suma importancia para los arqueólogos porque, entre otros muchos datos, permitía acotar un perímetro y calcular el volumen de población que podría tener la urbe. El resultado indicó que la ciudad ocupaba una superficial de 7 hectáreas y su población podía oscilar entre 1500 y 2000 personas.

La creación de la fábrica de Salazones.

Durante el s.III – IV se crea la fabrica de salazones. Se encontró bajo el suelo de la plaza del Marqués y tras estudiarse volvió a ser soterrado, desgraciadamente no es visible.

fabrica de salazones de Gigia

Plaza del Marqués

Los arqueólogos excavaron un área de 350 m y pudieron documentar varias estancias y las cetariae donde se salaba el pescado.  Esta fábrica, en su época, estaba cerca del fondeadero que permitía la entrada y salida de los barcos que llevaban el pescado.

La sal para los salazones la obtenían mediante un secado artificial del agua del mar. El agua dulce se obtenía de varios pozos cercanos. La producción de esta fábrica era moderada, abastecía Gigia y quizás otros puntos del interior de la cordillera.

Entre los restos de cerámica encontrados se ha descubierto varias inscripciones del mismo alfarero, era el taller de LICINI (Lucinius). Este alfarero aparece en otros lugares como Noega (Campa Torres) o el castro del Cantu la Figar (Gozón). Se cree que era un alfarero encargado de abastecer a los asentamientos costeros astur romanos.

El final de la época romana

Entre el s.V – s.VII , con los Visigodos y los Bárbaros (Vandalos, Suevos y Alanos), Gigia entra en una época de cierta oscuridad. Se sabe que en el s.VI las termas pierden su función y la zona pasa a ser una necrópolis.

También se cree que la ciudad fue conquistada por los Visigodos. En tiempos del rey Sisebuto, en el s.VII, aparecen las primeras manifestaciones del culto cristiano en la villa de Veranes.

El cristianismo se expande por el territorio coincidiendo con las invasiones islámicas. En el s.VIII los sarracenos conquistan Gigia. Munuza se establece como gobernador de la ciudad y se casa con la hermana de un importante noble. Ella se llamaba Ermenesinda y su hermano era Pelayo, pero esta es otra historia.

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Cueva los Azules-Cangas de Onís

Cueva de Los Azules, Cangas de Onís.

La cueva de Los Azules está situada en la misma localidad de Cangas de Onís, en el barrio de Contranquil, muy cerca de la unión de los ríos Güeña y Sella, en una ladera boscosa de la cara sur del monte Llueves.

Es una cueva que posee un buen dominio visual de ambos ríos y una gran variedad de recursos, podían pescar en las inmediaciones de la cueva, disponían de una masa boscosa abundante para las labores de recolección, de zonas de pasto donde era más fácil localizar a las presas y de grandes floraciones rocosas para abastecerse de piedra. Esta cueva posee, hacia el oeste, dos cavidades vecinas que están pendiente de estudio y que aún están soterradas por los desprendimientos de arena, sin embargo, algunos investigadores creen que es muy posible que también estuvieran habitadas.

cueva

Los Azules – boca izquierda

cueva

Los azules, boca derecha

Esta cavidad es parte de una gran abrigo rocoso que posee dos bocas de entrada y lo primero que destaca es el color azul verdoso de las paredes que da nombre a la cueva. La boca derecha es de techo bajo y en el interior se bifurca en tres estrechas galerías, dos de ellas comunican con la otra entrada y la tercera se adentra en la montaña en dirección noreste. La boca izquierda es de mayor tamaño y cuenta con la mayor parte de los restos líticos y óseos encontrados, azagayas, raederas, punzones y arpones entre otros.

cueva

Arpón aziliense

La ocupación de Los Azules, que se conozca hasta el momento, se establece durante el magdaleniense, al final del paleolítico, y durante el Aziliense a principios del Mesolítico. Las dataciones, por el momento, no son fijas ya que las excavaciones se han centrado en el período aziliense aunque se sabe que hay un gran yacimiento magdaleniense que aún no ha podido estudiarse. Con los restos recuperados la fecha se establece en torno al 11.000 BP. Los habitantes de esta caverna eran un grupo de cazadores – recolectores que ejercieron una actividad importante en la zona por la cantidad de restos encontrados. Sus piezas de caza principales eran en primer lugar el ciervo y después el jabalí; la proximidad con el río Sella y Güeña les proporcionó una gran cantidad de salmones y truchas, así como de moluscos.

El aspecto más destacado de Los Azules es que, en su interior, muy cerca de la entrada, se encontró el enterramiento de un hombre que murió hace 10.000 años BP, tenía entre 37 – 47 años, medía 1,70m de estatura, no tenía caries, era alto y fuerte. Su sepultura muestra claramente signos de algún tipo de ritual funerario, estos son la posición del cuerpo, el uso de ocre rojo y el ajuar funerario. Cuando fue enterrado lo colocaron en un sepulcro excavado en el suelo que tenía el lecho teñido de rojo y negro, el cuerpo estaba tumbado sobre la espalda, con la cabeza enfocada hacia la entrada de la cueva, el cráneo fue teñido de rojo, el brazo izquierdo estaba pegado al cuerpo con el puño cerrado, el brazo derecho estaba doblado sobre la pelvis con la mano extendida, sobre las piernas colocaron dos grandes bloques de piedra y separaron el cuerpo de de una de las paredes de la sepultura con una hilera de piedras teñidas de ocre rojo, para terminar de proteger el cuerpo le untaron de ocre rojo y le depositaron el ajuar funerario, se componía de lascas de cuarcita, un núcleo de sílex, raspadores, otros denticulados, un trozo de asta de ciervo, cantos pintados de rojo, un cráneo de tejón y conchas variadas entre otros, cada elemento del ajuar se colocó en una zona del sepulcro concreta.

cueva

Enterramiento de los Azules.

cueva

Enterramiento de Los Azules, parte superior del cuerpo.

Se cree que los habitantes de los azules, al igual que pasaba en el periodo anterior con el Buxu, estaban en contacto directo con otras zonas costeras y de interior. Esta relación es cada vez más aceptada y se plantean posibles rutas de comunicación. En el caso de los Azules, la ruta hacia la costa podía seguir dos vías, una hacia Posada de Llanes y otra hacia Ribadesella.

La vía que comunicaba los Azules con las cuevas de Posada de Llanes seguía el curso fluvial del Güeña, se pasaba por el denominado valle del cerezo y, cuando se alcanzaba el río Cabras, se cambiaba de dirección hacia el norte hasta alcanzar la costa y los yacimientos de La Riera, Cuetu la Mina o TresCalabres.

La vía que comunicaba Los Azules con la costa de Ribadesella podía seguir dos rutas, una de montaña en la que se debían superar las sierras pre-litorales, a través de la actual Arriondas, hasta encontrarse nuevamente con el curso del Sella, y otra que consistía en seguir la corriente del Sella hasta su desembocadura, en ambos casos se llegaba a emplazamientos como La Lloseta, La Cuevona y Tito Bustillo.

Las comunicaciones con otras cuevas de interior, como los asentamientos y yacimientos del río Nora y Nalón, también podrían haber sido bastante frecuentes, la ruta a seguir sería siguiendo el curso de Sella hasta tomar la desviación a la altura de uno de su afluentes, el río Piloña, nuevamente se seguía el curso del río hasta encontrarse con el río Nora. Los meandros del Nora y los valles que lo rodean esconden los yacimientos de Les Mestes, Cueva Oscura de Ania o La Paloma entre otras; el Nora vierte sus aguas en el río Nalón, aquí encontramos una de las mayores concentraciones de asentamientos paleolíticos de Asturias.

cueva - comunicacion rios asturias

Ríos de Asturias

Todo ello no hace más que evidenciar la complejidad del final del Paleolítico, la definición de sociedades prehistóricas como grupos aislados está siendo sustituida por las evidencias de los posibles desplazamientos por gran parte del territorio asturiano y de un sistema social mucho más organizado ya que los diferentes clanes conocían la existencia de otras cuevas y de quién moraba en ellas, por lo tanto, no es rar creer que habría lazos de parentesco y ciertas normas sociales en cuanto a las relaciones entre cuevas.

La Cueva de los Azules aún se encuentra en estudio, pese a lo cerca que está de Cangas de Onís el acceso no está permitido a las visitas, la entrada de la cueva se encuentra cerrada por una valla doble y, por otro lado, el acceso a la boca cueva se hace por un bosque que está bastante tomado de matorrales, helechos etc. Es un pena que esta zona no cuente, a día de hoy, con ningún tipo de mantenimiento. En 2014 se cumplen 40 años del descubrimiento de los Azules, una de las últimas cuevas ocupadas en Asturias.

En el PDF del Museo Arqueológico de Asturias podéis encontrar fotos de las herramientas que encontraron en las diferentes cuevas de Asturias.

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