La caída del Imperio Romano

La crisis política, territorial y religiosa causa la caída del Imperio Romano

En el s.II, con el emperador Trajano, el Imperio Romano alcanzó su máxima expansión. Era un basto territorio que se extendía desde Mesopotamia hasta el Atlántico. Sin embargo Roma comenzó a sufrir serios problemas externos e internos que, en cierto modo, anticipaban la caída del Imperio Romano.

Sobre todo a partir del s.III se produjo un fuerte movimiento migratorio de los pueblos bárbaros del norte y del este de Europa. Se dirigían hacia los territorios de Roma y el emperador se vio obligado a desplazar el grueso del ejercito para defender las líneas fronterizas. 

Caída del Imperio Romano - Invasiones bárbaras

Máxima expansión del Imperio Romano e invasiones bárbaras

La crisis del s.III, antecedentes de la caída del Imperio Romano

El período que ocupa desde el año 235 hasta el año 285 se denomina la Crisis del s.III. Los enfrentamientos internos entre los generales por el poder conllevó una mala administración política y territorial. El continuo cambio de emperadores causó una fuerte crisis económica, se devaluó la moneda, aumentaron los precios y se perjudicó gravemente al comercio interior y exterior. La crisis económica hizo que la población libre tuviera que salir de las grandes ciudades a las zonas rurales en busca de comida y trabajo, muchos perdieron la ciudadanía quedando bajo el control de los grandes terratenientes y señores feudales.

En el año 235 el emperador Alejandro Severo fue asesinado por su propio ejército y comenzó una lucha de poder por el control del Imperio.A causa de las luchas internas se descuidaron las líneas fronterizas, los Godos, Vándalos y Germanos alcanzaron la frontera norte del Imperio y los Sasánidas la frontera este. Los romanos, en un intento por recuperar el control de las fronteras, les permitieron asentarse en el territorio como colonos si actuaban como aliados y vigilantes. Sin embargo la debilidad del gobierno de Roma y el aumento de poder de las tropas encargadas de los puestos fronterizos provocaron una anarquía militar donde los emperadores eran nombrados y depuestos según los intereses de las tropas que controlaban las fronteras.

En el año 260, el Imperio Romano comenzó a debilitarse. La consecuencia fue una división temporal del territorio en tres secciones, el Imperio Galo (Britania, Península Ibérica y Francia), el Imperio Romano de occidente (norte de África y resto de occidente) y el Imperio de Palmira (territorio Oriental).

Caida del Imperio romano, división s.III

División Imperio Romano año 260

A partir del año 268 se establecieron los emperadores ilirios y el Imperio experimentó una cierta mejoría. En el 274, con el emperador Aureliano, Roma volvió a unificarse, sin embargo muchas de las ciudades más importantes del Imperio ya se encontraban muy debilitadas a causa de la guerra.

Diocleciano el intento de recuperar el Imperio

En el año 285, Diocleciano decide dividir el Imperio en dos, creando el Imperio romano de occidente con capital en Roma y el de oriente con capital en Constantinopla. En cada uno de estos territorios gobernaría un emperador, Diocleciano era el emperador de occidente y Maximiano el de oriente. A su vez, cada emperador estaría apoyado por un vicemperador, encargado de controlar las fronteras, en occidente era Galerio y en oriente era Constancio.

Caida del Imperio, división de Diocleciano

Division de Diocleciano

La crisis del s.III conlleva también una nueva organización territorial en la Península Iberica. A finales de este siglo la provincia de la Tarraconensis pierde terreno y se crea la nueva provincia de la Carthaginensis. Asturias ahora queda incluida dentro de la provincia de Callaecia, sus minas se cierran y se produce una desmilitarización de la zona.

Caida del Imperio Romano, division provincial de Hispania s.III

Hispania s.III

El auge del cristianismo

Además, durante todo este tiempo, desde la segunda mitad del s.I hasta el s.IV, en Roma se fue expandiendo un nuevo sistema religioso, el Cristianismo. Esta nueva religión fue perseguida por el imperio. Pese a ello, la nueva fe cada vez tenía más adeptos y más representación entre el pueblo de Roma. La última gran persecución de cristianos fue llevada a cabo por Diocleciano, obligándoles a cumplir culto a la religión  oficial del Imperio (el politeísmo de los Dioses Olímpicos) y a realizar sacrificios en honor a los Dioses. El incumplimiento de estos mandatos conllevaba ser apresados o la pena de muerte.

Pese a los intentos por erradicar el cristianismo las persecuciones fracasaron y, por contra, la nueva fe se afianzó con fuerza entre la población. Tal fue que en el s.IV (año 313 d.C) el emperador del Imperio de Occidente, Constantino, declara la libertad de cultos y decide convertirse al cristianismo. Otra gran reforma de Constantino fue desplazar la capital del Imperio a Constantinopla, relegando a la ciudad de Roma a un segundo plano.

En el año 378 Teodosio el Grande se convierte en el máximo dirigente del Imperio Romano y toma dos importantes decisiones. Por un lado declara al Cristianismo como la  nueva religión del Imperio, de esta forma la iglesia cristiana fue asumiendo cada vez más poder y llegó a desempeñar importantes cargos administrativos. Por otro lado decide hacer un pacto con los Godos y les ofrece territorios dentro del Imperio a cambio de que sirvan en las legiones romanas.

En el s.IV la presión de los pueblos bárbaros iba en aumento, la corrupción de altos cargos se convierte en un importante lastre y la nueva religión comienza a acosar a los paganos que seguían creyendo en los dioses antiguos. En un intento de solucionar los profundos problemas, Teodosio, a su muerte en el año 395 d.C, decide dividir el Imperio entre sus dos hijos, el Imperio de occidente queda al cargo de Honorio y el de oriente en manos de Arcadio.

El s.V y la caída del Imperio Romano

En el año 402, el emperador Honorio desplazó la capital del Imperio de Occidente a Rávena. Honorio muere en el año 423 sin herederos y el general romano Flavio Claudio Constantino, encargado de ejercito de Britannia, es nombrado emperador del Imperio de Occidente con el nombre de Constantino III. 

El nuevo emperador decidió poner al frente de las tropas a su hijo Constante y al general Geroncio. Ambos se dirigieron hacia Hispania y derrotaron a los seguidores del antiguo emperador Honorio con las tropas de la Galia y las tropas auxiliares bárbaras (Honoriaci). Tras la victoria, Geroncio concedió a las tropas bárbaras el derecho a saquear los campos palatinos y el deber de proteger los pasos de los pirineos.

Este episodio provocó un enfrentamiento entre Constante y Geroncio, la consecuencia fue que Geroncio permitió que los pueblos bárbaros que asolaban Roma atravesaran los pirineos y entraran en Hispania. Así llegaron los Godos, Suevos, Vándalos y Alanos a Hispania. A los Alanos les concedió las provincias de Lusitania y la Carthaginensis, los Vándalos recibieron la Bética, los Suevos ocuparon la actual Callaecia y los Godos controlaban la Tarraconensis.

Caida del Imperio Romano en Hispania

Hispania en el s.V

Si las crisis internas no eran suficientes, en el año 434 aparecen los Hunos, una tribu del este gobernada por el temible Atila, conocido como “El azote de Dios”. Atila en su afán de conquista comenzó a expandir su reino hacia las fronteras del Imperio. Su fama provocó una nueva oleada de migraciones ya que los pueblos decidían huir antes de que los Hunos llegaran a sus territorios. Atila fue uno de los grandes enemigos de Roma, llego hasta el corazón del Imperio, estuvo apunto de tomar la ciudad de Roma y llevó a cabo un importante sitio en Constantinopla. En el año 453 Atila muere y con él se fue el poder de los Hunos.

A finales del s.V la caída del Imperio Romano es un hecho, la ciudad de Roma fue saqueada, el Imperio vio como sus murallas caían, sus dominios se reducían y como, la que un día fue la ciudad más importante del mundo, ardía en llamas. De lo que fue el Antiguo Imperio Romano sólo se mantuvo la parte oriental, Constantinopla.

Todos estos cambios políticos y territoriales hicieron que el territorio astur quedara relegado en un segundo plano. Los astures mantuvieron el modelo administrativo de Roma, cada vez eran menos los que vivían en las zonas montañosas, el grueso de la población se había trasladado a los valles, la religión y leyendas antiguas, tanto astures como romanas, se fueron olvidando y poco a poco la nueva religión cristiana se implantó entre las gentes.

Tras la caída del Imperio Romano Asturias entra en uno de los períodos más oscuros y desconocidos de su historia debido a la escasez de fuentes y de restos arqueológicos, desde el s.V al s.VIII pasaron por esta tierra primero los Suevos, luego los Visigodos y por último las invasiones musulmanas, a ellos les dedicaremos los próximos capítulos.

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